Publicación mensual de la Cineteca Nacional. Nos. 1-4. Febrero-Mayo de 1978. Correspondencia: Centro de Programación de la Cineteca Nacional. Calzada de Tlalpan Núm. 1670 México 21, D.F.

La revista Cine, comenzó a aparece el mes de febrero de este año. Se trata de una publicación mensual de la Cineteca Nacional y su director es según el primer número de José María Sbert; según los tres restantes, Nicole Dugal. Entre sus colaboradores se cuentan Emilio García Riera, Tomás Pérez Turrent, Jomí García Ascot y Francisco Sánchez, además de un buen número de autores jóvenes.

Cine es la única revista del género elaborada en México que circula actualmente entre nosotros.

La concepción de la revista resulta, a primera vista, bastante clara: una sección de crítica, a cargo de sus componentes más autorizados, un “Archivo del cine nacional”, destinado a rescatar del olvido nombres y acontecimientos significativos para la historia de nuestra cinematografía, secciones como “La música en el cine”, “Libros”, “Estrenos”, etc.

Inaugura la primera entrega, un artículo de Francisco Sánchez (encargado de la sección de cine del Esto) sobre Providence de Alain Resnais. Más un comentario sobre la cinta, parece ser la declaración de principios del propio Sánchez: “El crítico de cine trata posteriormente de expresar su muy personal relación con una obra de arte dada. Esa relación es su materia escencial, el cuerpo de sus reflexiones, el punto de partida para establecer una actitud frente al fenómeno cinematográfico”. Sánchez opina que el prestigio acompaña a Resnais “… como la fuerza acompaña a los héroes de Star Wars…” y piensa que “El nombre del cineasta francés ha sido usado como mazo despachurrador de los chantajista culturales”. (p. 5. No. 1). Por increíble que parezca, Sánchez continuará emitiendo sus opiniones a lo largo de los tres siguientes números de la revista: sobre El amigo americano aventurará que “…está marcado por un impulso topográfico” (p. 11, No. 2); Buñuel le inspira la siguiente enormidad: “…si a Hemingway le preocupaban las relaciones del viejo y el mar, a Buñel le preocupaban las del viejo y la joven”.

Afortunadamente para Cine, casi todos sus demás redactores parecen tener ideas menos pintorescas sobre el cine y sobre el lenguaje. En el mismo número Uno donde aparece la nota de Sánchez sobre Providence, Tomás Pérez Turrent nos rescata de la confusión en que el primero nos tenía sumidos con un comentario más lúcido sobre el mismo filme, y Leonardo García Tsao y Antonio Montes de Oca publican un recuento de la obra de Brian de Palma. También en la misma entrega se publica la primera parte de una entrevista con Felipe Casals. “Archivo del Cine Nacional”, es el mejor y más consistente intento de la revista por se un instrumento generador de ideas: Propiciar la expresión de quienes producen el cine nacional podría contribuir a la larga, a establecer un verdadero diálogo entre ellos y el público. Más aún, de todo lo que la revista ofrece, “Archivo del cine nacional”, es sin duda lo más importante. Dar a conocer el trabajo que los investigadores realizan en torno a la historia de nuestro cine, es la misión primordial de una publicación que, como ésta, pretende acaparar la atención de los espectadores de cine más especializados. La dirección de esta sección corre a cargo de Emilio García Riera y se compone de “… diversas tesis y escritos sobre cine mexicano preparados por los alumnos” (de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM). Hasta ahora han aparecido cuatro ensayos de María Luisa Vallejo y García: El primero “Las primeras películas sonoras mexicanas”, retoma la vieja discusión acerca de cuál o cuáles películas mexicanas han de ser considerada como la primeras en utilizar el sonido, y la desplaza hacia un aspecto mucho más importante: “… La puntualización histórica” (p. No. 1). El segundo texto (No. 2), está dedicado a la memoria de Gustavo Sáinz de Sicilia, figura de mucha relevancia en la conformación ideológica del cine nacional. Los dos restantes son parte de una tesis más amplia que -sobre la religión en el cine mexicano-, elabora MLV: “El cine mexicano y sus objetos religiosos predilectos” y “Confesores, confesados y confesos”, que constituyen un nuevo intento por inventariar los temas y objetos más constantes en nuestro cine.

Destacan otras colaboraciones: En el No. 2, la de Tomás Pérez Turrent sobre “Padre Padrone”, en el No. 3 una nota de Gustavo Montiel sobre “Lugar sin límites y la obra de Ripstein”, y en el cuarto, una excelente recopilación sobre la obra de Miklos Jancso.

A cuatro entregas de su aparición, la revista Cine revela un hecho significativo: La lectura de ésta revista “independiente” y “patrocinada por la Cineteca Nacional”, pero que, “no es un órgano oficial de la institución”, resulta de poca utilidad para aquellos que no asisten con regularidad a la cineteca o dejan de acudir a los estrenos de la muestra, pues, por lo pronto, dos de sus cuatro ejemplares están dedicados en su casi totalidad a reseñar este último acontecimiento, y los dos restantes se refieren en muchas de sus notas a cintas que la institución promueve.

Si descartamos como nos lo pide la propia revista y el prestigio de algunos de sus escritores, la posibilidad de que los artículos se redactar por mero encargo, sólo nos queda interpretar esta actitud de respaldo a la política de la Cineteca, como la toma de posición de sus integrantes frente a la realidad fílmica nacional. En este país la única forma de ser cinéfilo es la de someterse a los criterios y predilecciones de una institución, o lo que es lo mismo, quien no se acerque a la Cineteca, no debe preciarse de estar al día en materia de cine.

Y si bien es cierto que la Cineteca es nuestra única opción y que referirse a las cintas de la muestras no es algo pernicioso, apoyar sistemáticamente su labor y erigirla en fuente única de información, equivale en cambio a sancionar su política monopolizador y arbitraria y a olvidar que esa noble institución, que año con año nos obsequia con magnánimas muestras, ésa que día a día programa en sus salas películas que valen la pena, es la misma que decide lo que ha de verse y lo que no, la misma que juzga (y condena) nuestra madurez, la misma que a final de cuentas, se deja guiar según criterios absolutamente personales.