En 1863 un hombre llamado Otto Esche urdió un plan para transportar sal de California a Nevada, algo que entonces se hacía mediante carretas tiradas por caballos. Esche fue a Mongolia, incluso hoy uno de los rincones más remotos de la tierra, y compró treinta y dos camellos bactrianos. Parece que Esche sabía algo de camellos ya que escogió al tipo de camello más dócil, de dos jorobas, en vez del malafamado, por temperamental, dromedario del Medio Oriente. Los camellos bactrianos, desde antes del tiempo de Marco Polo, transportaban bienes, la sal incluida, a través del ancho y pardo desierto mongol.
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