No es una sorpresa descubrir que idiomas con un mismo origen, el latín, por ejemplo, se asemejen. Lo sabemos no por la lingüística, sino por la geometría de Euclides: “Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí”. Eso nos lleva en ocasiones a tropezar con “falsos amigos”: palabras que se parecen en sonido y no en significado.
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