Navidades

Del humedal del pino baja la sierra lodosa,
ensimismada,
hecha para sí ceniza y aguardiente,
espuma en la caverna.
Del mercado sale la mano hábil,
el frotamiento, el dique que la contiene.
Se topan en la proximidad,
solsticio y anunciación,
flor de invierno.
A culatazo limpio vence el año,
el ánimo, las tropelías.
El pino es un hacha de luz en la noche,
guarida bajo la lluvia,
calma chicha en medio del sol,
bocabajeado el soldado de Rimbaud.
Pareciera testigo inquieto
dando constancia del bien a nuestro alcance
que con los grumos de la rabia,
de las costras lava, dice, podemos.
A sus pies crecen el humo y el heno,
el musgo,
el nacimiento y el amor.

Bonampak

En el desierto de Atapaca
salido casi de una de las respuestas que desestiman
o deslían el recorrido guerrero de Bonampak
todo concentrado de nuevo. Llegados
con la seda del cuerpo arremangado y sonriente
por el camino al río
Huacapa arriba y pedregoso
como si se dirimiera.
¿Qué servías ebria de carne y dientes,
peces y pecas, infancia en el arma y el cuero,
atenuamiento?

El vegetal del tambor pica a retina,
retumba una paz extraña antes de la batalla
como un videojuego abriéndose en canal
todo a la esfera.
Rumian cada uno lo que sucede, espectadores.
Duermes en unos brazos en el atrevimiento, el descubrimiento,
los veinte años siendo tuyos también, a deshora,
despertando, atreviendo.
Todo está a la espera entre la desilusión y el acontecimiento
que no llega, como la lluvia que no llega. Y cae.

 

Pedro Serrano
Poeta, traductor y editor. Su libro más reciente es de ensayos: Defensas (Fractal/Conaculta, 2014).