Su novela Un mundo para Julius logró la hazaña, en plenos y militantes años setenta, de volver entrañable a un niño rico y ejercer una crítica social sutil y sin consignas.
Después de sus deslumbrantes primicias, sin embargo, Bryce había dejado de ser noticia literaria, mantenía una presencia regular, pero sus nuevos libros no recibían más que los elogios rutinarios y el empuje de la publicidad. Hace algunos años volvió a adquirir notoriedad: en 2007 fue acusado del plagio de numerosos artículos, Bryce respondió con declaraciones que iban desde el realismo mágico (conspiración político-informática, errores de su secretaria) hasta el cinismo (el plagio es un homenaje y la víctima debería sentirse orgullosa de que el consagrado ejerza ese derecho de pernada sobre las ideas de los desconocidos). En 2009 Bryce fue condenado y multado por el órgano oficial de defensa de la propiedad intelectual de Perú por el plagio de 16 artículos. En la red no sólo circularon los artículos sancionados y los originales, sino otros plagios detectados por académicos, haciendo evidente que la costumbre de copiar del escritor era innegable y nada ocasional.
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