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03-tierra

La santería cubana recomienda la raíz y la corteza hervidas de la planta “comecara” (Eugenia aerugines) para bañar y fortalecer los pies y las piernas de las personas que vacilan y suelen caerse a menudo. Cuando un individuo cae al suelo frecuentemente, sin causa que motive estas caídas, debe pensar que la tierra repara en él: es señal inquietante del deseo de tragárselo que acaso comienza a despertar en nuestra madre Aiyé, la tierra. No es siempre al hombre enfermo o ya caduco a quien la tierra llama, dándole a entender que le está abriendo un hueco en su seno y que se apronta a recibirlo. La tierra se encapricha, se prende de los sanos; golosea a los más fuertes, se deleita con los jóvenes. (“También traga bueno”.)

Las caídas son invariablemente de muy mal augurio. “Indicio de que algo se va a derrumbar: la suerte de negocios que se vienen abajo; la salud que decae”. Si es un santero el que cae, el asunto es mucho más grave. Si cae un “caballo” con santo, si el día de su asiento desciende un iyawó de su pilón, de su piedra o de su trono; si durante la ceremonia se le escapa de las manos al babá o a la iyalocha algún objeto sagrado, inmediatamente se consulta a Orula y se practica, a la carrera, un rito expiatorio, un ebbó —purificación y sacrificio de animales— para evitarles la muerte. Pues por suerte hay maneras de engañar a la tierra cuando demuestra un apetito prematuro, “aunque no somos más que su alimento”. Si la sepultura está abierta, se le da de comer, generalmente, un chivo.

Fuente: Lydia Cabrera, El Monte, 1ª edición, 1954; Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993.