1898. En una demostración privada para inversionistas en el Madison Square Garden, el inventor Nikola Tesla presentó por vez primera su “Método de y aparato para controlar el mecanismo de movimiento de vehículo o vehículos”. Utilizando un radiotransmisor, Tesla dirigió a un pequeño bote sobre un lago. Luego de recibir la patente estadunidense por su invento en ese año, Tesla anunció su “autómata diabólico” en una entrevista con el periódico neoyorquino The Sun. Las noticias del invento se propagaron rápidamente, y su amigo el escritor Mark Twain le escribió poco después una carta perspicaz desde Viena: “¿Tienes la patente austriaca y la inglesa para ese destructivo terror que has inventado? Y de ser así, ¿qué tal si le pones precio y me das la concesión para venderla?”. Twain predijo que los ejércitos del mundo se doblegarían ante una tecnología tan profunda, y que de ahí en adelante el control remoto “volvería la guerra imposible”. Luego de un prolongado escándalo por la propiedad intelectual, el crédito popular para la radiotecnología fue para Guglielmo Marconi. Tesla se retiró a una dolida excentricidad, aseguraba que recibía órdenes del espacio exterior, y pasó sus últimos días con una paloma blanca a la que amaba particularmente.
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