En 1769, el virrey de la Nueva España Carlos Francisco de Croix dictó unas nuevas ordenanzas para la limpieza de calles, acequias y plazas en la ciudad de México; las antiguas no parecían haber hecho mella a cabalidad y el temor de pestes u otras enfermedades por el excesivo crecimiento de su vecindario y por los vapores de las lagunas circunvecinas, le llevó a promulgar nuevas prohibiciones.
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