mudanzas

Publicamos un cuento incluido en Mudanzas (Cal y arena, compilación de Delia Juárez G.), libro en el que once autores narran sus “mudanzas interiores, mentales, perversas, violentas, trágicas”.


Dicen que era médico. ¿Era o es? Yo creo que los médicos son como los curas, ¿no? Ni queriendo dejan de ser lo que son. ¿Qué tiene que ver el cura en esto? No, nada. Aunque me da no sé qué que la iglesia esté tan vacía. Él es tan joven, y solamente lo van a escuchar las mujeres de nuestra edad. De tu edad, querrás decir. Y tampoco todas. Vamos a seguir con las indirectas. Vos sabés bien que desde que el padrecito aquel hacía quedarse a la Rosy después del catecismo, yo juré no volver a pisar la iglesia. Qué rencorosa que sos. Sí, rencorosa, porque la Rosy no es tu hija. Claro, con la cara que tiene tu Miriam hasta entiendo que el cura no la haya invitado a quedarse. Con la Miriam no te metas, que tan buena chica me salió. No como otras que cada sábado vuelven a la madrugada en un auto distinto. ¿Qué estás insinuando? ¿Insinuando? Te lo estoy diciendo directito. Todo el barrio lo ve. “Todo el barrio” no se asoma a la madrugada a ver con quién llega mi hija. La gente de bien duerme sin preocuparse por los demás. Basta, dejemos de discutir y sigamos con el loco ése. Te digo que a mí me contaron que era médico. Ha de ser como yugoeslavo o algo así, ¿verdad? Demasiado rubio para ser de aquí. No sé; para mí es un poco difícil verle el color del pelo con lo mugriento que está. Pero te podés dar una idea. Eso sí. Y esa cara tan colorada. Que dios me perdone, pero esa nariz me recuerda a la de mi finado tío Jorge. Nariz de borracho. ¡Qué miedo me daba cuando era chica! Se me acercaba con ese aliento alcohólico y yo podía ver cada una de las venitas que le atravesaban la piel. ¡Qué asco! Y lo mal que le fue a la Clarita con él. Al final la dejó sola y pobre. Y encima con Jorgito a cuestas. Y el chico no va por mejor camino que su padre. Siempre está en la esquina con sus amigotes y con una cerveza en la mano. No trabaja, no estudia. No nada. Es que quiere ser futbolista. ¡Qué futbolista! Pero si ya debe tener el hígado hecho paté. ¿Otra vez con la familia? No. Si yo solamente decía. Como hablaste de tu tío Jorge… Mirá, vos decís mucho de Jorgito pero parece que a la Miriam no le resulta tan desagradable. Cada vez que están los muchachos se le ocurre que tiene que ir al almacén. ¡Qué casualidad! No seas mal pensada. Claro que tiene que ir seguido al almacén. ¿No ves que está cocinando para afuera? Cierto. No te he preguntado cómo le va. Y más o menos. Tortas de cumpleaños no se hacen todos los días, pero con las empanadas y alguna cosita más, va tirando. ¿Todavía les vende a los del cafecito ése tan lindo de Palermo? No. Ahí le dijeron que la iban a volver a llamar cuando mejoraran las cosas. Una lástima. ¿A vos te parece que algo va a mejorar en este país? Tan mal no estamos. Por lo menos no tenemos que dormir en la calle, como el médico yugoeslavo. Se tira en cualquier lado, se echa la manta encima y si te he visto no me acuerdo. Pobre. Pero se ve que problemas de sueño no tiene. Dicen que tenía una linda mujer y una casa con jardincito adelante, y que un buen día dejó todo. ¿Por dónde sería? Porque aquí en el barrio no fue. Aquí apareció de pronto ¿te acordás? Cómo no me voy a acordar, si me pegué un susto grande como una casa. Era cuando habíamos puesto el kioskito. ¡Qué mala suerte lo del kioskito, ahora que lo decís! Al final la jubilación de Alfredo se nos fue toda en eso. Treinta años trabajando en la Ford para que al final te manden a casa como si nada. Un kioskito siempre da, haceme caso, le decía Oscar. Y al final lo convenció. Si lo hubiéramos hecho sin ellos, por ahí todavía podríamos sacar unos pesos. Pero Oscar chupó del kiosko hasta que lo fundió. Un préstamo hoy, otro mañana. Dale hermano, te lo pago a fin de mes. Y ¿de dónde nos iba a pagar si a él también lo habían jubilado? Pero Alfredo es un pan de dios. Siempre ha sido así de bueno. ¿Bueno? Buena mandarina. Se preocupa por todos menos por nosotros: su mujer y sus hijos. Los chicos ya están grandes y a vos nunca te ha faltado nada. Sí, tenés razón. Aunque eso de que esté todo el día en el boliche de la esquina no me gusta demasiado. Para mí que anda deprimido. Viste que a los hombres les da la andropausia. Lo dijo Susana el otro día en su programa. También les cambia el ánimo y andan medio decaídos. Igual que una. Lo que no sé es si les dan los calores. Eso no lo dijeron. Preguntale a Alfredo. Sos loca. Me mata si le pregunto algo así. No me gusta mucho cómo la dejaron a Susana del último lifting. Perdió frescura. También hay que saber envejecer. Miralo a Darín. Pasó de ser un chico rico a ser un tipo interesante. ¡Qué pintón es y cómo me gustó en la última película! ¿La del Óscar? ¿Cuándo fuiste al cine? No, me la trajo Quique del centro. La compró afuera del shopping. ¿Y se ve bien? Bárbaro se ve. Me la tenés que prestar. El final es impresionante. Pará, no me vas a contar el final. Aparece Isabelita, un momentito nada más. Pero no es el final. Bueno, en parte sí es el final, pero no de la película. López Rega. La pesada. Qué época de miércoles ésa. Y de lo que vino después, qué me contás. Eso es lo que dicen del médico yugoeslavo. Que era médico en Campo de Mayo. Que era de los que decía si alguien podía seguir aguantando la picana. No creo. Tiene cara de buena persona. Caras vemos… ¿Se habrá vuelto loco por eso? ¿Y vos de dónde sacás que está loco? ¿No te parece que hay que estar loco para abandonar todo y vivir en la calle? ¿Se muda, doctor? Sí, a la vereda de enfrente. Por ahí pensó que mejor la calle que estar preso. O se arrepintió. Yo no les creo mucho a los “arrepentidos”. Después de mandar al muere a miles de chicos. Acordate del hijo de Mónica, la de la mercería. Sí, pobre Mónica. Todavía todos los jueves se toma el tren para ir a la Plaza con su pañuelito blanco. Me parte el alma. Ni siquiera puede ir al cementerio. ¿Nunca apareció el cuerpo? Nunca. Capaz que es de los que está en el fondo del río. Pensándolo bien, no creo que el yugoeslavo tuviera nada que ver con eso; porque yo me acuerdo que andaba por el barrio desde antes. ¿No te acordás que cuando éramos jovencitas ya estaba por acá? ¿Vos pensás que era el mismo? No sé. No estoy segura. Es difícil porque ese hombre debe ser más o menos de nuestra edad. ¿Otra vez con “nuestra edad”? ¿Y qué? ¿Te hacés la joven? Dos años son dos años. Cuando vos entraste al secundario, yo todavía usaba pollera corta. Vos usaste pollera corta muuuuuchos años más. ¿Qué querés decir? Nada. Preguntales a los del equipo de básquet cómo festejaban cuando ibas a ver alguno de los partidos. Hasta marido sacaste de ahí. Pero tenía lindas piernas, ¿no? ¿Qué problema hay en querer lucirlas? Lindas piernas, pero las várices nos salieron al mismo tiempo. Ni me digas. El doctor quiere que me ponga unas inyecciones, pero deben ser dolorosísimas. Además a esta altura, a quién le importa cómo tengo las piernas. Mucho básquet, mucho básquet y al final se me murió de un infarto. De pronto me da una bronca con Mauricio. No fumaba, tomaba sólo un vasito de vino con el asado del domingo, entrenaba todos los días un rato, para qué, digo yo. Mejor disfrutar. Era el estrés. Trabajaba mucho. Vos siempre lo decías. Y tantas horas en la calle manejando un colectivo no son buenas para la salud. Él quería trabajar en una oficina, pero no pudo terminar el comercial. No pudo porque te embarazaste. Y qué sabía yo. Era chica y estaba enamorada. Hacíamos la cuenta ésa de los días. ¡Qué tarada! Pero valió la pena por Marisa. ¡Qué linda era cuando nació! Con esa pelusita rubiona. ¿Rubiona? ¿Cómo anda? Hace mucho que no la veo por acá. Es que viviendo en capital ya es más difícil, y encima con los mellizos. Son divinos, yo los adoro, viste que soy una abuela babosa, pero te la regalo tener que ocuparse de ellos todo el tiempo. ¡Son la piel de Judas! Y encima el trabajo en la peluquería. ¡Ocho horas parada! ¿Y Tony? Ése sí ya vino planeadito. No queríamos que la nena estuviera sola y Mauricio se moría de ganas de tener el “machito”. ¿Machito? ¿Qué tenés que decir del Tony? Es un muchacho sensible. Eso es lo que pasa. A mí me parece que vos lo mimaste demasiado. Es que era tan chiquito cuando nació y tan enfermizo. Y encima después se queda sin padre. Pero fuiste muy sobreprotectora con él y mirá lo que pasó. ¿Qué pasó? Es gay. Eso es todo. Decilo con todas las letras. A mí no me da ninguna vergüenza. Al contrario. Estoy orgullosa de él. Fue de los que peleó por el matrimonio y mirá: lo consiguieron. ¿Y si están todos tan orgullosos por qué no viene más al barrio? ¿Para qué? ¿Para que lo maltraten? No gracias, querida. Son muy atrasados por aquí todavía. Podría venir aunque sea a ver a la madre y a la hermana menor, ¿no? Con la Rosy se encuentra siempre en el centro. Se llevan muy bien ellos dos. Con Marisa es más difícil. Ella es como más conservadora, ¿viste? Y eso que en la peluquería le tiene que lavar la cabeza a cada uno… Capaz que el médico yugoeslavo también es homosexual y por eso la mujer lo echó de la casa. ¿De dónde sacaste que lo echó? Alguien me contó que ella lo encontró con un tipo. Los hermanos se pusieron como locos y querían matarlo. ¿Los hermanos de ella? Sí, los cuñados. Esa historia se parece demasiado a la de la película que pasaron el otro día en el 13. Para mí que es cuento. La gente inventa cada cosa. ¿La que pasaron después de la novela? Cómo me gusta esa novela. Dirán lo que quieran, pero Migré es Migré. Él sí que sabía de los sentimientos de la gente. Ahora todo lo que se les ocurre son acostones, por eso tienen que volver a los guiones de él. Tampoco los actores ya son lo que eran. Esa chiquita que hace “Pobre diabla” no tiene nada que ver con Solita. Le falta algo. Qué se yo. Sí, le falta algo y le sobran como 5 kilos de silicón. Es que ahora si no te ponés botox y te hacés las lolas no conseguís trabajo en televisión. Dicen que a una le explotaron en el avión. Imaginate. ¡Las novelas las veíamos en blanco y negro! Cuando se los cuento a los mellizos me miran como si fuera de la época de los dinosaurios. Y… somos medio prehistóricas, la verdad. Yo a este tipo lo veo dar vueltas por acá desde antes que llegara la tele a color. ¿Antes del Mundial? Dicen que era cirujano y que se le quedó alguien pesado en el quirófano. ¿Se le murió? Sí, parece que el hijo de un empresario. Alguien que andaba en el mundo de la música. Un extranjero. Español o colombiano. Algo así. Una de esas muertes de las que nunca se sabe mucho. Como la de Carlitos. ¿Qué decís? Todos sabemos que Gardel se murió en el accidente de Medellín. Yo hablo del otro Carlitos. Del pibe. La madre siempre lo dice. Ah… Toda la familia andaba metida en cosas raras. Sí, pero ella tiene razón: lo del helicóptero nunca quedó claro. Uyyy, como tantas otras cosas en este país. A mí me habían dicho que era cardiólogo. Alumno de Favaloro. Otra historia turbia ésa. ¿El suicidio? Escribió una carta terrible antes de matarse. Decía que se había cansado de ser un mendigo en su propio país. Criticaba el sistema de salud. Y tenía razón. Ni vendas tienen ya en los hospitales. Es un desastre. Todo es para que tengas que ir a una clínica privada. ¿Y la gente que no puede pagar? Dice mi sobrina que a la guardia le llegan unos casos terribles. Chicos drogados. Pibas muy jovencitas golpeadas. Gente a la que habría que operar en buenos hospitales, o hacerle tratamientos con aparatos que ellos no tienen. Como está en el dispensario ése de Mataderos ve todo lo que no sale en las noticias. Es enfermera. ¿Te acordás de la Mabel, no? Como no me voy a acordar si por culpa de ella uno de los mellizos tiene una cicatriz en la frente. ¿Por culpa de ella? Si no se hubiera ocupado del nene, se les hubiera desangrado ahí mismo. Ni vos ni la Rosy sabían qué hacer. Menos mal que estaba. No seas malagradecida. Marisa casi me mata cuando vino a buscar a los chicos. No te los puedo dejar ni un rato. Gritaba como loca. A lo mejor hasta a Christian Barnard conoció. Mirá que los yugoeslavos viajan mucho. Por ahí participó en alguno de los transplantes que hizo Barnard. Pero entonces sería mucho más viejo. Y qué sé yo, con ese pelo y esa mugre no me doy cuenta de la edad. Dicen que siempre lleva un recorte de diario en uno de los bolsillos. Seguro tiene algo que ver con lo que le pasó. Para mí que le hicieron la lobotomía. Tiene la vista como perdida. Hasta me da un poco de miedo. ¿No decías que tenía cara de buena gente? Sí, pero eso es porque los ojos claros me dan como paz. Qué ridícula que sos. ¿No viste las películas de los nazis? Todos tenían ojos claros. A mí el que me encanta es el actor ése del soldado Ryan. Qué buena película. ¿Quién? ¿Tom Hanks? Ése. Me encanta. A mí me gustó más en la del náufrago. ¿Estás segura de que es el mismo? Sí, segurísima. No sabés cómo lloré en la escena en que se le va la pelota. Era su único compañero. Yo soy así también: me encariño con cualquier cosa. ¡Tenés razón! El médico se parece a Tom Hanks. Yo le veo como mirada triste. ¿A Tom Hanks? No, al yugoeslavo. Para mí que un gran dolor lo llevó a abandonar todo. La muerte de alguien querido. Qué sé yo. Sí, podría ser. Parece alguien que ha sufrido mucho. A lo mejor es un iluminado. Un hombre bueno. Pará, pará. Callate que ahí viene. No lo mires. No lo saludes. ¿Cómo se atreve a darnos las buenas tardes? ¿Quién se cree que es? Si Alfredo se entera lo mata. Como si nosotras no tuviéramos nada más que hacer que estar ocupándonos de los vagos que hay en este barrio. Hoy un saludo y mañana andá a saber qué va a querer de nosotras. Dicen que era médico. ¿Era o es? Yo creo que los médicos son como los curas, ¿no? Ni queriendo dejan de ser lo que son.

 

Sandra Lorenzano

Escritora. Ha publicado: Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictaduraSaudadesVestigios La estirpe del silencio, entre otros libros.

literal-teme