La lectura en estas mismas páginas del cuento “Samsa enamorado” (Haruki Murakami, nexos 438) me recordó que hay modos más a modo de ser un personaje de Kafka, antes de transformarse en insecto (o en humano, como lo ideó Murakami).

• Me opongo a que el modo más a modo de ser un personaje de Kafka consista en vivir en México; la frase de que si Kafka hubiera nacido en México habría sido un escritor costumbrista. Y sin embargo la recurrencia pesadillesca de tal “certeza” sí puede hacernos personajes de Kafka. No ocurre sólo en México; podríamos llamarle el modo Italo Calvino: “Leyendo a Kafka no puedo menos que comprobar o rechazar la legitimidad del adjetivo ‘kafkiano’ que escuchamos cada cuarto de hora aplicado a tuertas o a derechas” (Por qué leer los clásicos, Tusquets, 1992). No vivir Kafka, sino leer a Kafka en México para comprobar o rechazar infinitamente la legitimidad del adjetivo “kafkiano” en nuestro caso, nos hace un personaje de Kafka.

• Para ser un personaje de Kafka hay otro modo que encontré en Elias Canetti (Kafka’s Other Trial, Calder and Boyar, 1974), referido a la indecisión, mejor dicho a las diversas posibilidades abiertas en muchas direcciones, que al serlo proscriben todo movimiento. Sobre todo respecto al futuro. Uno es personaje de Kafka si da pasos tentativos hacia posibilidades de futuro perpetuamente cambiantes. No hay un futuro, hay muchos futuros; esta multiplicidad paraliza o pone una carga insostenible en cada, o a cada, paso. Kafka nos escribe, nos imposibilita así a sus personajes: “No puedo contar bien una historia de manera apropiada; de hecho apenas puedo hablar; cuando digo una historia tengo por lo general el tipo de sentimiento que los niñitos probablemente experimentan al dar sus primeros pasos”.

• El texto de Borges sobre “Kafka y sus precursores” ofrece varios modos de ser un personaje de Kafka según el eventual guión kafkiano de otros. “En cada uno de estos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor; pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría”. Entre los que menciona Borges, el texto más a modo para ser un personaje de Kafka es una parábola de Kierkegaard sobre expediciones al Polo Norte. “Los párrocos daneses habían declarado desde los púlpitos que participar en tales expediciones conviene a la salud eterna del alma. Habrían admitido, sin embargo, que llegar al Polo es difícil y tal vez imposible y que no todos pueden acometer la aventura. Finalmente, anunciarían que cualquier viaje —de Dinamarca a Londres, digamos, en el vapor de la carrera— o un paseo dominical en coche de plaza, son, bien mirados, verdaderas expediciones al Polo Norte”. Para ser un personaje de Kafka basta el intento de algo imposible: un paseo dominical.

• Walter Benjamin (Iluminaciones 1, Taurus, 1972) encuentra, claro, en la obra de Kafka “al ciudadano del Estado moderno entregado a un inabarcable aparato burocrático”. Pero Benjamin inserta un además, a modo para ser un personaje de Kafka. “Además… aludo como hombre moderno de la gran ciudad al coetáneo de los físicos actuales” (1938). Benjamin cree escuchar a Kafka en un pasaje del físico Eddington sobre la imagen del mundo: “Estoy en el umbral de la puerta, a punto de entrar en mi cuarto. Lo cual es una empresa complicada. En primer lugar tengo que luchar contra la atmósfera que pesa con una fuerza de un kilogramo sobre cada centímetro cuadrado de mi cuerpo. Además debo procurar aterrizar en una tabla que gira alrededor del sol con una velocidad de 30 kilómetros por segundo; sólo un retraso de una fracción de segundo y la tabla se habrá alejado millas”. Etcétera.

• El modo W. H. Auden  (La mano del teñidor, Barral, 1974) para ser un personaje de Kafka. “Durante la guerra, yo había pasado un largo y cansador día en el Pentágono. Habiendo cumplido mi encargo, me apresuré por largos corredores, ansioso de llegar a casa, y llegué a una puerta giratoria junto a la cual un guardián estaba parado. ‘¿Dónde vas?’, dijo. ‘Estoy tratando de salir’, le respondí. ‘Ya estás afuera’, dijo. En ese momento sentí que yo era K”.

 

Luis Miguel Aguilar
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Pláticas de familia (disponible en ebook), Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.

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