Al correr de los años, y gracias a una gran cantidad de novelas caballerescas y picarescas leídas en las horas vespertinas y nocturnas, Sancho Panza —quien por lo demás nunca se vanaglorió de ello— consiguió despistar de tal modo a su demonio —al que luego daría el nombre de Don Quijote—, que éste acometió como barco sin remos las más locas hazañas, las cuales, no obstante, por falta de un objeto predestinado —que justamente hubiera debido ser Sancho Panza—, a nadie perjudicaron. Sancho Panza, un hombre libre, acompañó sereno a Don Quijote en sus andanzas, quizás por un cierto sentido de la responsabilidad, y obtuvo de ello una muy grande y útil diversión, hasta el fin de sus días.

Traducción de Ricardo Bada


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Incluido en: Bruno Estañol (selección, prólogo y comentarios), El doble, el otro, el mismo. Cuentos clásicos, Cal y arena, México, D.F., 2012.


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Franz Kafka (1883-1924) al igual que Shakespeare, Cervantes y muchos otros, ensayó la ficción dentro de la ficción. En este breve texto muestra que la imaginación es la única forma de libertad concedida al hombre: “Sancho Panza, un hombre libre”. De singular libertad de pensamiento y de imaginación, Don Quijote es el sueño de Sancho Panza. Menos inverosímil es la tesis de que Sancho Panza fuese el sueño de Don Quijote, quien nunca salió de su casa y soñó todas sus aventuras y desventuras entre ellas la de su escudero, que comparte su locura.


El doble, el otro, el mismo incluye cuentos de Nathaniel Hawthorne, H. G. Wells, Robert Louis Stevenson, Marcel Schwob, Franz Kafka, Guy de Maupassant, Nikolái Gógol, Ambrose Bierce y Edgar Allan Poe.


 

2 comentarios en “La verdad sobre Sancho Panza

  1. Franz Kafka me impactó al leerlo; sobre todo cuando leí “Metamorfosis”. Tenía una manera de escribir soberbia. Considero a Kafka como un escritor con similitud en su manera de hacerlo a Fédor Mijáilovich Dostoyevsky, con “Crimen y Castigo”. Las comparaciones desde luego nunca son buenas; pero en este caso, la comparación radica en el sentido de que el lector es atrapado por ambos escritores en sus obras, a tal grado que la concentración en la lectura absorbe en absoluto. Ambos, realmente magistrales. Será tal vez porque plasmaron en las letras la tormenta de sus vidas. Ambos personajes padecieron muchas vicisitudes.