Es pertinente y oportuno el señalamiento de Leo Zuckermann: “ha llegado la hora de que alguien lleve el récord de los encuestadores y desarrolle indicadores independientes para calificar su trabajo”. Sin embargo, no me parecen igualmente atinados los criterios que ha sugerido para calificar.

calificar

Zuckermann nos propone un método de calificación formado por tres indicadores ponderados: encuestas publicadas, si se acierta al ganador y la proximidad de estimación contra resultado.

Debe premiarse, dice, el mayor riesgo por una mayor cantidad de veces que se publica. Empero, este mayor riesgo queda eliminado cuando se toma el error promedio y la proporción de aciertos al ganador, tomando como unidad la encuesta publicada.

Pasando a los aciertos, en ocasiones es imposible definir si alguien acierta al ganador, pues hay reportes de empate. Si una encuestadora tiene la misma proporción para los dos principales contendientes en una elección en la que el resultado es muy cerrado, sería imposible unificar criterios sobre si dicha casa encuestadora acertó o equivocó al ganador.

Acertar al ganador es altamente probable cuando la elección es muy abierta y menos probable en elecciones cerradas. De hecho, en ocasiones las encuestas se dividen respecto al ganador, aunque todas ronden cercanas al resultado, como ocurrió en la presidencial pasada. En otros casos todas coinciden en el triunfador, aunque difieran por decenas de puntos con el resultado, pues la ventaja fue enorme. Como no todas las encuestadoras publican para las mismas elecciones, este criterio resultaría, al menos, inequitativo.

Vamos al tercer criterio. Tomar solamente el error en la estimación para los dos primeros lugares omite información valiosa. Un ejemplo extremo: supongamos que una encuesta estima un reparto 35-33-32 y que el resultado final es 51-49-0. Siguiendo a Zuckermann, habría acertado ganador y su error sería nulo, aunque haya mostrado un práctico empate entre tres y el resultado arrojara un reparto sólo entre dos.

Tomando en cuenta lo anterior, cabría pensar que, aunque resulta ideal contar con un único indicador que califique a las encuestadoras, esto no es lo más conveniente. Recordemos que en el beisbol, para evaluar el rendimiento de un bateador, se considera el número de veces al bate, las carreras producidas, el porcentaje de bateo, entre otros aspectos. Es imposible ceñir a todas las encuestadoras en un único número.

Lo mejor sería disponer del número de estimaciones publicadas en fecha próxima a la elección, el porcentaje de aciertos en ganador (omitiendo o decidiendo qué hacer con los empates y cuando no se reporta ganador) y un indicador de la proximidad entre estimaciones y resultados, sin pretender aglutinar estos números en una única cifra. Además, habría que hacerlo para las encuestas previas a elecciones y para las encuestas de salida por separado, pues suponen condiciones diferentes para la estimación.

Existen muchos estimadores de distancia entre un conjunto de datos y otro, que pueden aplicarse para cotejar la proximidad de una encuesta contra el resultado. Desde hace décadas se realizan estos ejercicios en muchas democracias y es tradicional hacerlos para cada elección federal en nuestro país, e incluso publicarlos, aunque casi siempre sus autores son, a la vez, actores en el escenario de las encuestas.

La opción más sencilla es simplemente calcular cuántos de los puntos porcentuales que se distribuyen en una encuesta se corresponden con el resultado. Esto se logra sacando la diferencia entre el dato de la encuesta y el dato oficial para un competidor, sumando la diferencia que se obtenga para los diversos contendientes y dividiéndolo entre dos (pues el punto que se da de más a uno se le quita a otro). Así se obtiene una medición de la lejanía entre encuestas y resultados.

Luego, puede tomarse la distancia promedio en los distintos ejercicios publicados por una encuestadora para calificarla, lo que sería equitativo para todas. Si se quiere, puede restarse este promedio de 100; así, la calificación sería mayor para quien haya estado más próximo y no al revés. Y se puede dividir entre 10, para tener calificaciones como en la escuelita.

Habría que considerar la posibilidad de tener diversas opciones de agrupamiento: hay encuestadoras que han tenido distintos responsables y hay investigadores que han cambiado de casa; sería como las estadísticas por equipo y por entrenador. Además, pudiera diferenciarse elecciones federales y locales, para cargos ejecutivos y legislativos; o tomarse solamente casos en que haya un mínimo de veces al bate.

Aunque sería arduo, convendría que el recuento no se redujera a las elecciones recientes, lo que permitiría contar con un registro completo. nexos podría abrir una página para consulta pública donde se pueda revisar el historial de encuestas publicadas en México, que entre todos los interesados pudiéramos completar y validar, y compararlo con los resultados.

Ricardo de la Peña. Presidente ejecutivo de ISA.