La cadenita empezaría por aquí. En la primera edición de las Obras de Carlos Pellicer. Poesía (edición de Luis Mario Schneider, FCE, 1981), la sección de “Primeros poemas. 1913” [—12, en realidad—] 1921 al abrir con “Balada del crepúsculo” da ese poema como el primero de Pellicer. Comienza: “La tarde iba a morir. Sobre las olas,/ el Sol una mirada postrera envió;/ cerró los párpados… ya sus corolas/ de luz abrían los astros cuando murió”. Años más tarde en su Carlos Pellicer. Breve biografía literaria (Ediciones del Equilibrista, 1997) Samuel Gordon escribió: “El poema más antiguo que (de Pellicer) se conoce hasta la fecha es ‘Balada del crepúsculo’, escrito al reverso de una tarjeta postal en 1912, aunque en 1910, cuando cursaba el 6º. de primaria en la Escuela Ponciano Arriaga, escribió un breve poemita, ‘El cóndor’, entre el 25 y el 29 de agosto”. Sobre esto último, en nota al pie, Gordon dice que tal información se la ha proporcionado Carlos Pellicer López, sobrino y agradecible albacea literario del poeta desde su muerte (1977). Vamos entonces a la Poesía completa (Ediciones del Equilibrista, 1996) en edición de los mencionados Luis Mario Schneider y Carlos Pellicer López. “El cóndor”, fechado en 1911, comienza: “Soñé ser el cóndor colosal, el de los Andes/ Que surca el cielo desafiando soles,/ Burlando abajo las soberbias moles/ De los picos nevados los más grandes”. Uno se preguntaría por el desfase entre la mención de Gordon al norte de “El cóndor” que le dio el sobrino de Pellicer en un libro posterior, publicado en 1997, siendo que aparecía ya en la Obra poética de 1996. Creo recordar o habérmelo explicado: aunque los tres volúmenes de la Obra poética tienen como fecha 1996 en el pie de imprenta, aparecieron con varios años de diferencia entre sí, de modo que el volumen III donde viene “El cóndor” sería posterior a 1997. Ahora bien, este volumen III en su sección “Primeros poemas. 1911-1921” no abre con “El cóndor” sino con otro poema de Pellicer, fechado en “México, 24 de noviembre de 1911”. El “primer poema” de Pellicer comenzaría entonces: “Furioso el mar estaba./ Las altas olas desgastaban rocas./ El ave, triste volaba/ Dejando el lugar de furias locas”. Es claro que en sus primeros poemas Pellicer aún no sonaba a Pellicer sino digamos a poesía de poetas.

Escribo lo anterior porque en el último libro de un pelliceriano inveterado, Álvaro Ruiz Abreu, La esfera de las rutas. El viaje poético de Pellicer (Bonilla Artigas Editores, 2014) me pareció encontrar el primer poema de Pellicer, anterior incluso a “Balada del crepúsculo”, “El cóndor” y “Furioso el mar…”. Ruiz Abreu incluye un pasaje de una de las Cartas desde Italia de Pellicer, “una escena audaz y fina de su infancia en Tabasco”. En 1927, en Florencia el poeta es recibido por grandes pintores de los siglos XV y XVI que le brindan una cena en su honor. Escribe Pellicer que uno de los comensales, hermano del gobernador de Tabasco, “recordó mi infancia llena de trompos y marquesotes a la salida de la escuela y de cuando siendo un chaval de 10 años, quise guardar una tarde en una caja de pañuelos para que no se ajara, primer síntoma de mi poderosa anormalidad”. Pellicer, nacido en 1897, habría hecho ese poema en 1907. Se dirá que tal hallazgo no es propio de Pellicer sino de la infancia: como se sabe, todos los niños son poetas. Es posible. Sólo me adelanto a señalar que entonces, o dado el caso, ese niño era bien pelliceriano. En aquella manera o aquel intento (o aquella “intención”: palabra grata al poeta) de guardar una tarde, Pellicer ya sonaba a sí mismo; Pellicer ya había sonado a primer poema de Carlos Pellicer.

Luis Miguel Aguilar
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Pláticas de familia (disponible en ebook), Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.

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