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Mi madre murió al mes siguiente de haber cumplido los noventaiuno. Su cerebro aún estaba bien. En su vejez la mayor parte del tiempo leía a Agatha Christie. Decía que una de las ventajas de tener noventa era que podía leer de nuevo una historia policiaca, a sólo dos semanas de haberla leído, sin tener ya idea de cuál personaje era el villano.

Fuente: Donald Hall, The New Yorker, enero 23, 2012.