Siento que algo amenaza con destruirme; no busca arruinarme o desmoralizarme o perjudicarme de alguna manera, la finalidad es acabar con mi vida.

¿Sospechosos? Aprendí que los sospechosos nunca son quienes llevarán  a cabo el crimen. El criminal es siempre alguien de quien no tenemos la más mínima desconfianza.

¿Quiénes son los sospechosos?

El Dr. Jacinto, mi médico general, porque tuve un affaire con su esposa, y ella, una idiota, en una crisis de culpa, le contó todo.

El licenciado Raimundo, porque lo denuncié ante la Orden de los Abogados por prácticas ilegales, su afiliación a la orden fue revocada, ya no puede litigar.

Mi vecino, que vive en el penthouse e hizo una remodelación ilegal, en realidad un piso nuevo. Lo denuncié ante los órganos competentes y lo obligaron a demoler la obra que ya estaba con todo instalado, sistema eléctrico, tuberías y muebles nuevos. Lo encontré casualmente en el elevador y me miró con tal odio que sus ojos me deslumbraron

Mi ex amante, a quien abandoné porque se estaba poniendo muy gorda. Después de pedirle encarecidamente que se pusiera a dieta –cosa que no hacía pues comía compulsivamente—y al ver que cada vez estaba más volumétrica, perdí la paciencia y salí de casa, con apenas una maleta de ropa y mi notebook. Se quedó con todo, pero aún así le dice a todo el mundo que me odia y que quiere que me muera.

Afirmo sin lugar a dudas que esos sospechosos pueden quedar todos descartados. Quien me enseñó esa teoría de que los sospechosos nunca son los verdaderos culpables fue el detective Guedes, y yo confío en él.

Mi madre murió cuando yo era muy joven. Teníamos una casa en Búzios y mi padre nadaba con ella en el mar cuando mi madre tuvo algún problema de salud y se ahogó. Mi padre  intentó todo para salvarla. Fue inútil.

Mi padre, Adolfo y mi hermano, Lucas, están vivos. Mi padre es un hombre taciturno, que se hizo multimillonario operando en el sector financiero. Yo me formé en derecho y puedo decir que tengo una carrera brillante. Pero mi hermano Lucas nunca quiso estudiar, vive de las mesadas que mi padre le da y recientemente descubrí que me odia.

Según me dijo nuestro amigo común, Ariel, Lucas está resentido por mi éxito profesional y también porque soy un hombre bien parecido, que tiene éxito con las mujeres, y él es un tipo pequeño, feo y muy ignorante. Ariel me dijo que Lucas le confesó que su mayor alegría sería que yo me muriera. Así, él podría heredar toda la fortuna de nuestro padre.

Recientemente me encontré a Lucas –mientras yo vivo en departamento propio, mi hermano reside en casa de nuestro padre—y sacó un revólver del bolsillo y me preguntó, ¿no te parece interesante que uno tenga un arma para protegerse? Y lo dijo con una sonrisa que me pareció malévola.

Tú no necesitas eso, Lucas, le contesté.

Lo necesito más de lo que crees, me respondió con otra sonrisa que me pareció aún más amenazadora.

Ahí estaba alguien que realmente me amenazaba. ¿Sería capaz Lucas de cometer esa insensatez, intentar matarme?

Decidí buscar a mi padre. Me recibió con la sequedad habitual. Le conté la conversación que había tenido con Ariel, cuando Lucas le dijo que quería recibir él solo la herencia de nuestro padre. Después le conté nuestro encuentro, cuando Lucas me mostró el arma que había adquirido.

Mi padre me sirvió un trago. Tan pronto como acabé de beber, sentí un mareo.

¿Te estás sintiendo mareado?

Sí, papá.

No me llames papá. No soy tu padre. ¿Mejoró el mareo?

No, no…

Va a empeorar. Tu madre no murió ahogada en Búzios. Yo la maté. Me había confesado que tú no eras mi hijo, que eras hijo del chofer. ¿Crees que aquella ramera podría seguir viviendo? Maté también al chofer, fue fácil fingir un asalto. Pensé en estrangularte, pero decidí dejar eso para más tarde. Llegó la hora, te di un veneno y tienes poco tiempo de vida. Es un veneno que desaparece en el organismo y ningún forense va a encontrar el menor rastro de él. Espero que te vayas al infierno, bastardo de mierda.

Mis últimos pensamientos, antes de expirar, fueron que el detective Guedes tenía toda la razón. Los sospechosos nunca son los culpables.

Mi padre se sentó en un sillón, encendió uno de sus puros cubanos y se quedó viendo mi agonía.

 

Rubem Fonseca

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Un comentario en “Sospecha

  1. VAYA SORPRESA, ES UN VERDADERO NAUTILOS INTROSPECTIVO EN EL QUE NOS METE FOMSECA CON ESTE BREVE CUENTO , FANTÁSTICO ¡