En esta pieza [The Man Who Had All the Luck] me enfrenté con una cuestión para la que no existe respuesta, la cuestión de la justicia del Destino. ¿Por qué fracasó un hombre, y por qué otro, con más o menos las mismas cualidades, tuvo éxito en la vida? Quizá seguí en mis sentimientos a una fuerza misteriosa que se acumulaba en mí, y la confronté con mi impresión de que les faltaba a otros. Pero ya en 1939, antes del comienzo de la guerra, y directamente después de mis estudios, había escrito una gran tragedia acerca de la destrucción de Moctezuma por Cortés, con un tema interior bastante emparentado con aquél. Así como el exitoso David Beeves, el héroe de The Man Who Had All the Luck, es destruido por la ilusión de su impotencia, de la misma manera se autoconvenció Moctezuma de que el Destino le había enviado los extraños seres blancos que llegaron por el mar, y que esos seres lo exaltarían como un dios después de que él, como creía, hubiese conquistado el resto del mundo con sus aztecas y no le quedase más nada que hacer en esta vida. De manera muy distinta se plantea la misma cuestión en ambas piezas, la casi onírica irrealidad del éxito y el poder. Debo añadir como aclaración que ambas piezas advertían acerca de la parálisis de la voluntad en las democracias, mientras que Hitler, semana a semana, se acercaba cada vez más al dominio de Europa.

Fuente: Arthur Miller, Timebents, Grove Press Inc., Nueva York, 1987. (Con las gracias a Ricardo Bada.)

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