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Parrasio, se dice, entró en una competencia pictórica con Zeuxis, quien representó unas uvas, pintadas con tal naturalidad que los pájaros volaron hacia el sitio donde la pintura se exhibía. Parrasio, por su lado, exhibió un telón, pintado con tanto apego a la verdad, que Zeuxis, triunfante por el modo en que su obra había engañado el discernimiento de las pájaros, exigió con arrogancia que quitaran el telón para poder ver la pintura. Al darse cuenta de su error, con un alto grado de hábil franqueza admitió que lo habían superado, ya que mientras él tan sólo había engañado a los pájaros, Parrasio lo había engañado a él, un artista.

Según otra historia, tiempo después Zeuxis pintó a un niño que cargaba uvas y los pájaros llegaron a picarlas; ante esto, con un grado similar de franqueza, Zeuxis se declaró él mismo molesto con su obra, y exclamó: “Con certeza he pintado las uvas mejor que al niño, porque de haberlo pintado con éxito, los pájaros le habrían tenido miedo”.

Fuente: Lapham’s Quarterly, primavera, 2015.

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