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Rabotnikof046-wCon los artículos siguientes ampliamos la reflexión que hemos iniciado sobre el socialismo democrático. Nora Rabotnikof sugiere que hoy es pertinente mirar “el socialismo democrático no como doctrina, ni postura moral universal, sino como proyecto político capaz de rescatar trozos de experiencia social para proyectarla a futuro”. José Ahumada reflexiona sobre el socialismo y el liberalismo como tradiciones con un problema común: las reminiscencias de una visión teleológica de la historia que despolitiza las ideas y contribuye a construir movimientos políticos con morales predeterminadas. Claudio López-Guerra argumenta que la pulsión del socialismo democrático por “superar a Marx y destripar al liberalismo” quizá no sea suficiente: que el liberalismo igualitario ofrece mejores respuestas aunque lamenta que esta corriente de pensamiento no se encuentre apropiadamente discutida por los herederos de la tradición liberal. En una abierta provocación, Rainer Matos presenta una radiografía de la nostalgia poscomunista y se hace una pregunta: ¿de qué está hecha esa nostalgia si el comunismo era tan malvado y represor? La nostalgia, dice Matos,  es una fuerza política real, con raíces sociales hondas, y sería un error no verla así. Con estos cuatro textos seguimos pensando el amplio abanico de retos y preguntas que el socialismo democrático le hace a la realidad y que la realidad le hace al socialismo democrático.