Laurence Gopnik, catedrático de física, abandona su casa para que su esposa pueda consumar una relación romántica con su amante y vecino, Sy Ableman. La tragedia azota la vida de este Job moderno: no sólo debe vivir con un hermano enfermo en el cuarto de un hotel infame, sino que sus hijos se muestran insensibles a su situación. Además debe pagar los honorarios de los abogados, producto de las decisiones de su esposa y por si fuera poco, enfrenta problemas laborales. La película de los Cohen, A serious man (2009), nos hace un guiño con el Antiguo Testamento en las manos y nos recuerda la vigencia que nunca ha perdido, escenificándolo en un vecindario estadunidense de los sesentas.

Bajo la máscara de la racionalidad, los personajes de esta historia reprobarán la búsqueda de Gopnik por una explicación a todo lo que sucede, pero la pregunta es válida, ¿qué quiere decirle Hashem1 a través de todos estos pesares? Es conmovedor cuando Gopnik pregunta a uno de los rabinos“¿Por qué Él nos hace sentir las preguntas si no nos va a dar ninguna respuesta?”. Esta es una inquietud universal, se puede escuchar el eco de Dios preguntando a Job “Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su lengua? […] ¿Pactará contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?” Tal como lo señaló el crítico literario Harold Bloom, este verso es un “sarcasmo divino”.
El Leviatán, creación de la cual Dios se muestra orgulloso, es más que una representación de la naturaleza, es también lo indomable e incomprensible de la vida si se quiere. Es por ello que se enfatiza la impotencia del hombre en ese sencillo verso del libro de Job: no hay pactos, no hay explicaciones, mucho menos dominio. En un mundo obsesionado con respuestas, el pueblo hebreo siempre ha tenido muy claro que no hay ninguna.
Sin duda, uno de los pasajes más enigmáticos del libro del Éxodo es aquél en el que a pesar de que Moisés va a cumplir la tarea encomendada por la zarza ardiente, Yavé intenta matarlo. Para Bloom esto es una prueba más de que “la identificación total con la voluntad de Dios es imposible: él no es predecible”. Las líneas del poema 28 del libro de Job niegan que la sabiduría se encuentre en el abismo o en la tierra de los vivos y ofrecen una conclusión que ha de servirnos para toda una vida: “el temor del Señor es la Sabiduría, huir del mal, la Inteligencia”.
Familia y pertenencias pueden quedarse atrás y perderse en la diáspora, pero los textos y música judía están orientados a lo único que puede sobrevivir esa suerte: la palabra. Identidad y fe se erigen sobre el lenguaje porque en él se ha develado todo. Esta resignación también se encuentra presente en la letra de algunas de sus canciones folclóricas, en el poema musicalizado Der Yid Mitn Fidl de Lutzky se retrata a la esposa que suplica a su marido violinista convertirse en sastre y hacer algo de dinero, a lo que el músico sólo puede responder “la vida es amarga y la canción es dulce”.
Der Yid Mitn Fidl
Dem Milner’s Trern de Warschawski es quizá un poco más explícita en este sentido: un molinero viejo tiene que dejar el único trabajo y vida que conoce, su preocupación es que no tiene en dónde vivir ni nadie que cuide de él, a la par se queja “los años pasan, sin un fin y sin un propósito. Exilado de la felicidad, permanezco sin esposa e hijo, solo yo”. Esta canción es el leit motif de A Serious Man.
Dem Milner’s Trern
Retomando la desventura del personaje de los Cohen, Laurence busca el consejo de los rabinos de su comunidad. Mientras que el joven rabino Scott le sugiere ver las cosas de manera distinta y cambiar su enfoque, el rabino Nachtner le habla de la imposibilidad de conocer la voluntad de Hashem (una reiteración más de la idea central del libro de Job). Y entonces está el rabino Marshak, la gran cabeza del templo.
Una lectura que podría darse sobre el personaje del rabino Marshak es que se trata de Dios, ya que es el único personaje cuya sabiduría no es puesta en tela de juicio y ofrece una respuesta definitiva a toda la trama; lamentablemente dicha respuesta no se le ofrece a Larry Gopnik, sino a su hijo Danny. Después del Bar Mitzvah, el joven Gopnik atraviesa un estudio lleno de motivos biblícos para toparse cara a cara con Marshak, quien le regala unas palabras que le acompañen en esta nueva conversión, la de ser un hombre y las cuales dan un cierre formidable al filme.
Al igual que el Dios del Antiguo Testamento, el final de A serious man tampoco tiene concesiones. Cuando el profesor Gopnik, que no fumaba ni un cigarrillo, decide aceptar el soborno de un alumno para cubrir los gastos de su problemática vida, el teléfono suena: aparentemente, su médico quiere hablar inmediatamente con él sobre los resultados de unos análisis mientras que, y esto es sólo para el espectador, la escuela de su hijo será arrasada por un tornado. Siempre puede ser peor.
La interrogante es inherente a nuestra naturaleza, pero más allá de incuestionable, si en algo insiste el Leviatán con una mueca serena, es que la voluntad de Dios es incomprensible. Las desgracias de Larry Gopnik pueden tener o no sentido, pero jamás recibirán explicación alguna, así pues, cuando nos encontramos en una encrucijada, quizá con todas nuestras cosas en una caja de cartón, traicionados, desterrados de lo que conocemoss y sin otra opción más que comenzar de cero, la respuesta que el Rabino Marshak ofrece a Danny y también a la audiencia –misma que parafrasea de una canción de Jefferson Airplane–puede ser dura, pero también es acertada: “When the truth is found to be lies and all the hope within you dies, then what? Be a good boy”.
Aura Antonia García.
*Ilustración de Adriana Bravo.
1 Nombre de Dios.