El homicidio de José Francisco Ruiz Massieu

La versión
de la embajada

 

 

 

Por Esteban Illades

 

 

 

 

El 8 de octubre de 2013, sin fanfarria alguna, el gobierno de Estados Unidos liberó 110 páginas de documentos clasificados por casi 20 años. El archivo detalla uno de los dos crímenes más importantes del turbulento 1994: el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu.

Los datos y citas textuales de la siguiente narración, que busca reconstruir el análisis estadunidense del homicidio y la investigación, provienen de esos documentos.

 

 

 

 

 

 

1994

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Septiembre

 

A diferencia de los magnicidios de Luis Donaldo Colosio y el Cardenal Posadas en meses previos, los detalles de este crimen parecen ser claros desde un inicio. La víctima, José Francisco Ruiz Massieu , sale del Hotel Casa Blanca , a unas cuadras de Reforma.

Son las 9:22 de la mañana del 28 de septiembre, y momentos antes ha concluido un desayuno político del Partido Revolucionario Institucional, en el que participan 180 diputados. Al abordar su automóvil, “un tirador solitario” se acerca a Ruiz Massieu. Saca una pistola 9 milímetros y le dispara a quemarropa del lado izquierdo del cuello. Es casi seguro que prepara un segundo tiro, pero la pistola se encasquilla. El hombre huye a pie.

El tirador es arrestado poco después por un policía bancario. Las autoridades lo tienen en custodia al mismo tiempo que Ruiz Massieu va camino al Hospital Español , a donde llega a las 10:06. Joseph Manso, funcionario de la sección política de la embajada de Estados Unidos, escribe que según “información no confirmada”, necesita de asistencia mecánica para respirar. 24 minutos después es declarado muerto. En un cable enviado ese mismo día al Departamento de Justicia y al Departamento de Estado, dice que sólo lo puede sostener por fuentes cercanas, ya que no hay nada oficial.

Al poco tiempo de que Manso redacta el cable, Mario Ruiz Massieu , hermano de la víctima y subprocurador en la Procuraduría General de la República, PGR, da la noticia a la nación: el secretario general del PRI, el próximo líder de bancada en la Cámara de Diputados, el ex cuñado y todavía hombre de gran cercanía al presidente Carlos Salinas , ha muerto. Es el segundo priista prominente asesinado en seis meses.

Aparecen los reportes preliminares, filtrados desde alguna dependencia gubernamental mexicana. El detenido se llama José Roberto Ortega, y tiene alrededor de 30 años de edad. En la sede de la embajada estadunidense, a unas cuadras del Casa Blanca, los funcionarios presentan teorías iniciales. Ruiz Massieu había sido gobernador de Guerrero. Es posible que haya estado vinculado con actos violentos —no especifican cuáles— en el estado. Tal vez se trate de un ajuste de cuentas del pasado.

Las declaraciones no se hacen esperar. El primero en hablar es el presidente Salinas, quien anuncia una investigación y da condolencias a su propia familia, porque Ruiz Massieu había sido su cuñado. Después toca el turno al presidente electo, Ernesto Zedillo . Es un crimen en contra de todos los mexicanos, dice.

Porfirio Muñoz Ledo , entonces presidente del Partido de la Revolución Democrática y ex priista, hace un uso político del evento: este tipo de actos deben persuadir a los mexicanos hacia una transición democrática pacífica.

A media tarde hay un nuevo anuncio de la PGR. El detenido no es José Roberto Ortega, sino Joel o Héctor Reséndiz, de Acapulco. La embajada, que dispone de un gran número de fuentes en distintos círculos, escucha dos teorías nuevas: la primera, es posible que sea una venganza del narcotráfico, y la segunda —aportada por alguien en el PRI—, es que se trata de un ataque de los “dinosaurios” del ala vieja del partido, que se rehúsan a ser democratizados.

Al día siguiente, la prensa y los mexicanos reaccionan con un “shock mesurado”. El gobierno, a través del procurador general de la república, Humberto Benítez Treviño –padre de #LadyProfeco– , modifica varios de los datos iniciales por segunda vez. Parece estar convencido de la identidad del sospechoso. Se llama Daniel Aguilar Treviño y es tamaulipeco. Confiesa y da varias pistas al gobierno, así como nombres de conspiradores. Ese mismo día comienza una operación policiaca “masiva” en Tamaulipas.

Mientras tanto, el PRI no pierde el tiempo. Aunque Ruiz Massieu todavía no ha sido sepultado, ya piensa en cómo reorganizar su baraja. Según Manso, probablemente sostendrá una reunión ese mismo fin de semana para elegir sucesores. El principal candidato a tomar la secretaría general es Esteban Moctezuma , y el próximo coordinador de la bancada será Humberto Roque Villanueva .

Aunque “todavía no hay un motivo claro para el asesinato”, elabora Manso, las teorías mantienen un lugar en común, Tamaulipas. La primera opción, dice, es que el Cártel del Golfo haya tenido mano en el asunto. Pero acota, el CDG también “renta” gatilleros a quien pague por ellos. Pudieron haber sido autores materiales sin ser intelectuales. “De esta teoría hay muchas variantes”, comenta.

La segunda opción, según el gobierno mexicano, es que uno de los responsables puede ser Abraham Rubio Canales, quien dirigió la campaña de Ruiz Massieu para gobernador de Guerrero. Rubio es de Tamaulipas, y conserva propiedades en el estado. Se encuentra preso, purgando una condena de 14 años, pues es culpable de perpetrar un fraude “de muchos millones de dólares”. Hay algo que parece dejar clara su culpabilidad en este asunto: Treviño y Carlos Ángel Cantú Narváez, ya identificado como su cómplice, trabajaban en el rancho de Rubio. Un hombre llamado Fernando Rodríguez González reclutó a ambos y les ofreció 50,000 pesos, o 15,000 dólares, por llevar a cabo el atentado. Eso dicen las primeras pesquisas del gobierno.

Los funcionarios mexicanos se acercan a la embajada para pedir ayuda. Quieren estar seguros de que el detenido es en verdad Aguilar Treviño. Entregan un juego de huellas digitales, que llega a manos del FBI. Sin embargo, el FBI las desecha: no sirven para análisis. México promete enviar un juego nuevo. No se sabe si lo vuelve a hacer.

La Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Estados Unidos lleva a cabo su propia investigación a partir de los datos disponibles. La pistola nueve milímetros fue vendida por vez primera, en 1986, en una ferretería de Roma, Texas , a Jacovita García, quien a su vez se la vendió a otra persona, y así sucesivamente. Estados Unidos todavía no tiene descifrado por completo el trayecto del arma.

Los mercados reaccionan de manera negativa, pero no en exceso. La Bolsa de valores cae 1.95 por ciento al final del día del atentado. Había caído más, pero se recuperó al final de la jornada. Llegan reportes de que el gobierno mexicano intervino para nivelar el mercado. No queda claro qué tanto ni de qué forma, pero la especulación de la prensa mexicana sobre esto “parece exagerada”.

Roberto Madrazo , entonces candidato a gobernador de Tabasco, se acerca a la sección política de la embajada. Para él fueron “fuerzas oscuras” las que están detrás del homicidio. Entiéndase, dice el cable, el narcotráfico. “El homicidio puede hacer que muchos priistas, como Madrazo, se sientan en riesgo”, concluye.

 

Octubre

 

 

El primer fin de semana hay una cantidad considerable de arrestos. La embajada intenta entender lo que sucede, y para ello elabora un “Quién es quién” de los detenidos. Manso relata en el texto que Cantú Narváez, quien había huido a Brownsville, Texas, cruza la frontera de regreso y se entrega voluntariamente. Lo hizo “después de ver a su madre en televisión”, implorándole que se rindiera.

Surge más información sobre Fernando Rodríguez González, el acusado de financiar el homicidio. Es secretario técnico de una comisión en la Cámara de Diputados. La comisión la preside Manuel Muñoz Rocha . Varios de los familiares de Rodríguez son detenidos, entre ellos su hermano Jorge, quien confiesa entregar el dinero al tirador. También detienen a la esposa de Fernando y al hermano de la esposa; el chofer de Fernando, Jesús Sánchez, dice haber llevado al homicida afuera del hotel Casa Blanca. La pistola, según la investigación, proviene de José Pascual Álvarez, jefe de policía de San Carlos, Tamaulipas .

El nombre de Manuel Muñoz Rocha empieza a girar por la prensa mexicana. Se le atribuye, a través de la comisión en la Cámara, la compra de los boletos de avión de los responsables, y los medios de comunicación publican —sin fuente clara— que tuvo dos conversaciones telefónicas posteriores con los sospechosos. En la primera los regaña por sólo haber herido a Ruiz Massieu; de un inicio él tampoco pudo confirmar su deceso. En la segunda “expresa su placer ante la muerte del funcionario priista”. Con todos estos datos en el aire, la PGR pide que se lleve a cabo un juicio para desaforarlo.

El “Quién es quién” da más información sobre el primer sospechoso, Rubio Canales. Su hijo estaba comprometido con la hija de Ruiz Massieu. Padre e hijo son parientes políticos de Raúl Valladares, “teniente de Juan García Ábrego , líder del Cártel del Golfo”.

El consulado de Matamoros envía un cable: la investigación ha llegado hasta Enrique Cárdenas, senador y ex gobernador. Uno de los detenidos lo menciona, pero después se retracta.

El 2 de octubre, Excélsior reporta un comunicado firmado por “El cártel más fuerte de Latinoamérica”, y supuestamente entregado a Carlos Salinas. El texto es una amenaza estilo ojo por ojo, en la que se dice que por cada perseguido que ellos tengan, una figura de la vida pública —actor, deportista, político— morirá. La embajada descarta casi de inmediato que el mensaje sea verídico. “Tan sería un tiro por la culata” que hay dudas serias sobre su autenticidad, comenta al final del texto el embajador James Robert Jones .

Los medios también entran al juego de la especulación, y más de uno compara a México con Colombia, donde Pablo Escobar sigue operando. El embajador sospecha que el debate “se sensacionalizó para aumentar ratings o circulación de periódicos”. En su opinión, los cárteles mexicanos “carecen del interés y el poder” para enfrentarse abiertamente con el gobierno mexicano.

El 7 y 8 de octubre hay un cruce de cartas entre gobierno mexicano y embajada. La juez penal 12 de distrito, en la ciudad de México, Olga Estrever, gira una orden de aprehensión contra Manuel Muñoz Rocha, por su probable responsabilidad como autor intelectual del homicidio. El gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Instituto Nacional de Migración, pide a Estados Unidos que extradite a Muñoz Rocha; sospechan que huyó a Brownsville también. David Beall, segundo al mando en la embajada, responde con un acuse de recibo.

Al mismo tiempo, una carta dirigida a los medios de comunicación llega hasta los ojos de los funcionarios estadunidenses. Se trata de un texto de Marcia Cano de Muñoz, esposa del diputado, pidiendo que se entregue. La carta, con varias faltas de ortografía, asegura que hay garantías “indispensables” de seguridad para que Muñoz Rocha se presente a declarar. La última vez que lo vio fue el 27 de septiembre, asegura. Un día antes del homicidio.

Noviembre

 

Más información de Matamoros: el hijo de Rubio Canales ha sido detenido. Se le acusa de estar involucrado en la conspiración.

El día 22, Beall tiene una cita con Mario Ruiz Massieu. Poco antes de reunirse, Ruiz Massieu “cancela abruptamente” porque tiene que ir “de manera inesperada” a Los Pinos.

El 23, “ante un auditorio repleto” que incluye a medios y representantes del PRI, PAN y PRD, queda claro qué sucedió el día anterior. Ruiz Massieu renuncia en público, y repite las acusaciones que había hecho en televisión el día 14. El PRI estaba más preocupado por salvar su pellejo que por esclarecer el crimen. Señala a dos personas en particular, Ignacio Pichardo , presidente del partido, y María de los Ángeles Moreno , su eventual sucesora. Manso, el funcionario de la embajada recalca que durante todo este tiempo Ruiz Massieu “no ha ofrecido pruebas públicas de sus acusaciones”. En esta conferencia da a conocer sólo una supuesta carta firmada por Muñoz Rocha, enviada desde un lugar desconocido, en la que renuncia a su cargo. Ruiz Massieu dice que la carta se fabrica para evitar un circo mediático que afecte todavía más al PRI, el desafuero de un diputado por matar a otro. Los expertos del gobierno que analizan la firma aseguran que es de Muñoz Rocha.

Las afirmaciones de Ruiz Massieu “manifiestan una forma virulenta de las típicas divisiones de final de sexenio”, en la que “los funcionarios se están acomodando” para ingresar al próximo gobierno, comenta Beall. Pichardo es cercano a Carlos Hank , y Moreno a Beatriz Paredes , ambos enemigos de su mentor Jorge Carpizo .

Beall dice que el caso “comienza a tener matices de un Watergate mexicano”, y predice dos consecuencias. La primera, que Carlos Salinas saldrá perjudicado, y la segunda, que Ernesto Zedillo podrá incorporar miembros de otros partidos a su gabinete sin mayor objeción.

En las semanas siguientes suceden dos cosas extrañas. La embajada, a través del agregado jurídico, Stanley Pimentel, envía una carta a María Teresa de la Reva, funcionaria en Banco Confía. Quiere saber, “respetuosamente”, a quién pertenece una tarjeta de crédito y qué movimientos ha realizado desde septiembre. No explica en relación con qué, y no hay mayor seguimiento. Pero algún vínculo tiene que tener con la investigación, porque el documento forma parte del archivo liberado.

El consulado de Guadalajara recibe la visita de un ciudadano estadunidense, que a principios de mes estaba de viaje en Egipto. El hombre dice que “conversó con Manuel Muñoz Rocha en un museo de El Cairo”. Muñoz estaba acompañado “por dos personas con camisetas que tenían logotipos del PRI en la espalda”. El consulado se pone en contacto con las autoridades mexicanas, a través de otro Massieu, Andrés, un primo. Parece que le toman la declaración, pero no se vuelve a mencionar el tema.

Diciembre

 

El homicidio de Ruiz Massieu “domina los encabezados y la discusión política” en la semana de la toma de protesta de Ernesto Zedillo como presidente. Antonio Lozano Gracia es nombrado procurador. Mario Ruiz Massieu confía en que Lozano “traerá de vuelta el estado de derecho a México”.

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