Del placer de traducir a un gran poeta

El impulso inicial para traducir un poema es siempre la admiración: esa mezcla de reverencia, asombro y envidia que uno siente ante algo que desearía haber escrito. La admiración que me produjeron los poemas de Charles Simic desde que leí por primera vez un par de ellos fue lo que me hizo empezar a traducirlos hace casi 40 años. A lo largo de todo ese tiempo mi admiración no ha variado.

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