Hay un punto en el que ya no se cuentan los años de una guerra. En el primero las muertes daban la impresión de valer por la esperanza. Al segundo lo acompañó la incredulidad de la violencia. Los números dejaron de tener rostro. Cuando los cuerpos se cuentan de diez mil en diez mil, las cifras aumentan sin que eso diga nada. La muerte se pierde en la muerte, escribí en algún libro. Tres años, cuatro años, cinco años. ¿Qué habrá después de la guerra?
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