En febrero de 2015 el Tribunal Supremo de Canadá revocó por unanimidad la prohibición del suicidio médicamente asistido. El fallo otorga un año al gobierno y a los estados para elaborar la ley correspondiente. De no hacerlo, el tribunal no procesará a los médicos que ayuden a morir. En marzo de 2015, en Francia, la Asamblea Nacional apoyó, por aplastante mayoría, 436 votos a favor, 34 en contra, la norma que declara vinculante el testamento vital y el derecho a la sedación profunda en pacientes terminales.

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¿Deben los médicos o las personas allegadas a enfermos terminales mentir cuando ayudan a morir? No deberían, pero en la inmensa mayoría de los países lo hacen. De ahí el título del artículo: El difícil camino: Eutanasia y suicidio asistido. Camino cruento que no debería serlo si sociedad y médicos comprendiesen que uno de los retos cruciales de la vida es acompañar y ayudar a morir a enfermos terminales, preservando, hasta donde sea posible, la dignidad del afectado y la de los suyos.

Canadá se suma al pequeño grupo de países que avalan una u otra práctica. La escueta lista refleja el triunfo de la contumacia y de la falta de diálogo sobre el tema más crucial de la vida: el derecho del ser humano para terminar con su vida. Razones políticas, religiosas y falta de compromiso médico hacia los pacientes terminales son las (sin)razones que impiden que la eutanasia y el suicidio asistido sean ejercicios humanos aceptados como lo son las cirugías de vesícula, los cateterismos o la prescripción de fármacos para tratar diabetes mellitus.

Cuando se habla de eutanasia, intento entender las razones de políticos y religiosos: todo es válido con tal de salvaguardar la trinchera; decir no a la eutanasia suma votos. No comprendo, en cambio, a la mayoría de los galenos, cuya ineptitud para confrontar el mayor reto médico, acompañar y ayudar a morir, es evidente. Alejados de la filosofía de la medicina y embelesados por la tecnología médica, ni les interesa el tema ni cuentan con las herramientas humanas y éticas para incluir en su bagaje las palabras eutanasia y suicidio asistido. El encarnizamiento terapéutico —seguir tratando a enfermos sin esperanzas— surge cuando la sociedad no exige respetar sus derechos y los médicos no se comprometen con sus pacientes.

Eutanasia es el acto o método que se aplica para producir la muerte sin dolor y finalizar con el sufrimiento en pacientes terminales y sin esperanza. Eutanasia activa implica la finalización deliberada de la vida por medio de una terapia encaminada a procurar la muerte. La eutanasia pasiva reviste dos formas: la abstención terapéutica —no se inicia el tratamiento— y la suspensión terapéutica —se eliminan los tratamientos iniciados. Para quienes sufren y no hay esperanza, la eutanasia activa es “más humana” que la pasiva: finaliza antes el sufrimiento y las vejaciones innecesarias. La eutanasia activa se aprobó en Holanda en 2001, en Bélgica en 2002 y en Luxemburgo en 2009.

El suicidio asistido consiste en proveer al interesado los medicamentos adecuados para terminar con su vida. El médico funge como guía pero es el enfermo quien decide cuándo y dónde ingerirlos y quiénes serán sus compañeros en el momento final. En Suiza existen dos agrupaciones que practican el suicidio asistido, Exit, avocada sólo a ciudadanos suizos (fundada en 1962), y Dignitas, establecida en 1998 y que ayuda a morir a extranjeros que cumplan los requisitos de la clínica. Debido a la imposibilidad de contar con ayuda en sus países natales, entre 2008 y 2012, 611 extranjeros terminaron su vida en la clínica Dignitas. A diferencia de Dignitas, Exit no cobra por la asistencia.

Estados Unidos es el segundo país donde el suicidio asistido es legal. En Oregon se aprobó la ley en 1997 y posteriormente se avaló en Washington, Montana y Vermont. La experiencia recogida en Oregon ha demostrado ser exitosa; en contra de las opiniones de los detractores de la eutanasia, con el paso de los años los casos no han aumentado “dramáticamente”, además, ahora, los médicos han ahondado en el tema y se ocupan con más ahínco de los enfermos terminales.

El reducido número de países donde la eutanasia y el suicidio asistido son aceptados demuestra el peso de sus antagonistas, políticos y religiosos. Son cómplices de ese impasse la sordera médica y su embelesamiento por la tecnología. Vivir con dignidad y morir con dignidad debería ser meta fundamental de la medicina. Bien lo dijo Petrarca: “Un bello morir honra toda una vida”. Las iniciativas canadiense y francesa son bienvenidas; con suerte contagiarán a otras naciones. Cuando la muerte es necesaria, precipitarla y acompañar al doliente rescata la dignidad de quien muere y de quienes lo acompañan.

 

Dignidad es un término complejo. Eutanasia es quizás la acción que más se asocia y motiva la reflexión sobre el concepto dignidad. Las definiciones de los diccionarios no ayudan. Las de la Real Academia Española, cuando se trata de seres humanos, no sirven. En su Diccionario de la lengua española enumeran ocho conceptos. Copio tres: 1. Calidad de digno. 2. Excelencia, realce. 3. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse. Los restantes poco ilustran.

El tema es complejo. Son varios los motivos. El fundamental es la mirada que cada ser humano tiene acerca de su vida, de su amor propio, y de los medios y formas gracias a los cuales “vive su existencia” y confronta sus problemas. Otros factores provienen de las modificaciones asociadas al envejecimiento. La dignidad de un joven no corresponde a la de un viejo; el primero, cuando la situación social lo permite, finca sus esfuerzos en conseguir los medios para instalarse en la vida. Los ancianos buscan acomodar las pérdidas propias de la edad a la realidad y se esmeran en contar con suficiente dinero para sortear sus problemas de salud y manutención para no depender de otros.

Economía y dignidad se entrecruzan. Para los pobres subsistir es el reto; resolver los avatares cotidianos —comer, medicamentos, agua en casa— es lucha diaria. En esa lid, la dignidad tiene otras lecturas, todas supeditadas a la supervivencia. Brecht tiene razón, “Primero comer, después la moral”. Las personas adineradas tienen más oportunidades de construir su dignidad y de ocuparse, o no, de la dignidad de los otros; pueden pensar en eutanasia, los pobres no: son víctimas de “eutanasia social” —morir en la calle, dejar recién nacidos en la vía pública—, y carecen de dinero para atenderse en unidades de terapia intensiva.

Es falso el precepto del artículo 1 del Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. La idea es falsa: derechos y dignidad están determinados por las condiciones socioeconómicas de los progenitores. Cuando pienso en eutanasia, pienso en dignidad y en derechos humanos. Cuando reflexiono sobre dignidad ante la muerte y en eutanasia recurro a Kant.

La segunda fórmula del imperativo categórico se refiere a la dignidad humana: “Obra de manera de tratar a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de otro, siempre como un fin y nunca sólo como un medio”. Kant agrega: “Lo que tiene un precio puede ser sustituido por cualquier cosa equivalente; lo que es superior a todo precio, y que por tanto no permite equivalencia alguna tiene dignidad”.

Los seres humanos son en sí mismos un fin, carecen de valor relativo —no tienen precio—, y tienen, en cambio, un valor intrínseco, esto es, dignidad.

Eutanasia y dignidad constituyen un binomio inseparable. Solicitarla, y llevarla a cabo es la decisión más compleja para cualquier ser humano. Quien pide morir enaltece dos valores fundamentales: autonomía y libertad. La autonomía es uno de los principios de la bioética. La dignidad humana, pensaba Kant, es una cuestión ética que radica precisamente en la autonomía.

Reescribo con otras palabras. Cuando la vida se agota y la muerte se prolonga, es necesario repasar la vida, hacer un alto, sumar y restar. Si la irreversibilidad de la enfermedad sepulta dignidad y autonomía, morir con la frente en alto es una opción válida. Aquel que ejerce su autonomía y precipita el final —mejor acompañado y asesorado—, enaltece su dignidad y sus valores. Recurro a Petrarca: “Un bello morir honra toda la vida”. Con Petrarca escribo: La vida es un derecho, no una obligación.

“No paro de morir…”, “Sólo soy pedazos…”, “La muerte es mía, de nadie más. Me pertenece…”, “Soy una viuda de la vida…”, “No hay cómo suturar mis heridas. La muerte me aguarda…”, son palabras de enfermos cuya vida no era vida y cuya dignidad, cobijada por su autonomía, los condujeron, acompañados, al final.

El mayor reto de la vida no es la muerte; la decisión y el proceso de morir es el verdadero problema. Ante el imparable peso de la tecnología, y la maravillosa aparatología capaz de mantener a enfermos graves por tiempo indefinido, es fundamental cavilar en ese intríngulis. No se trata de denostar a la tecnología. El meollo es darle Voz al enfermo.

Definir los límites de la vida y de la medicina cuando existir carece de sentido es tarea compleja. Entre una vida sin vida y una medicina que en ocasiones no sabe cuándo detenerse, queda el ser humano, dueño de sus bienes más preciados, su vida, su muerte.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. En 2013 publicó Decir adiós, decirse adiós (Mondadori). Este año, SextoPiso publicará Recordar a los difuntos.

 

23 comentarios en “III. El difícil camino: Eutanasia y suicidio asistido

  1. Más allá del fanatismo (ese monopolio excluyente de la verdad), percibo un interés oculto en los estamentos sociales que se oponen a la eutanasia y el suicidio asistido. Ese interés se funda en el temor a que el ser humano se haga con el control de su propia vida y desu propia muerte. Es el mismo interés que se opone, por ejemplo, a que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo (usando métodos anticonceptivos o accediendo al aborto). ¿Qué sería de los administradores de nuestros temores si no los necesitásemos para enfrentarlos? Lo que ocurriría es que los administradores de nuestros temores en el “más acá” (las autoridades civiles y militares) y los administradores de nuestros miedos en el “más allá” (las autoridades eclesiásticas) se quedarían sin la posibilidad de dominarnos. Porque no hay que perder de vista que en la base de las relaciones sociales siempre late un impulso de dominio sobre el otro. Así que, ahora que el tema de la propia muerte está sobre la mesa (y espero que así siga por mucho tiempo), quienes viven del poder ven en ello una amenaza a la que no van a querer ceder. He aquí una lucha que vale la pena: la lucha por nuestra dignidad. No podemos seguir soslayando el tema de la muerte. Hacerse dueño de la propia muerte es el último bastión de la libertad.

  2. Excelente artículo ; analizado desde diferentes puntos de vista: Filosófico ,sociológico ,médico y humanístico ;sin embargo , tenemos datos únicamente de países altamente desarrollados, (primer mundo) ;mi pregunta es si existe en México alguna legislación sobre eutanasia y suicidio asistido , y si esto podría ser posible en hospitales de salud pública ; ya que como dice acertadamente el Dr Kraus, ” economía y dignidad se entrecruzan “. Agregaría a la ineptitud de los médicos la deshumanización ante el sufrimiento , soledad y abandono ontologico del moribundo. Agradesco a la revista Nexos la publicación de artículos como” Morir con dignidad”.

    • Gabriela:
      1. En México, en el DF, existe un documento llamado “voluntades anticipadas” que le permite a la persona solicitar que no se someta a maniobras terapéuticas en caso de padecer una enfermedad terminal. No, no se discute sobre eutanasia (Dossiers como este quizás sirvan).
      2. Sí, la profesión médica no cumple en temas tan críticos como sufrimiento. Toda la sociedad esta contagiada de lo mismo. Deshumanización despersonalización, apatía….
      Gracias por tu lectura,
      Arnoldo

  3. Gracias de nuevo querido Luis,
    En efecto, a quienes detectan el Poder -Pasolini siempre escribía Poder con mayúscula- no les favorece que las personas decidan por su cuenta. Y al hablar sobre eutanasia, no sólo me refiero a las iglesias, también pienso en la industria médica, que no permite que los pacientes decidan motu propio y que, en algunos casos, consciente o inconscientemente someten a sus enfermos a encarnizamiento terapéutico.
    Abrazo agradecido,
    Arnoldo

  4. Este tema tiene tantas caras fascinantes que solo lo voy a enfocar en 2. Uno la gra hipocrecía que se mueve alrededor de él. En México como en todos los países se cometen eutanasias de todo tipo y suicidios asistidos solo soterradamente en todos niveles sociales, económicos, religiosos. Una muestra de la hipocresía es que los médicos raramente se someten a terapéutica cuando saben un diagnóstico terminal. y 2. Me apoyo en una lineas de Saramago en ” las intermitencias de la muerte ” Que sería de la filosofía y de la religión si no existiera la muerte.? Dejarían de existir. Magnífico artículo

    • Javier:
      Gracias por tus comentarios. Sí tienes razón: Se tilda de inhumana la idea de la eutanasia cuando en nuestras calles, incontables personas y bebés abandonados mueren, mueren por abandono social. A esa realidad la llamo eutanasia social: ¿quien, en el Poder, se atreve a hablar de ella? Y sí: Los médicos, son, somos, los peores pacientes.
      Saludos,
      Arnoldo

  5. No quiero parecer un simple aplaudidor, de lisonja a flor de piel, pero debo decirlo: extraordinario ensayo. Plasma la complejidad del tema en palabras digeribles para todo lector. Como lo escribí en el ensayo del señor Aguilar Camin, al personal de salud no nos enseñan a lidiar con la muerte de manera inteligente, humana ni laica. Se nos enseña a preservar la vida a ultranza y solo la experiencia, a veces, nos hace aprender. Algunos solo se hacen mas apáticos con el dolor ajeno. No estoy familiarizado con los planes educativos de nuestras universidades, pero creo que no hay planes que contemplen una enseñanza de la etica en cada año de la escuela, de forma que escale en la reflexión de cada estudiante al paso de su educación. Solo se imparte etica como “relleno” de escasa validez académica (cuando existe en las asignaturas). Se fabrican médicos mecanizados que solo leen textos muy “tecnicos” pero no estimulan a la lectura de libros que enriquezcan el pensamiento filosófico ( sin caer en lo esoterico ni lo puramente religioso). No enseñan a hablar comprensiblemente con el paciente de cualquier nivel cultural. Casi no existe la empatía con el paciente por lo sienten que nos son ajenos, que no nos importan y eso es la yesca para el conflicto. Dignidad y muerte son temas que urgen en las aulas de nuestras facultades de medicina no por un semestre sino en todo nuestro adistramiento. Valioso texto, Dr. Kraus, muchas gracias.

  6. Nacho:
    Concuerdo con todo lo que señalas. La ética no es parte de la enseñanza de la medicina. Ahora, más que en otros tiempos, debería ser materia fundamental. Debería enseñarse cada año. Ha sido desplazda por las moléculas y por la tecnología, mal usada y usada en exceso. Ese cambio ha sepultado (casi) la relación médico paciente, lo cual ha deteriorado el ejercicio humano de la medicina. Lo que más quieren los enfermos, terminales o no, es que se les hable, se les explique, se les mire, se les toque. Los CV de las faculatdes de medicina deben reformularse.
    Saludos,
    Arnoldo.

  7. El Que quita el dolor esta siendo humanista y realzando el valor universal , ya que esta dando al necesitado de sustento y abrigo los elementos que requiere para terminar con la mas alta dignidad su vida sin remedio .

    • Héctor:
      Gracias por tu nota. Debe reorientarse el camino de la medicina: Quitar dolor y acompañar son obligaciones fundamentales. Así deben (re)educares los alumnos jóvenes.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  8. Respetuosamente discrepo de varios puntos pero me refiero sólo a uno. Desconozco cuáles serán las bases antropológicas y filosóficas desde las que conceptúa el Dr. Kraus los derechos humanos. En efecto, afirma que es falso el precepto del art. 1 del preámbulo de la DUDH, el cual reputa que todos los seres humanos nacen con la misma dignidad y derechos. A contrario sensu, Kraus afirma que provienen de las condiciones socioeconómicas. Yo pregunto: de cuando acá los derechos humanos provienen de factores exógenos? En realidad los derechos humanos y con ellos la dignidad, son inherentes a la condición humana. Que las circunstancias en las que nazca no le respeten esos derechos es totalmente otra cosa. Es el Estado el que no les está respetando esos derechos, pero ni el Estado ni ningún otro factor pueden determinar los derechos y la dignidad conferidos única y exclusivamente por la naturaleza humana. Lo único que puede y debe hacer el hombre es reconocer y respetar esos derechos y dignidad. Saludos.

    • Romualdo
      Gracias por discrepar. Papel -Derechos Humanos- y realidad -miseria- chocan: La dignidad y los derechos a los cuales te refieres, y como citas, “al nacer todos tenemos dignidad y derechos”, se interrumpen, en poblaciones vulnerables, desde el útero. En México, quien nace pobre, muere más pobre, y no se le respeta. Dignidad es un concepto muy complicado. Seguramente escribiré sobre el tema en otro Blog.
      Gracias por discrepar,
      Arnoldo

      • Totalmente de acuerdo en que papel (y más que papel inherencia) y realidad chocan, pero de ahí a concluir que los derechos se “interrumpen” es erróneo. Los derechos no se interrumpen, se conculcan, se violan. Y que se hace desde el útero, totalmente de acuerdo, como se hace sistemáticamente cuando se legaliza el asesinato antes de la semana 12 del embarazo.

        • Romualdo:
          Compleja tu aseveración, “…cuando se legaliza el asesinato antes de la semana 12 del embarazo”. Otros dicen “no” a la eutanasia social: Abandonar bebés recién nacidos en las calles o en basureros.
          Arnoldo

  9. la muerte diga esta relacionada con la humanización del médico hacia el enfermo, el camino de dolor e impotencia ante los tratamientos que solo alargan el sufrimiento y la agonía de la persona es un crimen mas grave que el mencionar el concepto EUTANASIA. Gracias por su excelente articulo con todo lo humano y lo teórico explicado para los que se rehúsan a la aceptación de que “LA VIDA ES UN DERECHO NO UNA OBLIGACIÓN”

    • Gracias Carmen por su comentario,
      Tiene razón: a la gente no le gusta la palabra eutanasia, pero, ¿quièn habla de eutanasia social?; me refiero a los bebés depositados en la basura o abandonados en la calle. ¿Dicen algo los políticos?, ¿la Iglesia? ¡Hablemos, ya de eutanasia?
      Saludos cordiales,
      Arnoldo

  10. Hola Arnoldo.
    Te felicito por lo documentado de tu artículo.
    Recomendaría además leer alguno de tus libros a tus lectores de Nexos para ampliar el entenderte.
    Sabes que aunque discrepo en algunas aseveraciones de tu artículo por tu formación liberal y la mía conservadora en cuanto a la parte Religiosa científica.Confieso que me pones a pensar y dudar, cuando hablas de dignidad humana…

    Por que sufrir?. Dios – para los que creemos o intentamos creer- permite sufrir y de ser positivo .¿por qué?.
    No cabe en la mente humana entenderlo decía San Agustín.
    Recuerdo a un célebre medico ex socio tuyo que a veces fumaba en su consultorio donde pendía un letrero que decía NO FUMAR. Y cuando le preguntaba la incongruencia me respondía el letrero es para los pacientes…

    Con respeto

    • Hola Miguel:
      ¡Que grata sorpresa encontrarte ! Y más grato diferir a partir de las diferencias (como tú y yo lo hacemos). No abogo por la eutanasia, abogo por individualizar cada historia y a partir de ahí decidir que es lo que le conviene a la persona, al ser humano que morirá, a la persona que admiras y quieres y de la cual ya no queda nada, y sobre todo, cuando su dignidad desaparece o es pisoteada.
      Me gusta mucho lo que dices de San Agustín. Y me gusta diferir: Siempre aprendo más de las diferencias que de la similitudes.
      Abrazote,
      Arnoldo

  11. Excelente este número de la revista. Estupendos artículos que nos confrontan con una realidad que en todos los niveles se evade. Hubiera querido leerlos hace 4 años, durante la enfermedad y consecuente fallecimiento de mi esposo.

    • María:
      Pues, ¡caray!, nada mejor que unos textos, como los de este número sean de utilidad. Entender, aceptar y empujar hacia la muerte cuando sea el caso -calidad de muerte- es posible.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  12. Que rico leer esto antes de dormir. Me invita a una reflexión en silencio y pensando en mis iguales, pero enfermos, sin esperanza y solo ver el sufrimiento venir sin poder evitarlo, preguntándose cuando vendrá la muerte cabrona, pero a veces tan necesaria.

    Gracias nuevamente por tu toque tan clarificador Arnold.

    Jair.

    • Jair:
      Ya nos hemos encontrado en este espacio no tan sideral: Me da gusto compartir contigo temas “urgentes” como son los de la ética médica.
      Saludos,
      Arnoldo