Poco se sabe sobre dónde y cómo operan los grupos criminales en México. Ése era el problema que Michele Cosia y yo enfrentábamos en una investigación realizada en Harvard. Google nos ayudó a resolverlo. Esta es la historia de cómo y qué descubrimos sobre el crimen organizado en México, rastreando sus huellas en internet.

Nuestros criminales son ruidosos. Se ostentan en mantas y panorámicos. Comentan sus hazañas en foros digitales y blogs. De 2006 a 2010 se registraron al menos mil 800 mantas colocadas por integrantes de grupos criminales en 29 estados de la República mexicana (Ríos, 2012). Los mensajes, dirigidos a enemigos y autoridades, van desde amenazas como “la guerra ha empezado” hasta comunicados firmados deseando “Feliz Navidad” a los ciudadanos. En efecto, si algo sabemos sobre el crimen en México es que éste no se calla.
      
Los criminales no son los únicos que dejan información. Notas en periódicos locales, comentarios en blogs especializados y usuarios de redes sociales discuten la presencia de grupos criminales en sus vecindarios y colonias. Estudios académicos han mostrado que la cantidad de datos que los individuos están dispuestos a revelar en internet es mucho mayor que la que revelarían en persona (Ellison, et al., 2007). El anonimato protege y alienta la discusión. No es una sorpresa entonces que millones de piezas del rompecabezas del crimen en México se encuentren perdidas como información digital.

Los tiempos han cambiado. Si tan sólo hace un par de décadas la falta de información era el principal obstáculo que enfrentaban los investigadores, el problema actual es ordenar, procesar, filtrar y verificar la cantidad masiva de información que está disponible. Quienes lo han logrado, cambiaron la forma en la que entendemos el mundo. Facebook filtra la información de sus usuarios para crear perfiles de consumo y publicidad quirúrgica; los académicos identifican el estado de ánimo de ciudades enteras a partir de comentarios digitales; los sitios de citas por internet procesan las interacciones de sus usuarios para identificar patrones amorosos. Estos son los tiempos en los que todo se sabe, si se sabe cómo buscar.

Y si algo necesitamos saber en México, y saberlo bien, es cómo y dónde operan los grupos criminales. Agencias de investigación privadas y periodistas han identificado las áreas de operación de grupos criminales de manera generalizada, diciendo, por ejemplo, los estados de la República en los que éstos operan o proveyendo mapas en los que pedazos del país son coloreados de acuerdo al “dominio de un cártel”. El problema es que los dominios se determinan ambiguamente y las fronteras territoriales son arbitrarias. Muy poco se conoce sobre cuándo comenzaron a operar en un área o sobre si en algún momento dejaron de hacerlo. Las fuentes nunca se mencionan. Todo lo que se sabe sobre el crimen en México es poco y vago.

Mi colega Michele y yo nos conocimos por email, y por email acordamos solucionar este problema. Chocamos manos por primera vez el verano de 2011, en una oficina del Centro para el Desarrollo Internacional de la Escuela Kennedy en Harvard, luego de haber trabajado juntos por casi seis meses usando sólo el correo electrónico. Hasta entonces yo pensaba que Michele era una estudiante de doctorado americana. Resultó que Michele era hombre e italiano, y que sabía toneladas de cine y de Buñuel. Resultó que yo no me parecía a la Viridiana de Buñuel, no la que él había imaginado. Yo era muy determinada, me dijo.

Nuestra determinación era una: ayudar a México a entender y combatir el fenómeno criminal que enfrentaba. Y para eso, sin querer, de un día a otro nos convertimos en terroristas, terroristas de Google.

Juntos desarrollamos un algoritmo de búsqueda automatizada que identificaba los municipios en los que grupos criminales operaban utilizando toda la información que alguna vez había sido publicada en la prensa nacional y local, así como en blogs especializados indexados por Google. Llamamos a nuestro algoritmo MOGO* (Making Order Using Google as Oracle) porque Google fue nuestra plataforma y nuestro oráculo, y porque ordenamos información para identificar los municipios en los que ocho grupos criminales han operado por un periodo de 20 años.

Aterrorizamos los servidores de Google hasta el cansancio. Para leer todo lo que se ha publicado alguna vez en internet, MOGO utilizaba los servidores de Google, lo cual requería un poder de cómputo enorme que podría potencialmente saturarlos. Meses pasaron hasta que MOGO obtuvo la información necesaria.

Pero MOGO es ingenuo. Cree en la información que encuentra. La malicia vino de nosotros. Creamos fórmulas estadísticas para filtrar lo que MOGO encontraba en blogs y notas periodísticas. Asumimos que no todo lo que se dice en internet es cierto, y que la cobertura de diferentes lugares y diferentes criminales varía a través del tiempo. Muchos factores se consideraron. Le dimos más peso a la información que provenía de distintas fuentes y en la que varios informantes concordaban; consideramos que años anteriores y localidades rurales tienen menos cobertura mediática, y por tanto son sujetos a mayores errores. Notamos que a la gente le gusta hablar más de ciertos cárteles que de otros y asumimos que cierta proporción de las notas son pura especulación. Le enseñamos a MOGO a rastrear el territorio mexicano, si bien no de manera perfecta, sí con mayor nivel de detalle que el de agencias de inteligencia como Stratfor

Lo que obtuvimos superó nuestras expectativas y nos enseñó más sobre la naturaleza del crimen en México de lo que hubiéramos imaginado. Lo que aprendimos fue fascinante. Las organizaciones criminales se expanden territorialmente y compiten entre ellas con lógicas distintas. Sus dinámicas y patrones de movilidad son vivos y complejos.

El crimen no es lo que habíamos creído ni opera como habíamos pensado por años. MOGO derrumbó varios mitos que comúnmente se asumen como ciertos.

Nuestros resultados muestran que es un mito que los grupos criminales quieran conquistar y operar en todo México, o que lo hagan actualmente. El crimen opera de manera quirúrgica y estratégica. Los grupos criminales sólo operan en 713 municipios en México, lo cual significa que el 70% de los municipios del país carecen de presencia significativa del crimen organizado. Dentro de estados tradicionalmente considerados como bastiones del narcotráfico, los criminales no se encuentran en todos los municipios. Guerrero y Michoacán sólo tienen actividades criminales en 40% y 62% de sus territorios, respectivamente. Incluso estados como Sinaloa carecen de actividades en 4% de su territorio (ver tabla 1).

tabla

Los criminales quieren conquistar y operar en las áreas que les convienen para sus negocios. Son empresarios, no conquistadores territoriales. Se ubican en donde pueden traficar drogas, extorsionar y secuestrar. Operan en las grandes ciudades y en sus afueras, en las costas del suroeste pero no en Oaxaca, en los municipios por los que pasan las principales carreteras del país, sobre todo las que van a Ciudad Juárez y Nuevo Laredo. Les gustan las fronteras: están cerca de Estados Unidos y de Guatemala. Prefieren Quintana Roo sobre Tabasco, Lázaro Cárdenas sobre Veracruz, y Chihuahua sobre Sonora.

Es un mito también que los grupos criminales no puedan coexistir en un mismo territorio sin enfrentarse violentamente. De hecho, pudimos demostrar que históricamente los criminales han compartido sus territorios de manera pacifica. A principios de los noventa, el 11% de los municipios en los que operaba el narcotráfico tenía al menos dos grupos criminales diferentes sin que ello supusiera violencia a gran escala. En 2010, 613 municipios tenían organizaciones operando simultáneamente y, sin embargo, la mitad de las ejecuciones se concentraban en sólo 20 de esos municipios (SNSP 2011). En el 14% de los municipios donde varios grupos criminales comparten territorio no se registra ni una sola ejecución (ver mapa).

mapa

La violencia tiene una lógica que no hemos entendido y que no está estrictamente relacionada con la competencia territorial. La violencia tiene una lógica de mercado y de oportunidad institucional. Los criminales se matan en puntos estratégicos en los que vale la pena atraer la atención de autoridades, en los lugares en los que hay recursos para la guerra y en los que el sistema de justicia es débil.

Finalmente, descubrimos también que es un mito que el crimen se haya expandido sólo a razón de las estrategias de seguridad emprendidas en 2007. El crimen había cambiado de naturaleza desde 2003, y se había hecho más expansivo y competitivo que nunca. Antes de 2003 los grupos criminales concentraban sus operaciones en menos de 50 municipios, para 2006 ya lo hacían en 276. Los grupos criminales comenzaron a expandirse en tres olas. Los primeros en hacerlo fueron Golfo-Zetas y Sinaloa en 2003; le siguieron Sinaloa, Beltrán Leyva y La Familia en 2005, y al final el resto de las organizaciones en 2007.

Es falso que la única razón por lo cual los criminales se expandieron fue la ofensiva del gobierno federal en su contra. Es indudable que la ofensiva desestabilizó los mercados criminales, los fracturó y empujó nuevas células criminales a operar en otras áreas. Sin embargo, esta ofensiva ya estaba respondiendo a cambios en el crimen, a un crimen que no era nada similar al que se había enfrentado en los noventa. El nuevo crimen era un crimen más profesional, mejor armado y con tendencias expansivas. Era un crimen con mentalidad competitiva que comenzaba a operar en zonas nuevas.

Y fue precisamente porque el crimen no era igual, que su reacción ante la ofensiva del gobierno no fue la misma. Cuando las autoridades mexicanas emprendieron su lucha contra el narcotráfico lo hicieron creyendo que los grupos criminales reaccionarían como lo habían hecho antes, reduciendo su visibilidad y el daño que causaban en territorio mexicano. No lo hicieron. En cambio, los criminales se expandieron aún más y enfrentaron en guerras sanguinarias. Hubo 50 mil muertos. Hay más.

El error del gobierno federal fue no haberse dado cuenta de que el modus operandi del crimen era otro y de que como tal las herramientas de política pública que antes habían resultado efectivas no lo serían ahora. Fue la falta de conocimiento sobre cómo y dónde operan los grupos criminales lo que causó una guerra en México, porque fue nuestra ignorancia la que llevó al gobierno a actuar con políticas públicas que ya no eran efectivas y que desencadenaron la reacción tan nociva entre grupos criminales que ahora vemos (ver gráfica).

gráfica

El debate que MOGO trae a la mesa es uno, y es simple. Los criminales son estratégicos y pueden decidir bajo ciertas condiciones cómo operar sin violencia. El gobierno debe serlo también. Conocer las actividades criminales a detalle es el primer paso para diseñar políticas de seguridad que sienten las condiciones para que los criminales mismos escojan como su mejor estrategia la de no confrontarse, la de no matar y la de no aterrorizar. Michele Coscia y yo hemos sembrado una semilla para lograrlo.

Referencias

Ellison, Nicole B., Charles Steinfield y Cliff Lampe, “The benefits of Facebook friends: Social capital and college students use of online social network sites”, Journal of Computer Mediated Communication, 12.4 (2007), pp. 1143-1168.

Ríos, Viridiana, “Why did Mexico become so violent? A self-reinforcing violent equilibrium caused by competition and enforcement”, Trends in Organized Crime (2012), pp. 1-18.

Secretaria Nacional de Seguridad Pública (SNSP), “Base de datos de Homicidios por Rivalidad Delincuencial”, Oficina de la Presidenica de la Republica, SNSP, 2011.

Viridiana Ríos. Candidata a doctor en gobierno por la Universidad de Harvard y miembro del Programa de Iniquidad y Justicia Criminal de Harvard Kennedy School.

* Coscia, Michele, y Viridiana Ríos, Knowing Where and How Criminal Organizations Operate Using Web Content, CIKM, 2012.

 

 

Un comentario en “Los grupos criminales en Google

  1. Ola muy buenas noche este documento es muy importante, sin duda no dudo de las cifras que se presentan, aunque mi inquietud, mi duda en que año y como surgen los gru´pos criminales en Mexico