Ahora que el alboroto de la reforma energética se ha apaciguado, parece que el hueco dejado por las protestas ha sido reemplazado por una ola de silencio e indiferencia. El futuro energético del país ya no está en las primeras páginas de los periódicos nacionales, menos aún de los internacionales, y también se ha callado ese enfado apasionado que llenaba las calles, los cafés y hasta los perfiles de Facebook.

Sin embargo, la mayoría de las voces que incendiaron el verano luchando para defender (en escasas ocasiones) o atacar la reforma energética sólo se preocuparon de definir el destino de la industria petrolera nacional, descuidando una gran porción del sector, es decir, las energías renovables.

En México, donde los recursos renovables abundan, implementar políticas para aprovecharlos abriría las puertas a enormes beneficios en términos económicos y de calidad de vida. Nicho de mercado, ambición sustentable y rescate ambiental, las energías renovables se han convertido en la imagen de un futuro próspero, a todos los niveles, desde el global hasta el local. ¿Pero hasta qué punto el desarrollo que ha vivido la industria verde de México puede considerarse un logro efectivo?

En menos de una década México ha avanzado enormemente en el tema de la energía limpia, invirtiendo y propulsando proyectos verdes en pequeña y gran escalas, mejorando el marco gubernamental e institucional y sobre todo atrayendo inversión extranjera, con la esperanza de poder convertirse en uno de los principales mercados globales del sector. Esta tendencia ha sido largamente favorecida por los cambios actuales que están transformando el entorno de la industria energética, sea global o nacional. A nivel mundial los avances tecnológicos, las ventajas de mayor producción mediante economías de escalas, las cuestiones geopolíticas —principales causas de la volatilidad del precio del petróleo y los esfuerzos mundiales para bajar las emisiones de carbono—, han llevado a un decremento sensible de los costes de la tecnología verde y de la producción de energía eléctrica renovables. Al mismo tiempo, la crisis económica en Estados Unidos y Europa ha favorecido a los mercados emergentes, transformándolos en excelentes oportunidades de inversión para las grandes compañías occidentales.

En este escenario, el México de hoy y del maravilloso mañana dibujado por las previsiones económicas, se ha convertido en algo parecido a El Dorado.

En términos de recursos, México posee uno de los potenciales más altos del mundo, su numeralia es asombrosa: 14.501 MW de potencia ya instalada, 185 proyectos y 253 instalaciones distribuidos por toda la República, una reducción estimada de 26 millones de toneladas de carbono al año, 5kWh/m² de radiación solar diaria, ¼ del total de su electricidad generado por centrales hidroeléctricas, 40 mil MW de potencial en energía eólica y un complejo eólico ya operativo de 306 MW de potencia, el mayor de América Latina.

Desde 2003 hasta 2012 México ha atraído siete mil 800 millones de dólares en inversión extranjera para proyectos de energía limpia, sobre todo en el sector eólico y solar. De hecho, aunque si tradicionalmente la propensión de los gobiernos ha sido buscar soluciones más económicas y de rápidos resultados para la generación de energía, desde los comienzos del nuevo siglo hubo un cambio de rumbo importante que ha permitido convertir a México en la segunda plataforma de energías alternativas de la región.

Sin embargo, el fomento de la industria verde ha seguido el paradigma clásico de desarrollo; es decir, cambiar el marco, facilitar el acceso al mercado a las empresas extranjeras y recaudar el capital necesario para desarrollar la arquitectura industrial nacional. En efecto, su excelente ubicación geográfica, el enorme potencial de recursos y la proximidad al suculento mercado americano, no habrían sido elementos suficientes sin la implementación de herramientas técnicas aptas a atraer inversiones y sin las ventajas de servicios, productos y mano de obra a bajo coste.

En este proceso de reinvento de la industria verde mexicana, el primer paso fue crear un marco legal más atractivo, introduciendo leyes y regulaciones para permitir la participación del sector privado y crear los incentivos fiscales necesarios para mejorar la rentabilidad de los proyectos con energías no convencionales.

En 2009 la aprobación de la Ley para el Aprovechamiento de las Energías Renovables y Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE) ha sido el paso definitivo para establecer un marco regulatorio específico para la generación de electricidad con fuentes alternativas. De la misma forma, el Programa Especial para el Aprovechamiento de Energías Renovables ha introducido acciones y metas nuevas y muy ambiciosas, fijando como objetivo llegar a generar 35% de electricidad con tecnologías limpias para 2024.
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Por otro lado, el sector financiero con su amplia variedad de institutos y  bancos de desarrollo, incluyendo la Nacional Financiera, la FIRA , Financiera Rural, Bansefi y el FIDE, que otorgan financiamientos fácilmente, se ha convertido en un jugador clave para cautivar el interés de las empresas extranjeras de todos los tamaños. Sin duda, la creación del Banco de Energía para que los productores que generan energía en exceso abastezcan o vendan tal superávit a la CFE, ha transformado las ideas verdes desde opciones de compromiso social a negocios lucrativos. México ofrece también una tarifa preferencial para eximir a todos aquellos que generan energía mediante fuentes renovables y de cogeneración de la tasa de transmisión de carga, aplicada a los recursos tradicionales; o esquemas que privilegian a los productores particulares y a los proyectos de pequeña escala con reducciones tarifarias, una exención de impuesto para las importación y exportación de equipos anticontaminantes y un sistema de depreciación de 100% de los activos fijos para las inversiones en maquinaria y aparatos para la generación de energía a través de fuentes renovables.

Por eso los beneficios del actual aparato financiero mexicano se han sumado a una característica peculiar del mercado nacional, que lo diferencia sobre todo del europeo: la ausencia de subsidios directos mediante los sistemas de feed-in tariffs, responsables de haber erosionado la rentabilidad a largo plazo de las plantas energéticas. El hecho de que la intervención del Estado sea limitada y que la economía de la industria renovable sea regulada sólo por las leyes del libre mercado es sin duda la guinda del pastel.

En los últimos años México ha levantado una verdadera fiebre de las renovables con enormes empresas extranjeras que han visto en el potencial local una vía de escape a la decadencia del mercado europeo.

De hecho, actualmente las empresas responsables para los principales proyectos de energías renovables en suelo mexicano son compañías transnacionales, la mayoría de origen europeo, como Acciona (España), Iberdrola (España), EDF (Francia), Enel (Italia), Vestas (Dinamarca), Gamesa (España). Estos gigantes desarrollan sus negocios en todo los sectores renovables y a lo lago de toda la cadena de producción, siendo proveedoras de equipo y de servicios, desarrolladoras de proyectos, empresas expertas en ingeniería, construcción, operación y mantenimiento de las instalaciones, así como en venta, distribución y comercialización de electricidad y gas natural. Por cierto, aunque si las empresas mexicanas han ampliado y diversificado sus negocios en los últimos años, logrando desarrollar proyectos en pequeña escala, principalmente dedicándose a la manufactura y comercialización del producto, la posibilidad que se cree un movimiento local más significativo es muy limitada, sobre todo sin que se respalde la investigación con fuertes financiamientos.

De la misma forma, existen beneficios relacionados al desarrollo de nuevos negocios, desde los ambientales hasta la creación de trabajos. El futuro de las energías renovables tiene altos costes, que incluyen una completa dependencia de las iniciativas extranjeras y muchos daños al ecosistema, que hasta ahora, en una visión típicamente de corto plazo, nadie ha tomado en cuenta.

Todas las renovables, por cuanto podemos amarlas, llevan consigo unos límites que reflejan y exasperan las ineficiencias del sistema energético actual en todo su conjunto y nos recuerdan que reformar el sistema energético nacional va mucho más allá de Pemex.

Aurora Ganz
Analista política.

 

3 comentarios en “Energía limpia: Más allá de Pemex

  1. Muy buen articulo en el que se plasma un lamentable vacío en la política Mexicana por la falta de impulso y desarrollo de esta industria de Energías Renovables, con dependencia de el extranjero y que lamentablemente no ha sido llevada a la población como una alternativa para mejorar sus nivel de vida en un mundo mas caro y que en países asiáticos, europeos y los mismos estados unidos utilizan como un eje rector de su politica.

  2. Es triste que con el potencial humano que tiene el país, no se implementen medidas para hacer un aprovechamiento sustentable, donde esta la Línea de Campaña “México con Responsabilidad Global”. “DIOS PERDONA,EL HOMBRE A VECES, LA NATURALEZA NUNCA”, analice la y todos somos responsables.

  3. el asunto de la energia limpia queda como hijo huerfano sin una cultura que haga suyo este tema. hasta este dia todo proyecto que tenga que ver con energia verde o limpia tiene como motivacion algun gran contrato financiero: el lucro antes de la cultura.