El secreto es una información que no es revelada, o bien, que no debe ser revelada, porque —si se divulgara— les engendraría un perjuicio a quienes la pregonaran y hasta a quienes la recibieran. En ese sentido, pues, se habla de secreto de Estado, secretos de oficina, secreto bancario, secreto militar, secreto industrial, entre los cuales por ejemplo se encuentra el secreto custodiado en Atlanta acerca de la fórmula de la Coca-Cola. Dichos secretos a menudo son violados por un ordenamiento judicial, por apertura de archivos de Estado, por imprudencia, por traición y, en particular, por espionaje. […].

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Ilustración: Belén Monroy

Un secreto puede guardarse por circunspección, y también forma parte de la circunspección el secreto personal que, a veces, desaparece con la muerte de su usufructuario. La circunspección no solamente tiene que ver con actos inconfesables, porque algunas personas, legítimamente, pueden desear no hacer conocidas sus enfermedades, sus tendencias sexuales, sus obsesiones. […]. Este derecho a la circunspección cada vez va perdiendo más valor en nuestra sociedad mediática e informática, en donde la renuncia a la privacidad toma la forma de exhibicionismo.

Desaparece esa válvula de escape, en gran parte benéfica, que era la habladuría. La habladuría clásica, la que se hacía en el pueblo, en la portería de los conjuntos de viviendas o en las tabernas, era un elemento de cohesión social porque los calumniadores, a menudo, en vez de gozar con los infortunios de los calumniados sentían o manifestaban compasión por ellos. Sin embargo, esto funcionaba si las víctimas no estaban presentes o no sabían que eran tales (o salvaban su honor fingiendo que no lo sabían). […]. Ahora la televisión ha ideado transmisiones en las que cualquiera puede volverse víctima famosa presentándose a chismorrear sobre sí mismo. […]. Concluida la época de la circunspección, sobrevive, desde hace milenios, la idea del secreto mistérico —o bien hermético y ocultista. En un periodo de crisis del racionalismo clásico, en el curso del siglo II d.C., el mundo pagano tendió cada vez más a identificar la verdad con el secreto, o bien con eso que es llamado de manera oscura. Una sabiduría, para ser verdaderamente secreta, debía ser exótica. El Oriente, específicamente, era antiguo y hablaba lenguas ignotas y, por lo tanto, debía contener una porción de ese secreto que sólo la divinidad conoce. […]. Comienza aquí a desarrollarse una persuasión que gozará de gran fortuna, hasta el día de hoy, entre los varios círculos ocultistas: que la verdad es un secreto que era poseído por los antiguos custodios de una tradición que ya se ha perdido. […].

Sobre la suerte de toda doctrina que se presente como secreta valga la historia de los rosacruces. En 1614 aparece un manifiesto, Fama fraternitatis, seguido en 1615 de un segundo texto la Confessio fraternitatis Rosae crucis. Ad eruditos Europae. Entre metáforas alquímicas e invocaciones más o menos mesiánicas, los manifiestos insisten sobre el carácter secreto de la confraternidad y sobre el hecho de que sus miembros no pueden manifestar su propia naturaleza.

Sin embargo, lanzan un llamado final a todos los doctos de Europa, a fin de que se pongan en contacto con los adeptos de la sociedad. Casi inmediatamente, de todas partes de Europa se comienzan a escribir llamamientos a los rosacruces. Nadie afirma conocerlos, nadie se dice rosacruz, pero todos, de algún modo, tratan de hacer entender que se encuentran en absoluta sintonía con aquel programa.[…]. Así que aquellos que afirman que son rosacruces (en cuanto que agraviarían el fundamental vínculo de discreción que liga a los adeptos) no lo son. […].

Simmel recordaba que la característica típica de las sociedades secretas es la invisibilidad. Las razones de la gran popularidad de los rosacruces es que ellos anunciaban un secreto, y hablaban de todo, pero, obviamente, nunca de la naturaleza del secreto. […]. Así sucedió con la masonería llamada escocesa que, en conflicto con la Gran Logia Londinense, había escogido símbolos y ritos que pudiesen hacer evidente su evocación a la tradición de los templarios y los rosacruces. De tal suerte que los grados de iniciación (que debían corresponder a grados de conocimiento del secreto y que originalmente eran tres) se multiplicaban hasta el número 33. Ahora, el autor de una de las definiciones más bellas del secreto masónico es Giacomo Casanova: “Aquellos que entran en la masonería solamente para entender su secreto pueden quedar desilusionados; en efecto, podrán vivir durante cincuenta años como maestros masones sin lograr penetrar el secreto”. […]. Del siglo XVII en adelante, como consecuencia del ocultamiento del secreto y de la invisibilidad de la sociedad secreta surge el mito de los Superiores Desconocidos, que dirigían el destino del mundo. En 1789 el marqués de Luchet (en su Essai sur la secte des illuminés) advertía: “En el seno de las más densas tinieblas se ha formado una sociedad de nuevos seres que se conocen sin jamás haber sido vistos… Esta sociedad adopta del régimen jesuita la obediencia ciega, de la masonería las pruebas y las ceremonias exteriores, de los templarios las evocaciones subterráneas y la increíble audacia”. […].

Todavía hoy se sigue pensando en la idea de grupos secretos que clandestinamente dominan el desarrollo de los acontecimientos mundiales, como si fuese un misterio que políticos, industriales y banqueros se reúnan cuando les plazca sin necesidad de congresos públicos para decidir sobre sus estrategias económicas. […].

Donde con mayor fantasía se desarrolló el síndrome del complot fue en las tesis acerca de la destrucción de las Torres Gemelas, intriga invariablemente atribuida a planes secretos de Bush, a los judíos, etcétera, etcétera, detallando fórmulas secretas que explicarían todo.

En internet encontrarán que New York City tiene 11 letras, Afghanistan tiene 11 letras, Rasin Yuseb, el terrorista que amenazó con destruir las torres, tiene 11 letras, George W. Bush tiene 11 letras, las dos Torres Gemelas formaban un 11, New York es el undécimo estado de los Estados Unidos de Norteamérica, el primer avión que se estrelló contra las torres era el vuelo número 11, el vuelo llevaba 92 pasajeros y 9+2 suma 11, el vuelo 77 que también se estrelló contra las torres llevaba 65 pasajeros y 6+5=11, la fecha 911 es igual al número de emergencia americano, 911, cuya suma interna suma 11. El total de las víctimas de todos los aviones derribados fue de 254, cuya suma interna da 11, el 11 de septiembre es el día 254 del calendario anual y la suma interna de 254 suma 11.

En realidad New York tiene 11 letras si se le agrega City, Afghanistan tiene 11 letras pero los extremistas no eran afganos sino que venían de Arabia Saudita, de Egipto, de Líbano y de los Emiratos Árabes, Ramsin Yuseb tiene 11 letras, pero si en vez de Yuseb se hubiese transcrito Yussef, el juego no habría funcionado, George W. Bush tiene 11 letras solamente si se le pone la middle initial, las Torres Gemelas trazan un 11 pero también un 2 en números romanos, el vuelo 77 no golpeó una de las torres sino el Pentágono y no llevaba 65 sino 59 pasajeros, el total de las víctimas no fue de 254 sino de 265, etcétera, etcétera.

Y, sin embargo, la gente está ávida de secretos, y aquel individuo que se considera que guarda un secreto aún no revelado, siempre obtiene una forma de poder, porque quién sabe qué secretos podría revelar algún día. Siempre ha sido un principio de las agrupaciones policiacas y de los servicios secretos de medio mundo que la gente se vuelve más poderosa entre más cosas sabe, o si da muestras de saber. No importa que las cosas sean verdaderas. Lo importante es hacer creer que se posee un secreto. Y la ruina de un servicio secreto se precipita cuando se abren los archivos gubernamentales o alguien como Wikileaks logra violarlos. Entonces se descubre que las relaciones secretas de los servicios y de las embajadas estaban compuestas, habitualmente, por documentos en los que habían sido transcritos recortes de periódicos, que circulaban libremente antes que espías y agentes los volvieran revelaciones reservadas. […]. ¿Cómo se logra mantener el poder que se deriva de la posesión de un secreto evitando que el pretendido secreto se vuelva público? Es necesario alardear un secreto vacío. Tener un secreto mientras este no existe es mentir acerca del secreto.

Simmel recordaba que esto sucede con los niños, entre quienes “es frecuente motivo de orgullo y de petulancias el hecho de que uno le pueda decir al otro ‘yo sé una cosa que tú no sabes’”. El pseudosecreto de los niños solamente tiene efecto sobre otro niño, pero el pseudosecreto de muchos grupos iniciáticos (o de muchos servicios secretos) tiene efecto en los adultos deseosos de penetrar secretos y, por lo tanto, siempre listos a admitir que  existen.

 

Umberto Eco (1932-2016)
Semiólogo y escritor. Entre sus libros: Tratado de semiótica general, Arte y belleza en la estética medieval, Historia de la belleza, El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault y Baudolino.

Publicamos parte de la conferencia que Umberto Eco dictó en el marco del festival literario de Milán, La Milanesiana, publicada en el diario la Repubblica el 27 de junio de 2013.

Traducción de María Teresa Meneses.

 

Un comentario en “La encantadora magia del misterio

  1. Los misterios pueden resultar una molestia ó un impedimento para avanzar en el conocimiento de algo o alguien. Tal es el objetivo de las ciencias, descubrir, conocer y poder manipular con fines que van de los mas perversos hasta los más humanitarios. Nos construimos aparentemente en base a la necesidad de iluminar lo que estaba oscuro y así lograr mejorar nuestras condiciones de vida y la Fe Cristiana con toda su riqueza que pretende también iluminar y transformar la realidad humana y que a la par de la ciencia de hecho lo hace aún con sus propias tonalidades, por así decirlo, parte también de interesantes misterios que molestan, que impiden experimentar una felicidad mas plena, como por ejemplo el pecado personal y social que deriva en un mundo violento, loco de atar y que tras un largo caminar, puede llevar a un estado de iluminación, de revelación que toca una felicidad más auténtica. Asi pues, los misterios, llevan un mensaje en el plano espiritual, muy interesante por el cual los hombres de buena voluntad y las grandes religiones aspiran a dislucidar desde todo un proceso de conversión que conlleva grandes dosis de paciencia, perseverancia y por qué no decirlo, amor al camino y a la meta. A diferencia de los misterios por así decirlo, mundanos cuyo objetivo como bien lo comenta el Sr. Eco, que suelen poseerse con la finalidad de Poder sobre los demás, de acceder a privilegios y mantenerse en ellos. Hablariamos así, de misterios sagrados, que se identifican con la vida, la fraternidad, la justicia, la paz y de misterios profanos que van de la mano con la manipulación, privilegios, violencia…la muerte misma.
    En fin, gracias por el espacio para ejercitar y compartir.