Calle 76 No. 455-II por 41 y 43. Mérida, Yucatán. Año V, núms. 25, 26 y 27.

Quienes conocen y lamentan la pobreza editorial de nuestras universidades -y no solamente de las de provincia- estarán contentos con la noticia de que el Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán está ya por cumplir su quinto año de vida. El Indice del Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de los números 1 a 23 (1973-1977) recopila (en el mes de agosto de 1977) los datos de más de 100 estudios y artículos de arqueología, antropología social e historia dirigidos a estudiosos de las diferentes disciplinas antropológicas, pero también a los interesados en la historia, la antropología, la arqueología y los problemas sociales contemporáneos de Yucatán.

Las entregas bimestrales (algunas veces hay números dobles) se presentan variados en todos los aspectos. El número de páginas desde veinte y tantas hasta casi cien, con un promedio de 54 páginas durante 1977; los autores: profesores y estudiantes de la misma Escuela, antropólogos de otras instituciones académicas del país como INAH, CISINAH, UNAM y especialistas extranjeros como Robert Patch y Thomas Sanders; su temática: reflexiones, críticas sobre el estatuto teórico-social de la antropología mexicana y yucateca, reportes de investigaciones etnohistóricas, arqueológicas y etnográficas, consideraciones sobre técnicas y métodos de investigación en las diferentes disciplinas mencionadas, trabajos sobre temas candentes como el proceso de colonización reciente o el problema de Belice; las regiones del país tratadas: ante todo, desde luego, la península de Yucatán, pero también otras partes de México como Chiapas, Michoacán y el valle de México.

Esta variedad en pocas páginas puede parecer, a primera vista, un tanto confusa, pero una mirada más atenta demuestra que en su conjunto, el Boletín refleja bastante bien la situación de la antropología yucateca y, más que nada, la situación de la Escuela de Ciencias Antropológicas de Mérida. La ponderación entre los artículos referentes a temas de arqueología y antropología social -y recientemente también de historia- indica sus principales intereses académicos. Por otra parte, los diferentes niveles de reflexión teórico y de elaboración formal de las colaboraciones son un reflejo de la situación crítica de la Escuela que se encuentra todavía en un proceso sinuoso y paulatino de consolidación. Sin embargo, la aparición ininterrumpida del Boletín durante cinco años, su presentación original y el conjunto de los trabajos publicados, dan una muestra de lo que -con muchos esfuerzos y constancia- es posible en una escuela universitaria de provincia que está lejos del “centro” y que dispone de pocos recursos en todos los órdenes.

Los primeros tres números correspondientes al quinto año del Boletín (aparecidos todavía en 1977) constituyen un buen botón de muestra en este sentido.

Dos artículos se ocupan del patrimonio arqueológico de Yucatán (“El estilo en la arquitectura maya como un posible auxiliar de las técnicas de fechamiento” y “Los estucos modelados de Palenque”, ambos en el No. 25), dos trabajos tratan de problemas históricos de la península (“El Yucatán de 1847 hasta 1851: breves apuntes sobre el trabajo y la subsistencia” y “El mercado urbano y la economía campesina en el siglo XVIII”, ambos en el No. 27), otro del valle de México (“Los sistemas de Chinampas y las formaciones de Estado en la cuenca de México”, No. 26). Dos estudios siguen el marcado interés del Boletín en el campo relativamente nuevo de la antropología urbana (“Tipos de migración urbana”, No. 25 y “Santo Domingo de los Reyes, una ciudad perdida”, No. 27). Además se ofrece una leyenda maya (“El origen de X-Juan Thul, dueño del ganado”, No. 26), un informe de práctica de campo titulado “Algunos datos etnográficos acerca de los lacandones” (No. 26) y, como primera contribución del recién creado Departamento de Historia de la Escuela, el artículo “Belice ante la historia” (No. 26).

Todos los números son presentados por un comentario editorial que indica los contenidos de las diversas colaboraciones y trata de encuadrarlos en forma sencilla en la problemática más amplia de la antropología y la coyuntura nacional. Aparte de fotografías, gráficas y mapas cuya cantidad varía con los temas tratados, todos los números presentan en sus últimas dos páginas “Imágenes de Arqueología” e “Imágenes de Antropología Social” (fotografías comentadas). Lástima que la impresión pocas veces permita apreciarlas debidamente. Pero aún así el aspecto gráfico del Boletín da muestra de “la labor incansable de su coordinador Alfredo Barrera Rubio”, como lo expresa el mencionado Indice (p. 4).

El Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán no es, de ninguna manera, una revista perfecta y puede mejorar en muchos aspectos de los cuales acaban de mencionarse algunos con cierta cautela. Con cautela, sí, porque también hay que tener cuidado para no sofocar un esfuerzo original y valioso, con criterios llamados científicos y supuestamente universales. Ante todo, será el desarrollo de la Escuela -la consolidación de sus carreras, el impulso sostenido y vigoroso a la investigación de los alumnos, la ampliación e integración más efectiva del proceso de comunicación con los demás antropólogos mexicanos- el que repercutirá en el desarrollo positivo del Boletín. En este sentido también es de desearse que el Boletín siga con éxito su labor de rescate que en uno de los editoriales recientes se ha expresado así: “Antes de la aparición del Boletín, gran cantidad de investigaciones que se realizaban en el sureste eran desconocidas, propiciándose el colonialismo intelectual, la manipulación y la fuga de datos que tanto el antropólogo nacional como el extranjero tienen la obligación de difundir e informar, ya que es un derecho y no una prebenda que se da a la sociedad” (No. 25).

Las perspectivas para esta tarea son buenas: la Escuela acaba de publicar los primeros dos volúmenes de su nueva serie Analté (Pictografías Mayas, con cuatro estudios sobre un grabado de hueso de la tumba 116 de Tikal, la pintura mural de la estructura 44 de Tancah, aspectos de la pintura de Xnucdec y distintos personajes del Códice de Dresden, así como una tesis doctoral presentada en Francia con el título La colonización ejidal dirigida y espontánea en el estado de Quintana Roo).

Como comentario final puede decirse que valdría la pena considerar no solamente las posibilidades de este Boletín para volverse un elemento de enlace entre estudiosos académicos, sino también para ser un mecanismo de comunicación con la población yucateca interesada (y por interesarse) en los problemas de su región.