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Quince letras

Versiones. Este año tenemos dos versiones al español del clásico de F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby. José Luis López Muñoz (Alfaguara), traduce así uno de los párrafos finales del libro: “Y mientras estaba allí, cavilando sobre aquel antiguo mundo desconocido, pensé en el asombro de Gatsby cuando descubrió por vez primera la luz verde al final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino para llegar hasta aquel césped de color azul, y su sueño tuvo que parecerle tan cercano que difícilmente podía dejar de alcanzarlo. No sabía que estaba ya tras él, en algún lugar de la vasta negrura de Nueva York, donde los oscuros campos de la nación americana se extendían, interminables, bajo la noche”. La traducción del mismo párrafo por Justo Navarro (Sexto Piso, ilustrado por Jonny Ruzzo) se lee así: “Y, allí, pensando en el viejo mundo desconocido, me acordé del asombro de Gatsby cuando descubrió la luz verde al final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino hasta aquel césped azul y su sueño debió de parecerle tan cercano que difícilmente podía escapársele. No sabía que ya lo había dejado atrás, en algún sitio, más allá de la ciudad, en la vasta tiniebla, donde los oscuros campos de la república se extienden en la noche”. Escoja usted.

 

Quince letras

Amor. Para armar Stendhal. Diccionario del amor, Pierre Louis Rey reunió numerosas citas de las novelas, relatos, diarios y cartas del escritor francés: “Aplomo: ‘Con algo más de aplomo o menos de amor, es posible que aquel día hubiera estado sublime y la hubiera conseguido’. Enamorado con locura: ‘[Bonaparte] entró en Milán, ese momento sigue siendo único en la Historia; imaginen un pueblo entero enamorado con locura’. Furia: ‘Se adueñan de mí a veces momentos de furia cuando pienso que pudo ella entregarse sin amor’. Impresionar: ‘Las francesas se esfuerzan muchísimo por impresionar, las italianas les quitan sus amantes en dos veladas’. Soneto: ‘Ludovic regresó a Parma a toda prisa: tenía a su cargo una misión de la mayor importancia para Fabrice; se trataba ni más ni menos que de hacerle llegar a Clélia Conti un pañuelo de seda que llevaba impreso un soneto de Petrarca’”. (Traducción de María Teresa Gallego Urrutia, Alba Editorial, 2008.)

 

Quince letras

Ola. “el mar, lleno de urgencias masculinas,/ bramaba alrededor de tu cintura,/ y como un brazo colosal, la oscura/ rivera te amparaba. en tus retinas,/ y en tus cabellos y en tu astral blancura, rieló con decadencias opalinas,/ esa luz de tardes mortecinas/ que en el agua pacífica perdura. palpitando a los ritmos de tu seno, hinchóse en una ola el mar sereno; para hundirte en sus vértigos felinos/ su voz te dijo una caricia vaga,/ y al penetrar entre los muslos finos, la onda se aguzó como una daga”: Leopoldo Lugones. (“Oceánida”, La luna de regreso. Antología poética, selección y nota Víctor Manuel Mendiola, El Tucán de Virginia, 2013.)

 

Quince letras

Espías. Dijo Honoré de Balzac: “La profesión de espía es sumamente singular cuando el espía trabaja por su propia cuenta. ¿No experimenta éste acaso la excitación de un ladrón sin dejar de aparecer como un ciudadano honesto? Pero el hombre que abraza este oficio debe estar preparado a hervir lentamente de cólera, a consumirse de impaciencia, a permanecer erguido en el fango mientras se le hielan los pies, a congelarse y a abrasarse y a sentirse defraudado por falsas esperanzas. Debe estar preparado, apenas reciba una mera indicación, para trabajar en procura de una meta desconocida; debe sobrellevar la desilusión de fracasar en su empeño; debe estar preparado para correr, permanecer inmóvil, quedarse durante horas observando una ventana, para inventar mil modos de acción…”. Me quedé pensando en Edward Snowden… (Graham y Hugh Greene, El libro de cabecera del espía, traducción de Roberto Bixio, Editorial Sur.)

 

Quince letras

Treintón. Hay cosas que llegan porque sí y marcan un aniversario. Como encontrar en mi librero el delgadísimo libro Chetumal Bay Anthology de Luis Miguel Aguilar, con sus increíbles epitafios publicados en 1983, hace 30 años: “Gálvez, melancólico: No cualquier hombre abre la puerta de su casa/ Cualquier mañana turbia de febrero/ A una mujer amarga como tú, triste Rose-Helen/ Las que han salido de la calle a ella vuelven./ Cuando te fuiste dejé intactos los retratos,/ Tu florero, tus peinetas, las marinas. Me dolió/ La cabeza hasta mi muerte —por cierto, más sencilla/ Que la tuya. Aunque no cualquier hombre muere/ Bocabajo, sobre una cama gris, triste Rose-Helen”.

 

Quince letras

Homofobia. En su libro ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad (Paidós, 2013), el biólogo y doctor en filosofía de la ciencia Fabrizzio Guerrero McManus documenta algunos pasajes poco conocidos de la historia nacional que revelan la persecución de los homosexuales en el México moderno: “Esta homofobia institucionalizada culminaría en el año de 1962 con la creación del Instituto de Capacitación Criminalística del Poder Judicial del Distrito Federal. […] Algunas de las más temibles propuestas que emanaron de dicho instituto fue la sugerencia de una fuerte campaña propagandística antihomosexual, así como aplicar con rigor la Ley de Vagos y Maleantes para todo aquel homosexual que fuera sorprendido en la vía pública prostituyéndose o incitando a dichas prácticas; por último, aquellos que fueran detenidos deberían ser remitidos a diversas instituciones médico-legales para determinar responsabilidades penales que culminaran en la creación de un registro de homosexuales similar al que existía para los toxicómanos”.

 

Quince letras

Ciudad. “La relación del hombre que camina por su ciudad con sus calles y con sus barrios, ya sea que los conozca o los descubra al andar, es ante todo una relación afectiva y una experiencia corporal. Un fondo sonoro y visual acompaña su deambulación, su piel registra las fluctuaciones de la temperatura y reacciona al contacto de los objetos o del espacio. Atraviesa capas de olores repulsivos o deleitables. Esta trama sensorial confiere al avanzar por las calles una tonalidad placentera o desagradable, según las circunstancias. […] En un diálogo de Platón, Sócrates y su alumno Fedro caminan juntos hacia las puertas de Atenas. Sócrates expresa su admiración por la belleza de algunos paisajes. Fedro se asombra: ‘Pero si tú no sales de tu ciudad para viajar fuera de sus fronteras; ni siquiera, según creo, vas más allá de sus muros’. Sócrates acepta y se justifica: ‘Sé indulgente conmigo, mi buen amigo, me gusta aprender, como sabes. Ni el campo ni los árboles aceptan enseñarme nada, sino los hombres de la ciudad’”. (David le Breton, Caminar. Un elogio, La Cifra Editorial, 2011.)

 

Quince letras

Barrios. Dos nuevas lecturas, gracias al apoyo del Ministerio de Cultura de Brasil, sobre  los principales barrios  de las grandes ciudades  brasileñas: São Paulo y  Río de Janeiro. Adriana  Hidalgo Editora pone a circular a João Antônio,  autor de un exitoso libro de relatos, Malagueta, Perus y  Bacanazo (traducción de Claudia Solans). El título hace  referencia al cuento del mismo nombre del que el autor  escribe: “cuenta las andanzas lunáticas y grises de tres  vagabundos, pícaros, buscavidas en una noche paulista.  Quebrados, quebraditos, en la miseria parten del barrio  de Lapa. Hay esperanza. Conseguirían dinero,  darían vueltas por la ciudad. Andan, juegan, caen,  se levantan, vuelven a recorrer los suburbios, de nuevo tropiezan, ganan, pierden, se recuperan. Como terminan es como terminan. Mustios, sonados, pidiendo tres cafés fiados”. Y para leer de los barrios de Río de Janeiro, Alevosía, sello editorial de Siruela, acaba de publicar el libro de relatos Dieciséis mujeres de Rafael Cardoso (traducción de Carla Guimarães), sobre diversos personajes femeninos de los barrios de elite, de los suburbios y de las favelas, que disfrutan y padecen la vida en Río.

 

Quince letras

Juez. “Presuponiendo que la ciencia del corazón humano vale tanto como la ciencia de los códigos, o incluso más, la Administración de Justicia no saldría sino perjudicada por un exceso de profesionalidad. En fin, cuando un hombre elige la profesión de juzgar a sus semejantes, debe resignarse, por doloroso que le resulte, a la paradoja de que no se puede ser juez si se tiene en cuenta la opinión pública, pero tampoco si no se la tiene. A las inquietudes propias tiene que prever la suma de las que vendrán de la atención que la opinión pública dedica a ciertos casos. Y esto vale para todas las latitudes, para cualquier país en el que los tribunales no se hayan convertido en aras”: Leonardo Sciascia. (“Corriere della Sera, 14 de octubre de 1983”, en Para una memoria futura (Si la memoria tiene un futuro), Tusquets, traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, 2013.)

 

Quince letras

Shakespeare. La nueva novela del autor de La cena, Herman Koch, se llama Casa de verano con piscina (Salamandra, 2012) y es tan sorprendente como la anterior. Esta vez el narrador es un médico que, además de detestar a sus pacientes, detesta el teatro contemporáneo y no sin razón: “No era la primera vez que asistía a una representación de Shakespeare, ya llevaba una decena. La fierecilla domada con todos los papeles femeninos interpretados por hombres; El mercader de Venecia con los actores en pañales y las actrices vestidas con bolsas de basura y bolsas de supermercado en la cabeza; Hamlet con retrasados, eolífonos y un ganso (muerto) al cual rebanaban el cuello en el escenario; El rey Lear con ex drogadictos y huérfanos de Zimbabue; Romeo y Julieta en el túnel a medio construir de una línea de metro, con aguas fecales chorreando por las paredes, en las que se proyectaban diapositivas de campos de concentración; Macbeth con los personajes femeninos interpretados por hombres desnudos que por todo atuendo llevaban una cuerda en la raja del culo y esposas y pesas colgadas de los pezones, mientras por los altavoces sonaban temas de Radiohead y poemas de Radovan Karadžić. […] Recuerdo retrasos en aeropuertos, retrasos infinitos de medio día o más, que se han pasado volando, diez veces más rápido que estas representaciones”.

 

Quince letras

Murciélago. “La sospecha es entre los pensamientos lo que entre las aves el murciélago: no vuela más que en la oscuridad”: Francis Bacon.

 

 

Quince letras

Renato. 11 poemas, 10 fabulillas, 15 artículos periodísticos, semblanzas, evocaciones, anécdotas y entrevistas. De eso está hecho el libro Soy un hombre de pluma y me llamo Renato, una antología de recuerdos coordinada por Fred Álvarez y Pepe Alcaraz en la que colaboran los amigos y admiradores de una singular figura de las letras mexicanas: Renato Leduc, quien en una conversación con Oralba Castillo Nájera confiesa cuánto le molestaba que lo llamaran “el último bohemio”: “Yo toda mi vida he trabajado, escribo para seis periódicos, ¡carajo!, ¿bohemio? una chingada”. (Artes e Historia México/Literatura.)

 

Quince letras

Incesto. Entre 2008 y 2011 los escritores Paul Auster y J.M. Coetzee sostuvieron una estrecha correspondencia en la que tratan muy diversos asuntos. Hablando de amistad entre hombres y mujeres, Coetzee hace esta reflexión: “Es sabiduría popular que no es prudente que un hombre y una mujer que llevan mucho tiempo siendo amigos (‘sólo’ amigos) den el paso hacia el amor físico. Acostarse con un amigo es una experiencia dócil, dice la sabiduría popular; un buen amigo no tiene el elemento de misterio que necesita eros. ¿Es verdad esto? Lo atractivo del incesto entre hermano y hermana es precisamente dar el paso de todo lo conocido hacia lo desconocido y misterioso. El incesto solía ser un gran tema literario (Musil, Nabokov) pero ya no parece serlo. Me pregunto por qué. Quizás porque la noción de sexo como una experiencia casi religiosa —y por tanto el incesto como un desafío a los dioses— se ha evaporado”. (Here and now. Letters 2008-2011, Viking, 2013.)

 

Quince letras

Panacea. “Una bien seleccionada antología poética es un dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes, pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos”: Robert Graves.

 

 

Quince letras

Detective. Michael Connelly, el escritor de novela negra, autor de El eco negro, Deuda de sangre y Ciudad de huesos, entre otras, admite que el ser periodista en la sección de sucesos de Los Angeles Times alimentó gran parte de las tramas de sus novelas. “Como periodista en Los Ángeles no sales a ver todos los crímenes: hay demasiados y la ciudad es demasiado extensa. Eliges, escoges. A veces eligen por ti. Una mañana me llamó un director y me dijo que pasara por una escena del crimen de camino a la redacción. Como si tal cosa, como si me pidiera que recogiera un café antes de subir. Me explicó que el asesinato era en Woodrow Wilson Drive, en las colinas de Hollywood. Hice lo que me pidieron y escribí el artículo. También encontré el sitio donde pondría el hogar del detective de ficción sobre el que había empezado a escribir secretamente. Un lugar donde podría vivir y tener una vista de la ciudad a la que ayudaba a proteger, una casa donde podía salir a la terraza trasera para tomarle la temperatura, sentirle el pulso. (Crónicas de sucesos, traducción de Javier Guerrero, Ediciones B, 2013.) n

 

Delia Juárez G. Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir y coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas y Anuncios clasificados (de próxima aparición  en Cal y arena).