En el museo histórico de Dolores, un pueblo agrícola ubicado al sur de la provincia de Buenos Aires en Argentina, se conserva un acta de defunción redactada en la jerga de los gauchos argentinos. Dice:
       “El infrascripto, Eusebio Rodríguez, alcalde, certifica que don Manuel Chico, que muerto lo tengo de cuerpo presente, tapao con un poncho pampa al parecer reyuno, le sorprendó la muerte al salir de un baile de don Rufino, el Catalán de la quebrada de doña Pepa, lugar muy conocido y de pública voz y fama en el lugar. INTERROGAO el cadáver por tercera vez, y no habiendo tenido el infrascripto respuesta categórica alguna, resuelve darle sepultura en el campo de los desaparecidos, conforme cuadra su circunstancia física de que certifico. ACTA: hago constar que el finao era muy amante a la bebida y muy dao a las galanterías amorosas, por cuya circunstancia tenía una cicatriz por quemadura en la quijada izquierda producida por un cucharón de grasa caliente que le arrojó al rostro de la cara la hija de la parda Nicolasa, por no se sabe qué safaduría”.

Fuente: Jorge Halperín, Mentiras verdaderas. 100 historias de lujuria, horror y sexo que alimentan las mitologías populares, Atlántida, Buenos Aires, 2000.

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