Este 2014 la poeta canadiense Anne Carson publicó un poema-ensayo, poemsayo, titulado “The Albertine Workout”, referido a un personaje de Marcel Proust. En mi generación la palabra “workout” está asociada con la actriz Jane Fonda y un video protagonizado por ella en los 1980 donde lideraba una ardua rutina de ejercicios físicos para mantenerse en línea. Mi antiguo diccionario Velázquez de inglés-español dice de “To work out, Acabar alguna cosa a fuerza de trabajo; borrar o expiar, cuando se habla de faltas, culpas, etc.; lograr o conseguir un objeto a fuerza de fatigas” (esta acepción es la adecuada para los ejercicios de Jane Fonda); “ejecutar, efectuar; agotar (una mina)”.

El “workout” de Carson respecto a Albertine consta de 59 párrafos o entradas, producto de una meticulosa lectura de la novela En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Me encantó el ejercicio o la rutina de ejercicios en el poemsayo de Carson; vierto de corrido las nueve primeras entradas. 1. Albertine, el nombre, no es un nombre común para una muchacha en Francia, aunque Albert es un nombre extendido para nombrar a un muchacho. 2. El nombre de Albertine aparece dos mil 363 veces en la novela de Proust, más que el de cualquier otro personaje. 3. La misma Albertine está presente o es mencionada en 807 páginas de la novela de Proust. 4. Durante un buen 19 por ciento de estas páginas ella está dormida. 5. Hay la creencia entre algunos críticos, incluyendo a André Gide, de que Albertine es una versión disfrazada del chofer de Proust, Alfred Agostinelli. A esto se le llama la teoría de la transposición. 6. Albertine constituye una obsesión romántica, psicosexual y moral para el narrador de la novela sobre todo a lo largo del volumen cinco de los siete volúmenes (en la edición de la Pléiade) de la obra de Proust. 7. El volumen cinco se titula La Prisonnière… Roger Shattuck, un experto mundial en Proust, afirmó en un estudio premiado en 1974 que este es el volumen de la novela que un lector falto de tiempo podía saltarse por completo y sin menoscabo. 8. Los problemas de Albertine son (desde el punto de vista del narrador) a) mentir, b) el lesbianismo y (desde el punto de vista de Albertine) a) estar presa en la casa del narrador. 9. Su mal gusto musical, aunque se señala varias veces, no es un problema.

Un tipo de problema aparece en lo que sigue: “10. Albertine no le llama al narrador por su nombre en ninguna parte de la novela. Ni ella ni nadie. El narrador insinúa que su nombre propio pudiera ser el mismo nombre propio que el del autor de la novela, i.e. Marcel”. Ante esto saltó de inmediato un lector de la publicación, London Review of Books, donde apareció el poema. El motivo del salto es, en efecto, el que por mi parte tengo marcado en la página 167 de mi edición de La prisionera (traductor: Consuelo Berges; Alianza Editorial, Madrid, 1970). El narrador menciona su gratitud porque en una situación dada Albertine ha escogido estar con él y no con sus amigas. Un mensajero en bicicleta le trae una esquela de Albertine: “Mi queridísimo Marcelo, llegaré un poco después que ese ciclista al que le quisiera quitar la bicicleta para estar más pronto a tu lado. ¿Cómo puedes creer que pudiera enfadarme y que haya algo más divertido para mí que estar contigo? Sería estupendo salir los dos, y más estupendo todavía no salir nunca más que juntos. ¡Qué cosas se te ocurren! ¡Qué Marcelo! ¡Qué Marcelo! Tuya, toda tuya, Albertina”. Varias páginas atrás de esto, en la 78 de mi edición, el narrador dice que al despertar Albertine de una parte de su “buen 19 por ciento en que se la pasa dormida” como tantea Carson, “al recuperar la palabra, decía: ‘Mi’ o ‘Mi querido’, seguidos uno y otro de mi nombre de pila, lo que, dando al narrador el mismo nombre que el autor de este libro, hubiera sido: ‘Mi Marcelo’, ‘Mi querido Marcelo’”. De modo que frente a las dos mil 363 veces en que aparece el nombre de Albertine, el de Marcel aparece al menos cinco. El lector habría tenido razón en saltar de inmediato contra la pifia o el descuido de Carson.

Ahora bien. Quizás el lector saltó a tiempo: 1. Carson se equivocó al decir que nadie llamaba al narrador por su nombre. Pero quizás el lector se precipitó en su salto porque, 2. Carson lo hizo adrede. Y de ser así, 2. a) Carson incurrió con acierto en ese error: el poemsayo es más eficaz si registra que el nombre de Albertine aparece dos mil 363 veces en toda la novela de Proust y el nombre de Marcel, ni por acaso, alguna.

 

Luis Miguel Aguilar
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Pláticas de familia (disponible en ebook), Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.

00-entrega-inmediata

 

Un comentario en “El caso Albertine