El gobernador Ángel Albino Corzo no pudo tener mejor ejemplo para inaugurar en Chiapas los matrimonios civiles que casar a su hija Teófila con el jefe político de Pichucalco, Agustín Castillo, bajo las Leyes de Reforma.

Era 1861, y el clero había amenazado con excomulgar a quienes se casaran por la disposición del matrimonio civil promulgada a mediados de 1859, pero al gobernador, liberal como era, no le importó el exhorto, sino que además expulsó a los jerarcas de la Iglesia católica de San Cristóbal y casó a su hija bajo el nuevo ordenamiento jurídico.

Hoy, el matrimonio civil entre un hombre y una mujer, vetado por la Iglesia en un principio, es motivo de defensa en la entidad menos católica del país, con un 58 por ciento de fieles. Unas 20 mil personas, según los organizadores de la Peregrinación por la Reconciliación, la Paz, la Vida y la Familia, protestan este 10 de septiembre en contra del matrimonio igualitario. Para ellos no hay opción: el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

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Ilustración: Víctor Solís

Laicos, seminaristas, sacerdotes y obispos de la Arquidiócesis de Tuxtla, que visten de blanco, rechazan en una marcha silenciosa reformas al artículo cuarto de la Constitución.

El párroco Julio Díaz Villegas, solo cuando ha llegado al destino de la peregrinación, rompe el silencio; indica que la Iglesia no está de acuerdo en equiparar al matrimonio igualitario con el matrimonio tradicional, porque la familia “está compuesta por un hombre, una mujer y sus hijos, y tiene como misión, la procreación, el cuidado, la educación y el desarrollo de las personas”.

No importa con quién se dialogue en esta marcha; el guion se repite entre los llamados peregrinos, que se cubren con sombrillas del sol veraniego de las diez de la mañana: “No al matrimonio igualitario”. Aclaran eso sí que la expresión es con “mucho respeto a los grupos minoritarios” que simpatizan con la iniciativa presidencial.

Patricia de los Santos Chandomí, activista por los derechos humanos en Chiapas y estudiosa de género, no participa en esta protesta, pero dice que con el nombre que le dieron a la peregrinación, ella iría a “marchar a favor de la paz y la familia, porque mi concepto de familia es diverso; marchar por la paz suele tener una amplia respuesta en estos tiempos de guerra y hambre. Increíble que como en la Edad Media, la jerarquía católica se base en mentiras para poder mostrar su posición de odio. Jamás se les aclaró a los y las feligreses que era una marcha en contra del matrimonio igualitario y en contra de los derechos de las mujeres”.

Esa voz aquí no tiene cabida; aquí la misma posición se esparce en cascada, que se resume en lo que dice Felipe Aguirre Franco, arzobispo emérito de Acapulco, pero con muchos años de residencia en Tuxtla: “Esta marcha es un pronunciamiento a favor de la paz, la tranquilidad, la no violencia, pero también a favor de la familia, integrada por un hombre, una mujer y sus hijos”.

Para Darwin Pereyra Vázquez, coordinador de Alianza+ y vocero de la Red por los Mismos Derechos y con los Mismos Nombres AC, la marcha incita “a la segregación, estigma, odio y discriminación hacia las personas pertenecientes al colectivo LGBTI y su derecho a unirse y formar una familia, por un lado, y por el otro, a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo”.

A las once de la mañana, casi hora y media después de su partida del Parque de Terán, la Peregrinación por la Reconciliación llega al Parque Bicentenario, ubicado al lado poniente de Tuxtla. Las mujeres y los niños llevan globos, y muchos de los participantes muestran carteles, leyendas y lonas, que dicen: “Yo Decido X la familia” y “Matrimonio: Hombre + Mujer”.

Felipe Aguirre Franco aclara que no es una posición de la iglesia católica sobre el matrimonio igualitario sino de la “sociedad entera” que se ha manifestado con más de 200 marchas en todo el país, y que en Tuxtla, según él, son 50 mil los peregrinos, 30 mil más que lo estimado por los organizadores y 48 mil más que por las autoridades de tránsito municipal.

Los manifestantes son en su mayoría católicos, porque las iglesias evangélicas se enteraron tardíamente de la convocatoria; “por eso no participamos”, dice Miguel Arévalo, pastor y fundador del Centro de Consuelo y Habilitación Penetrando en la Oscuridad, pero indica que también su denominación está en contra del matrimonio igualitario y del derecho a la adopción a parejas del mismo sexo: “No estamos peleando contra los que abiertamente se incluyen en la comunidad lésbico-gay; pero sí en contra de que se legalice una unión comparándola con el orden establecido por Dios para formar y procrear una familia”.

La voz del maestro de ceremonias recibe a los manifestantes: “Bienvenidos a esta gran celebración por el matrimonio y por la familia”, dice. “Venimos de forma voluntaria, continúa, venimos por nuestra propia convicción. No por acarreo, y estamos unidos para alzar nuestra voz; que quede claro que no buscamos ofender a nadie; respetamos la dignidad de todas las personas, independientemente de su forma de vivir y convivir, porque sabemos que todos somos seres humanos y que hay un lazo fundamental que nos hermana”.

Héctor Estrada Avelar, coordinador general de Unidos Diferentes AC (UDAC) encuentra en estas expresiones y en la marcha convocada por la Iglesia católica un desafío al Estado laico, pero sobre todo “un peligroso agravio a todo el marco constitucional de los derechos humanos, porque no se trata de una manifestación religiosa a favor de sus derechos, sino en contra del derecho de otros grupos minoritarios”.  

El orador pronuncia un breve mensaje para esta reunión: “La familia es la célula básica de la sociedad y, por lo tanto, hay que protegerla. El matrimonio entre un hombre y una mujer tiene una naturaleza específica con fines muy claros, como lo son la transmisión de la vida, la educación de los hijos y la unidad de los esposos”.

Cuando se busca imponer, dice Darwin Pereyra en entrevista, un modelo de familia como único y natural, “provoca una severa discriminación hacia otros modelos de familia que han sido parte de la sociedad desde siempre y hacia otros modelos emergentes, abonando a un imaginario colectivo que los vulnera y discrimina, pues provoca rechazo y señalamiento hacia quien decide formar un tipo de familia diferente a la tradicional”.  Patricia de los Santos la secunda: “Los niños y niñas tienen derecho a tener una familia que los ame, y las familias a veces la integran sólo los abuelos, las tías, a veces los hermanos, no siempre prevalece la figura de un padre y madre como figuras de amor y crianza”.

Pero esas voces no pertenecen a este espacio, aquí se corea, después de la marcha silenciosa: “¡Viva la familia!”, mientras el orador concluye: “Como padres de familia tenemos derecho de educar a nuestros hijos en las convicciones y principios que consideremos mejores para su desarrollo personal, y no que el Estado nos sustituya en esta tarea”.

Vienen después los aplausos, el Padre Nuestro y algunas voces aisladas que enaltecen a la familia y a la Iglesia católica.

 

Sarelly Martínez Mendoza

 

Un comentario en “La marcha por la familia en el estado menos católico de México

  1. La marcha y sus expresiones son una manipulación abierta de la iglesia católica para seguir explotando su doctrina con ese y muchos pretextos más para que su “representación celestial” les siga dando frutos limosneros a los parásitos que se vanaglorian como curas y sacerdotes, sobre todo, obispos que viven como reyes alejados de la realidad, son unos demonios terrenales, si su dios existiera ya los habría sacrificado a todos por xenofobos, racistas, explotadores e hipócritas. Qué nos pueden decir de las sobrinas, tías y demás “parentela” que acompaña a los sacerdotes en su vida diaria, el que esté libre de culpa que lance la primera piedra y como dice el papa Francisco quién son ellos para juzga la diversidad y preferencia de las personas!!!