00-grillos

Desde tiempos antiguos, los chinos contaron al grillo entre sus animales favoritos. Durante la Dinastía Sung se volvió costumbre entre la gente mantener grillos a los que se entrenaba e incitaba para pelear entre ellos. La gente los llevaba, por ejemplo, en cáscaras de nuez dentro de sus camisas; las cáscaras estaban equipadas para suplir las necesidades de los grillos. Quien fuera dueño de un grillo famoso alimentaba moscos con sangre de su propio brazo, y cuando los moscos estaban llenos él los picaba y le ofrecía este salpicón al grillo, para excitar su deseo por la batalla. Se inventaban pleitos y técnicas especiales para incitar a los combatientes; y luego, agachada o acostada bocabajo, la gente miraba pelear a los grillos. A una de estas pequeñas criaturas que se hubiera distinguido por una valentía fuera de lo común, se le honraba dándole el nombre de un general de la historia china, ya que la gente suponía que el alma de este general habitaba ahora el cuerpo del grillo. Debido al budismo, la mayoría de la gente veía la creencia en la transmigración de las almas como algo ya natural, de modo que tal noción no era nada abstrusa. La búsqueda de grillos apropiados para la corte imperial cubría la tierra entera, y se pagaban precios muy altos por especímenes promisorios. Se contaba que, durante el tiempo en que el imperio Sung era invadido por los mongoles, el comandante en jefe chino se encontraba echado bocabajo mirando una pelea de grillos cuando recibió la nueva de que la capital estaba rodeada por el enemigo y corría gran peligro. No pudo separarse de los grillos; primero tenía que saber quién ganaba aquí. La capital cayó, y ese fue el fin del imperio Sung.

Fuente: Elias Canetti, Kafka’s Other Trial, Calder and Boyars, Londres, 1974.

 

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