Presentamos el discurso inaugural de Julio Frenk como presidente de la Universidad de Miami, cargo que ocupa desde enero de este año. 

Julio Frenk, nacido en la Ciudad de México en 1953, es miembro fundador de Nexos y al día de hoy se mantiene como consejero de la revista, próxima a cumplir 40 años. Previo a su nombramiento en Miami, Frenk había sido decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard, y, antes de eso, secretario de Salud de México.

Para Nexos es un orgullo compartir las siguientes palabras.

 

Universidad de Miami

29 de enero de 2016

Casi al mismo tiempo en que se oficializó mi nombramiento como sexto presidente de la Universidad de Miami, iniciamos las obras de construcción de un nuevo proyecto. Nuestro campus ha estado en un constante proceso de renovación, pero esta obra era especial porque nació del deseo de fortalecer una conexión.

Durante décadas, la parte oriental del lago Osceola en el campus de Coral Gables había sido inaccesible desde el lado occidental. La construcción del puente que se puso en marcha el verano pasado estaba destinada a resolver esa limitación. La familia Weese, cuya hija Hannah es estudiante en esta Universidad, ayudó a financiar el proyecto y lo dedicó a su difunto abuelo. Él era un exitoso hombre de negocios que creía en moldear las circunstancias más que en dejarse moldear por ellas.

Hace tres meses, un claro y cálido día de octubre, inauguramos oficialmente lo que ahora se conoce como Fate Bridge (Puente del Destino), y juntos lo cruzamos por vez primera, celebrando no sólo la finalización de la obra, sino también la conexión establecida.

Cuando pienso en todo lo que he llegado a conocer sobre esta Universidad y hacia dónde creo que debemos apuntar, termino siempre enfocado en las oportunidades que surgen cuando tendemos puentes.

Antes de la construcción de un puente, los ingenieros elaboran planos y los topógrafos trazan el terreno. En estos últimos seis meses, yo mismo he sido una especie de topógrafo de ideas. Poco después de mi llegada, convoqué una reunión abierta al público para poner en marcha un ejercicio de consulta intensiva. La respuesta fue inspiradora. En total, se realizaron más de 40 reuniones a las que asistieron unos 5000 profesores, estudiantes, personal administrativo, ex-alumnos, miembros de la Junta de Gobierno y líderes comunitarios. Creamos también un buzón virtual que recibió más de 1500 sugerencias.

En este proceso he aprendido que, para ser una universidad tan joven, estamos inmensamente orgullosos de nuestras raíces y nuestros humildes comienzos. Somos resistentes: en tiempos convulsionados, peligrosos y desafiantes, subsistimos y seguimos creciendo.  Y tenemos una extraordinaria capacidad de renovación, al reinventarnos y apoyarnos en las fuerzas huracanadas que modifican nuestro paisaje, tanto literal como figurativamente.

También he aprendido que nos impulsa un profundo compromiso para elevarnos a nuevas alturas. En apenas 10 años más, la Universidad celebrará su Centenario. ¿Hacia dónde debemos enfocar nuestra mirada en esta próxima década? ¿Qué debemos hacer para cumplir con nuestro potencial en nuestro nuevo siglo?

Hoy compartiré con ustedes las que considero nuestras mayores aspiraciones: cuatro visiones definitorias para nuestro futuro. Aspiramos a ser:

1. La universidad hemisférica

2. La universidad excelente

3. La universidad pertinente

4. La universidad ejemplar

 

La universidad hemisférica

La primera de nuestras aspiraciones responde a nuestro distintivo patrimonio geográfico, nuestra capacidad única para tender puentes que conecten a todo el continente americano. Muchas universidades buscan conectarse a nivel global, pero la Universidad de Miami está en una posición única para convertirse en la universidad hemisférica.

Esta idea se remonta a nuestros inicios, cuando nuestros fundadores hablaban del espíritu panamericano que debía imbuir a la nueva universidad. Hoy esa aspiración temprana continúa desarrollándose, incluso a medida que los puentes que unen culturas y continentes crecen en número y fuerza.

Al viajar por el mundo, me he convencido de que América Latina y el Caribe deben emerger como voces más prominentes en el diálogo global. Estas regiones contienen lecciones que el mundo debe conocer.

Durante mucho tiempo, Miami ha servido como puente entre Norte y Sudamérica. Podemos sacar incluso mayor ventaja de nuestra ubicación estratégica. Nuestros puentes deben extenderse desde el Viejo Mundo incorporado dentro del Nuevo Mundo y más allá.

Desarrollaremos una cuidadosa estrategia hemisférica, basada en asociaciones amplias y consorcios institucionales. Las materias primas para estos puentes tienen muchas formas. Incluyen colaboraciones de investigación, nuevos enfoques para el intercambio del conocimiento y programas de intercambio para estudiantes. A menudo decimos que estos son programas para “estudiar afuera”, aunque sería mejor decir “estudiar adentro”, es decir, tener la oportunidad de vivir dentro de otra cultura de forma que enriquezca y transforme.

Sobre la base del ideal visionario de nuestros fundadores, estamos en camino a convertirnos en una verdadera fuerza de integración en las Américas y eventualmente en todo el mundo. Como Presidente, me comprometo a hacerlo realidad.

La universidad excelente

Para mí, uno de los mayores atractivos de esta Universidad ha sido su deseo palpable de avanzar y llegar al siguiente nivel. Nuestra búsqueda de la excelencia alcanza todos los ámbitos de nuestro trabajo, desde la investigación hasta el servicio público, desde la enseñanza hasta los deportes, desde la atención médica hasta las artes.

Sin embargo, la búsqueda de la excelencia se ve desafiada por la presión de demostrar valor a corto plazo. Cada vez más, quienes financian la investigación científica exigen pruebas de impacto inmediato, olvidando que muchas tecnologías que han cambiado el mundo comenzaron con un investigador preguntapreguntándose: “¿Por qué?” O “¿Qué pasaría si…?”. Del mismo modo, las artes y las humanidades a menudo quedan descartadas con la excusa de que carecen del llamado “valor práctico”, a pesar de su papel fundamental en dar contexto a nuestras decisiones y sentido a nuestras vidas.

Otra amenaza contra la excelencia es la fragmentación que divide a las personas, las ideas y las disciplinas. El resultado es que el conjunto puede llegar a ser menor que la suma de sus partes. Debemos combatir esta tendencia en el mundo académico, esforzándonos por tender puentes y no por construir imperios. Gran parte del potencial de esta institución deriva del hecho de que, a pesar de las diversas fortalezas de nuestras 11 facultades y escuelas, somos una Universidad unida. Con este mismo espíritu, fomentaremos las conexiones entre disciplinas que abarquen desde el análisis molecular hasta la interpretación cultural.

Para ampliar nuestra búsqueda de la excelencia, montaremos un gran esfuerzo denominado “100 nuevos talentos para 100 años”. Entre hoy y nuestro centenario, me comprometo a movilizar los recursos necesarios para financiar 100 nuevas cátedras patrimoniales, con una combinación de personal académico de carrera y profesores visitantes. La infusión de nuevas contrataciones a nuestro excepcional cuerpo docente ayudará a consolidar una masa crítica de talento en Miami. Este esfuerzo cubrirá los diferentes campos de la investigación científica, el estudio académico, la creación artística y la educación que nuestra Universidad integral cultiva.

En una época en que los avances científicos y tecnológicos están cambiando la sociedad a un ritmo vertiginoso, cualquier universidad que busque la excelencia debe tener profundidad en las ciencias y la ingeniería. Basándonos en nuestras fortalezas actuales, me complace anunciar una nueva e importante iniciativa para apoyar las ciencias básicas y aplicadas y la ingeniería, gracias a un extraordinario donativo de 100 millones de dólares por parte de Phillip y Patricia Frost. Escucharán mucho más acerca de esta transformadora esta acción filantrópica en las próximas semanas. Por ahora, permítanme decir que la generosidad de nuestros benefactores nos llevará más lejos y más rápido en nuestra búsqueda de la excelencia. Estoy profundamente agradecido por esta nueva expresión de su compromiso con la Universidad de Miami. Espero con gran anticipación trabajar con el cuerpo docente para dar forma a esta nueva iniciativa a fin de que tenga el máximo impacto.

La innovación educativa representa otra frontera promisoria para las universidades. Debemos la búsqueda incesante de la excelencia pedagógica a nuestros estudiantes, que son nuestro legado más perdurable y la fuerza más estimulante en nuestros campus. Por lo tanto, desarrollaremos una nueva plataforma a nivel de toda la Universidad para aprovechar al máximo la actual revolución en la enseñanza y el aprendizaje.

Sin embargo, la excelencia puede verse perjudicada cuando el valor de la educación se mide a través de la lente estrecha de lo que podría denominarse “gratificación instantánea después de la graduación”, que consiste en medir el valor de un título universitario en base al salario inicial del egresado. Al mismo tiempo, no debemos ignorar la preocupación legítima y creciente sobre la deuda de los estudiantes, que está llevando a muchos a cuestionarse si un título universitario vale su costo.

Para que la educación cumpla su función crucial de ampliar las oportunidades, debemos tender un puente entre la excelencia y el acceso. La excelencia sin acceso conduce a la frustración y profundiza la desigualdad social. El acceso sin excelencia conduce al desperdicio y puede reforzar la desigualdad mediante la segmentación de las oportunidades de acuerdo a la riqueza. Aunque nos demoremos un tiempo en el intento, me comprometo como Presidente a impulsar la ayuda financiera para cubrir el 100% de las necesidades de nuestros estudiantes.

La universidad pertinente

Junto con la excelencia, debemos comprometernos a la pertinencia, nuestra tercera aspiración. Esto no es una cuestión de tener que elegir entre opciones mutuamente excluyentes. En mi propia carrera profesional, me he movido entre la investigación y su traducción en políticas públicas y programas prácticos. Y he podido constatar, una y otra vez, que los dos lados de esta ecuación se refuerzan mutuamente. El conocimiento, el producto más perdurable de las universidades, es crucial para entender el mundo de una manera significativa y también para transformar la realidad social.

Desde sus orígenes, esta Universidad se ha visto impulsada por el doble compromiso con la excelencia y con la pertinencia, siguiendo los más altos estándares académicos y al mismo tiempo sirviendo a las comunidades locales y globales a las que pertenece. Hoy más que nunca, tenemos que tender un puente que conecte el estudio académico con la identificación de soluciones.

Por ejemplo, el aumento en los niveles del mar, una amenaza importante tanto para Miami como para el resto del mundo, se discutió en reiteradas ocasiones durante mi ejercicio de consulta. El cambio climático es un aspecto al cual prácticamente todas las disciplinas académicas tienen algo que aportar y en el cual nuestra institución ya está mostrando a las demás el camino a seguir. En los próximos meses, anunciaremos un nuevo esfuerzo de toda nuestra Universidad para ampliar nuestro ya considerable conocimiento sobre el aumento en los niveles del mar. Este es exactamente el tipo de contribución global y transformadora que Miami puede y debe hacer a la búsqueda de soluciones sostenibles.

La atención a la salud es otra área donde servimos a nuestra comunidad. Nos sentimos muy orgullosos de nuestro sistema académico de salud, pero este es un momento de cambio profundo. Únicamente los sistemas de salud que transiten con éxito por este territorio desconocido prosperarán en el futuro. La Universidad de Miami seguirá señalando el camino en esta nueva era de atención sanitaria integrada y basada en resultados.

La innovación tecnológica ofrece una oportunidad más para tener un mayor impacto. Mejor que nadie, la Universidad de Miami está bien posicionada para impulsar el desarrollo de un importante centro de innovación de ámbito hemisférico, que aproveche nuestras fortalezas en las ciencias biológicas, la nanotecnología y la ciencia computacional, entre otros campos. Ya estamos hablando con socios potenciales y visualizando este centro como un elemento central de la labor que tenemos por delante.

Nuestros fundadores concibieron a la Universidad de Miami como un catalizador de relevancia vital para el progreso y, como Presidente, ofrezco nuestro pleno compromiso con el bien de nuestra comunidad y de nuestro mundo.

La universidad ejemplar

Por último, aspiramos a ser un ejemplo para la sociedad: una universidad ejemplar. En un momento en que muchas voces cuestionan el valor que aportan las universidades, yo diría que nuestro valor es indivisible de nuestros valores. Integridad, respeto, diversidad, tolerancia, resistencia a la adversidad, tales son las cualidades que se encuentran en el corazón de quienes somos y quienes queremos ser.

Tomemos por ejemplo nuestros programas deportivos, que atraen a millones de ojos a la Universidad y nos dan la oportunidad de moldear la importancia de la competencia justa y respetuosa. A través de estos programas, también enviamos el mensaje fundamental de que el éxito académico y el éxito deportivo pueden ir de la mano, y pueden promover el desarrollo saludable durante los años universitarios. Además, he visto aquí un orgullo deportivo que impregna la vida cotidiana, refuerza un sentido de carácter y ayuda a forjar un sentimiento de conexión que nos fortalece a todos.

Una de las formas más importantes de ser ejemplar es mediante la aceptación de la diversidad, sea cual sea la forma en que se manifieste. Como dije en un mensaje reciente a la comunidad universitaria, “cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de enfrentar la injusticia y la discriminación”. En este espíritu hemos adoptado las recomendaciones del grupo de trabajo que se formó para responder a los intereses de los estudiantes de color. También hemos anunciado un plan para desarrollar vivienda no sexista que permita satisfacer mejor las necesidades de los estudiantes que tanto han contribuido a esclarecer los temas relativos a la identidad de género.

Quiero subrayar que la diversidad en cifras no es suficiente. Mi apreciada colega Drew Faust, presidenta de la Universidad Harvard, ha hablado sobre la noción de pertenencia, el sentido de sentirse como en casa, la sensación de que todos y cada uno de nosotros importa. La creación de un entorno de este tipo no es tarea fácil. No deja de ser irónico que en nuestro mundo tan interconectado de hoy tantas personas sienten la alienación que proviene de una falta de relación profunda con los demás. No solo necesitamos una conectividad virtual, sino también una conexión real. Con este fin, desarrollaremos políticas y prácticas que fomenten interacciones incluyentes, respetuosas y seguras en todos nuestros campus.

La diversidad sólo puede florecer en un clima de tolerancia, un valor que de nueva cuenta se ve amenazado. En estos tiempos turbulentos, las universidades deben liderar el camino cultivando intencionalmente la libre expresión de perspectivas diversas. El gran filósofo británico, Sir Isaiah Berlin, ha propuesto el estudio comparativo de otras culturas como un antídoto contra esa peligrosa falsa ilusión por parte de individuos, estados, partidos políticos, ideologías o religiones de ser los únicos poseedores de la verdad. El objetivo es promover la empatía, para que podamos valorar tanto nuestras diferencias como nuestra humanidad común.

Para mí esto es profundamente personal. Mi padre y su familia se vieron obligados a dejar Alemania en la década de los treinta. Yo no estaría aquí hoy si ellos no hubieran encontrado refugio en México, un país que era pobre económicamente, pero rico en lo que más importa: la tolerancia, la amabilidad con los extraños, la solidaridad con los que sufren persecución. Estos valores son tan importantes hoy como cuando mi familia tuvo la oportunidad de comenzar una nueva vida. Sé que muchos de ustedes tienen historias similares.

Me siento orgulloso de ser el primer rector hispano de esta Universidad. Al mismo tiempo, soy muy consciente de que cada uno de nosotros posee identidades diversas. La voluntad de hacerle frente a las fuerzas externas de la discriminación y la intolerancia puede fortalecerse si aceptamos plenamente nuestra diversidad interna. De esta manera podemos contrarrestar una definición excluyente de los “otros”. En cada uno de nosotros estamos todos. La política nacional y la diplomacia internacional serían mucho más eficaces si estuvieran impulsadas por esta convicción. Las universidades ejemplares deben demostrar al mundo entero que el camino ilustrado es realmente posible. Me comprometo a trabajar para esta Universidad como el Presidente de todos.

Conclusión

Desde que llegue a este campus, he pensado a menudo en lo apropiado que resulta que una fuerza que alguna vez amenazó nuestra existencia se haya convertido en el símbolo de nuestra fortaleza. Somos huracanes, ahora y siempre.

Ese espíritu invencible se refleja también en el símbolo del ibis, que ha sido parte de nuestra identidad desde los primeros días. La tradición nos dice que el ibis es la última ave en buscar refugio antes de que llegue el huracán y la primera en aparecer después de que la tormenta ha pasado: un símbolo de la resistencia y la renovación que nos definen como universidad.

La resistencia es la capacidad no sólo de superar la adversidad, sino de salir fortalecidos por ella, de ser más sabios por haberlo logrado. Así somos, desde nuestras finanzas hasta nuestro programa de fútbol americano.

La renovación no es sólo un acto de reconstrucción. Es el proceso de re-imaginar, reinventar y reinterpretar. Así somos, desde la música hasta la medicina.

Si se piensa bien, el ibis es más que nuestra mascota, es más que un símbolo, es nuestra identidad y nuestro imperativo.

No tengo ninguna duda de que este mismo espíritu continuará alimentando nuestro trabajo, a medida que continuamos trazando el curso de nuestro nuevo siglo de vida. Si trabajamos todos juntos —estudiantes, profesores, personal administrativo, miembros de la Junta de Gobierno, ex-alumnos y benefactores— seremos capaces de tender puentes, puentes nuevos y necesarios, para convertirnos en una universidad verdaderamente hemisférica, excelente, pertinente y ejemplar.

La Universidad de Miami puede convertirse en el arquetipo de la resistencia, al demostrar que el conocimiento es el mejor instrumento para enfrentar la adversidad y que el espíritu académico es una forma de fortaleza.

La Universidad de Miami puede ser un ejemplo de renovación, al redefinir la agenda global y encabezar el camino en el hemisferio, el laboratorio, las aulas, los campos deportivos y el servicio a la sociedad.

Con la capacidad de resistencia y renovación, podremos remontar los vientos de cambio que sacuden a la educación superior y al mundo en general, y emerger con más sabiduría y fortaleza.

Con la capacidad de resistencia y renovación, podremos convertirnos en líderes y ser artífices de nuestro destino.

Con la capacidad de resistencia y renovación, la Universidad de Miami puede, como el ibis, remontar el vuelo y  alcanzar las alturas.

 

Julio Frenk

 

2 comentarios en “Trazar el curso hacia nuestro nuevo siglo

  1. Julio, soy exalumna MAS, amiga de Alicia. Estoy en una preparatoria en Nuevo Vallarta, innovadora y sin fronteras. Me encantaria platicar mas contigo sobre una posible alianza o intercambio. Mil felicidades. Eres un orgullo para Mexico y para el MAS. Saludos. (322 135 9098)

  2. La trayectoria del Dr. Frenk es impresionante, desde que fue director del Instituto de Salud Pública, institución que brilló bajo su cargo, hasta su puesto como Secretario de Salud, han sido marcados por su estilo académico y gerencial. No tengo la menor duda que sus propósitos se cumplirán en la universidad de Miami: ésta será una universidad Hemisférica, Excelente, Pertinente y ejemplar….