A lo largo de la vida uno se encuentra con juicios que, en sí, poseen un alto valor de verdad, pero que resultan demasiado vagos e imprecisos o, como atinó a sugerir Wittgenstein, se trata de palabras que crean problemas innecesarios. Cuando a alguno de ustedes lo han llamado “ignorante” a secas, como sinónimo de analfabeta o incapaz de saber, o falto de recursos, tal juicio o palabra no significa nada si no va acompañado de una especificación o de un relato que acentúe la precisión del juicio. Si alguien afirmara que usted es un ignorante respecto a la topología o a un periodo determinado de la historia de Yucatán, pues ese alguien sólo tendría que probarlo y comprobar que es un hecho que usted no sabe nada o no tiene idea respecto a la citada rama matemática o a los sucesos históricos de la época referida. Sin embargo, si lo llaman “ignorante”, en general, como intento de descripción, entonces tienen razón, no hay nada que probar porque siempre se podrá saber más respecto a cualquier tema o cuestión, y este simple mecanismo lógico convierte en ignorantes de lo general a todos los humanos. Si alguien, simplemente, me llamara ignorante yo le respondería: “Tiene usted razón, aunque creo saber algo acerca de mí mismo o de la naturaleza humana, me declaro un ignorante en general”. No hay que meterse en problemas, y menos si éstos no existen.

03-inteligencia

Ilustración: Ricardo Figueroa

¿Y qué sucede con la palabra inteligencia tan llevada y traída en nuestros días? Escucho a menudo que las personas se refieren a alguien como inteligente o poco inteligente, o, de plano, estúpido. Las formas de medir y definir esta cualidad difieren y se contradicen (en filosofía, antropología o psicología, etcétera…) de modo que es mejor andarse con cuidado y no hacerse uno el arrogante o el que sí sabe. H. G. Gadamer creía que a finales del siglo XX —es decir, hace un ratito— utilizábamos todavía el ambiguo concepto de inteligencia tal como nos lo heredaron los filósofos de la Ilustración; es decir, un concepto alejado de los principios generales del saber y más orientado a obtener fines mesurables e instrumentales. Escribe Gadamer sobre los orígenes ambiguos de la palabra clásica latina: “La intelligentia es la forma más elevada de la comprensión”, aun superior a la razón o a la mente (ratio, nous). Quien quiera saber más al respecto que lea el ensayo del filósofo alemán: Acerca del problema de la inteligencia. Yo haré un apretado bosquejo del concepto a partir de mi lectura y comprensión. La inteligencia, como concepto, no sólo tiene que ver con los hechos y objetos que uno conoce, no es nada más una habilidad o una pragmática —mucho menos un coeficiente intelectual—, ni tampoco la virtud de contar con una memoria desarrollada, sino una capacidad de conocer los principios y los fines adecuados para la supervivencia (aunque después de conocerlos vaya contra ellos). Es, pues, la inteligencia, “el uso comprensivo de nuestros conceptos y medios de pensamiento”. Tener una habilidad no es una garantía de supervivencia u obtención de bienestar social o general si no se despliega dentro de un horizonte humano más amplio; si no se aspira a un saber más vasto y complejo de los orígenes o principios de la facultad de ser humano.

Aludiendo a Aristóteles y relacionando la inteligencia con el concepto de phronesis, Gadamer escribe: “Aristóteles entiende por phronesis no sólo el sensato y habilidoso hallazgo de los medios para realizar ciertas tareas, no sólo el sentido práctico para alcanzar determinados fines, sino también la capacidad de determinar esos fines y la responsabilidad adoptada ante ellos”. Y pone ejemplos de que una habilidad que sólo obtiene ventaja para sí y pierde de vista el concepto de inteligencia ligado al ser humano en su totalidad, es desastroso: “En política: el oportunista sin principios; en la vida económica el que se aprovecha y lucra con la circunstancia y no es de fiar; en el terreno social, el trepador, etcétera”. (Yo añadiría, en el arte: el que para valer se aprovecha del mercado especulativo.) Y Gadamer añade otro matiz a esa noción de inteligencia tan apresurada y reciente que utilizamos en nuestra época: él pone en la mesa nuestra capacidad de reflexión y, utilizando la exigencia de Nietzsche de que “hay que dudar más profundamente”, escribe: “La reflexión, el libre volver de la conciencia sobre sí misma, se presenta como el acto de bondad más elevado. Es verdad que, de alguna manera, el tomar distancia respecto de sí mismo es una condición fundamental para la orientación lingüística en el mundo y, en este sentido, toda reflexión es, de hecho, un acto de libertad”. La noción de inteligencia se ha vuelto tan relativa y ha perdido sus raíces históricas, pero lo fundamental, en mi opinión, es que el “inteligente” que no reflexiona y que es incapaz de poner en marcha la Frónesis —es decir, que es desatento a los principios y fines humanos—, ya sea en el conocimiento, en la historia de las ideas o, principalmente, en la moral y en la política, puede ser cualquier cosa menos inteligente: es oportunista, habilidoso, comentador interesado, lenguaraz mediático, memorioso, trepador social y demás lindezas, pero no se aproxima a un concepto fuerte de inteligencia o de inteligente. Y en el extremo: ¿Qué podríamos añadir sobre la inteligencia de tantos gobernantes en México provenientes de la farándula; de las dinastías familiares corruptas; del oportunismo y del clientelismo político; de la clase financiera más poderosa, etcétera… Esto me llevaría a pensar y escribir acerca del “estado mental” de un país como México, por ejemplo, pero, por el momento, el espacio se ha terminado.

 

Guillermo Fadanelli
Escritor. Entre sus libros: Mis mujeres muertas, Mariana Constrictor y Hotel DF.

 

5 comentarios en “La inteligencia

  1. Es, pues, la inteligencia, “el uso comprensivo de nuestros conceptos y medios de pensamiento”.

    usted al escribir esto convalida la inteligencia de Hitler o de cualquier otro caso similar, creo que la intención del artículo era todo lo contrario y por ello aunque apasionado el artículo falla. pero a eso venimos al mundo a mostrar pasión así qu le transmito mi alegría y placer al leerle. quedo de usted.

  2. Estoy de acuerdo con usted. Solo que ellos lo saben y a los que nos debería de importar no hacemos mucho.

  3. Pues podríamos añadir que aunque los Murat, Hank, Yunes…etc… etc… tuvieran inteligencia, pocas oportunidades tendrían para demostrarlo (y de que sirviera para algo). Andar en la farándula o tapando corruptelas o trepar, los consume (las telenovelas de televisa los retratan tal cual). No se es bailador si no se baila. No se es inteligente si no se intelige. Ademas, por no ejercer la inteligencia terminan por no heredarla. Y en este país de abuelos ricos y nietos pobres, no se puede hablar de políticos y gobernantes de prosapia, aunque se vistan de seda mientras dura la fiesta.

  4. Ha sido algo que incómoda etiquetar con inteligente,ci , poco inteligente me parecen etiquetas que violentan.

  5. Señor Guillermo. ¿Es usted amigo del profesor Félix Aragón Fuentes, del IPN? Se lo pregunto porque ya había escuchado de usted en algunas pláticas con mi profesor. Él dice que lo conoce. Y ahora que veo éste excelso comentario sobre la ambigüedad del concepto de inteligencia y que es usted el autor, me surgió la duda. Saludos.