Aunque juzgo probable que Luciana practicara este ejercicio de mejor modo cuando tenía trabajo de oficina, pues suele ser organizada y rigurosa con las metas que se propone, al nacer mi segunda hermana y salirse de trabajar para dedicarse a la casa, adoptó la disciplina de llevar una agenda para anotar tanto sus actividades del día como sus logros pasados los meses. Todos éramos testigos del llenado de estas agendas —lustrosas al inicio y ajadas a fin de año—, pues una vez finalizado el desayuno, frente a la panorámica de los platos sucios, abría la agenda y se dedicaba por espacio de una hora o más a llenar sus páginas no sólo con las actividades que se imponía para el día, sino también con las que asignaba a cada uno de nosotros de acuerdo a la edad, posición dentro de la familia y habilidades específicas. No puedo asegurar que ese llenado se hiciese sólo de mañana: sugiero que no era así. Cada quien partía a sus actividades y era difícil coincidir de nuevo en algún alimento. Tal vez mi hermana, que convivió con ella más tiempo que el resto de nosotros, pueda dar testimonio de un llenado continuo. Me atrevo a imaginar que no sólo escribía durante el desayuno debido a la reescritura permanente de todas las notas. En más de una página surge un diálogo entre la actividad propuesta y su resultado, por lo que tiendo a pensar que releía de continuo lo anotado, de tal suerte que pudiese lograr un riguroso control tanto de lo que se proponía como de lo que iba logrando. Imposible señalar si concluía con sus metas propuestas para el día, ya que no consta dictamen o señalamiento alguno en los rubros propios de su actividad. Intuyo que su carácter relajado se extendía también a su persona. No se piense —en esto hay que ser muy claro—, que llevar una agenda convierte en sátrapas a todos los individuos. Al menos por lo que respecta a Luciana, mujer dulce y considerada, este método de organización familiar iba más enlazado con sugerir un orden estructural, que con imponerlo a los demás. Llama la atención, pasado el tiempo, que con los datos que inundan la agenda sea posible reconstruir la vida cotidiana de la familia, incluyendo asuntos tan primarios como los alimentos ingeridos por día, retardos continuados de parte de cierto miembro de la familia a la cena o al desayuno, dictamen de enfermedades posibles y hasta pinceladas de perfiles psicológicos.
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