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A Enrique Valero Roth (q.e.p.d.)

Conexión y contagio
Usted toma cientos de decisiones en el día: qué comer, qué película ver, dónde comprar su despensa, qué libro leer, qué ruta y qué medio tomar para ir a su trabajo, con quiénes interactuar, y un largo etcétera. Nos enfrentamos diariamente a la tarea de distribuir recursos escasos, como tiempo, dinero y energía, entre una multiplicidad de alternativas. Esta restricción en recursos nos obliga a tomar decisiones cautelosamente, adquiriendo la mayor y mejor información posible. Por supuesto, adquirir información es costoso, y entre usted y la adquisición de la mejor alternativa hay una secuencia de barreras informativas. Es un eterno dilema decisional, ¿cómo optar por la mejor alternativa sin incurrir en demasiados costos para adquirir la información que la revele?

primera

No es un dilema menor: hacernos de la información útil implica un proceso de evaluación de su fuente. No toda la información nos resulta igualmente confiable y la ignorancia puede ser la mejor alternativa cuando la información es difusa, costosa o compleja. Nadie realiza un análisis de mercado para elegir una tienda o un sofisticadísimo estudio origen-destino para optar por una ruta sobre otra. Entonces, tomar atajos informativos es irresistible (y perfectamente racional): encontramos en nuestro entorno inmediato pedazos de información que nos ahorran el costo de adquirirla y que elevan la probabilidad de optar por la mejor elección.

Cuando decimos “entorno inmediato” nos referimos a las personas con las que tenemos una conexión: familia, amigos, colegas o vecinos. Pocos medios de transmisión de información tienen el impacto de la voz de aquellos que forman parte de nuestra red social inmediata: por la facilidad con que la adquirimos y la alta confiabilidad que le asignamos.

Pare un segundo y piense cuántas de sus decisiones se basan en la información que le comparten los miembros de su red social. Ahora agregue un hecho ineludible: sus familiares, amigos, colegas y vecinos hacen exactamente lo mismo que usted: la información que obtiene vía los miembros de su red social es a su vez obtenida vía los miembros de sus redes sociales. En efecto, esto implica que una parte importante de su comportamiento cotidiano y de las decisiones que toma están influidas por gente a la que usted probablemente no ha visto en su vida: los amigos de los amigos de sus amigos.1 Incluyendo, por supuesto, la decisión de votar y la preferencia sobre por quién hacerlo.

Nodos y nudos
No estamos descubriendo el café con leche, las redes sociales han sido una constante en la historia de la humanidad, así como sus efectos en términos de conexión y contagio; esto es, el resultado de lo que corre principalmente entre sus miembros: información.

Ahora bien, los medios de conexión sí que han cambiado, el surgimiento de nuevas tecnologías ha permitido que nuestras redes sociales se extiendan más allá de nuestro entorno físico inmediato. Hablo de internet. Medios como el telégrafo, telefonía fija y telefonía móvil, más que agregar nuevos miembros a nuestra red, facilitaron el flujo de información con quienes ya eran parte de ella. Internet lo hace también, pero además agrega masiva y sistemáticamente nuevos miembros (nodos); que a su vez transmiten información… masiva y sistemáticamente (flujos).

Sí, la proximidad física con otros sigue siendo un factor clave para el contagio de comportamientos y decisiones; pero es imposible no maravillarse por la emulación del mismo fenómeno entre personas que, en el sentido más tradicional del término, no se conocen. Las potencialidades informativas y deliberativas son ilimitadas, equivalentes al número de nodos en la red (usuarios), multiplicados por el número de conexiones que tienen con otros nodos, multiplicadas a su vez por el número de conexiones que éstos tienen con otros nodos, multiplicadas a su vez…

Eso explica nuestro franco enamoramiento con Twitter (y nuestro posterior desencanto). “El cielo es el límite” escribió un entrañable amigo como su primer tuit, y tenía razón… hasta que vimos los límites. Twitter es mucho menos horizontal, recíproco y deliberativo de lo que pensábamos en el rush tuitero; sí, pero sigue siendo mucho más horizontal, recíproco y deliberativo que todas las otras plataformas disponibles. En ese sentido, Twitter es una herramienta que se ajusta perfecta al funcionamiento y perfeccionamiento de la democracia.

México es una democracia electoral. Pocos hoy podrían sustentar que en nuestro país no ocurren tres cosas: antes de un proceso electoral, no hay un ganador seguro, todos tienen una probabilidad positiva de obtener más votos (i.e. incertidumbre ex ante); quien gana en las urnas, asume el puesto por el que contendió (i.e. certidumbre ex post); y quien pierde, lo único que quiere es volver a contender bajo las mismas reglas bajo las cuales perdió (i.e. repetibilidad).2 Al mismo tiempo, pocos hoy podrían sostener que la democracia mexicana se caracteriza por una alta rendición de cuentas, un denso flujo de información de utilidad pública, o una multiplicidad de espacios deliberativos. Y esas cosas importan, porque la democracia se alimenta de información, en tanto ésta permite revelar desempeño y tipos de representantes, que a su vez tienen efectos en preferencias electorales. Es la información la que permite la existencia de premios/castigos electorales; a eso le llamamos representación política.

Twitter, con su combinatoria infinita de nodos y conexiones, se nos convirtió en una fuente alucinante de información relevante (y no relevante, pero muy entretenida), al tiempo que abrió un espacio deliberativo ahí donde había pocos y cerrados. En consecuencia, mutó en un espacio privilegiado para la incidencia ciudadana y afectar, aunque fuese en temas muy específicos, la agenda mediática y las decisiones públicas. El voto nulo en la elección de 2009; el retorno mediático de la tragedia en la Guardería ABC; la revelación de ACTA (Acuerdo Comercial Anti-Falsificación); el freno a un impuesto vía internet necesario; y la presión iterada por una reforma política ciudadana, son algunos de los episodios en los que Twitter jugó un papel protagónico.3

Porros y porras

La traslación de estos episodios a una afectación visible y medible en los procesos electorales nos parecía casi obvia. La expectativa sobre el papel de Twitter en el proceso electoral de 2012 era enorme. El número de usuarios de la red social en México creció exponencialmente en los últimos dos años; incluyendo a legisladores y funcionarios que hoy aspiran a un cargo de elección popular, y cada vez más lo que ocurría en Twitter se trasladaba a los medios tradicionales. Según datos sobre uso de internet en México, el número de usuarios de Twitter ronda los siete millones; por supuesto, no todos usan la red social cotidianamente, pero 42% de ellos señalaron que la usan como una fuente cotidiana de información.4 Esto representa 17% de los votantes de la elección de 2006; una elección que se ganó con apenas 0.56% de diferencia.

¡Twitter importa! ¡Tiene que importar! Nos repetimos más llenos de fe que de evidencia: no sabemos si importa en la definición de preferencias electorales, ni tenemos modo de medirlo. En realidad siempre lo supimos, nadie esperaba que el efecto de Twitter fuese en intención de votos; sino en términos informativos y deliberativos. Los candidatos tendrían una oportunidad única para socializar sus propuestas de campaña; y los votantes una plataforma única para adquirir y difundir información relevante sobre éstos. El mecanismo democrático en su más pura expresión.

Teníamos, además, ejemplos en otros países que parecían confirmar nuestras sospechas. En las elecciones de alcaldes en Corea del Sur en 2010, Twitter fue clave para movilizar votantes, gracias a la participación de tuiteros relevantes, y para dar el triunfo a candidatos de oposición, especialmente en la elección de Seúl.5 Un año después, en diciembre de 2011 y en respuesta a una modificación que impedía el uso de la red social con fines electorales, la Corte Constitucional de aquel país revirtió dicha prohibición, y argumentó:

La internet es un medio que ofrece acceso fácil a la gente gratuitamente o a un costo muy bajo. Por tanto, es considerada una herramienta política que puede reducir costos de campaña drásticamente. La naturaleza de este medio se empata con la ley electoral que busca dar oportunidades equitativas, transparencia y campañas de bajo costo”.
6

Aquí no llegamos a estos efectos y debates… aún. Puede ser precipitado, pero en México el efecto deliberativo e informativo de las campañas políticas en Twitter no ha sido el esperado. Lejos de ser una herramienta de (pre)candidatos, se ha convertido en un espacio para que los equipos de campaña trasladen las prácticas de acarreo tradicionales.
Mientras las cuentas oficiales de precandidatos envían mensajes genéricos y vacíos, los equipos de campaña están inmersos en una batalla tenaz por hacerse de trending topics; es decir, colocar un tema entre los más mencionados y/o discutidos. Para ello han recurrido a dos estrategias centrales: generar cuentas falsas dedicadas a transmitir autómatas el mismo mensaje (bots), y posicionar temas vía usuarios influyentes en la red. Ambas estrategias están perfectamente identificadas y publicitadas desde noviembre del año pasado, y han sido aplicadas por precandidatos de todos los partidos y todos los niveles. Tres meses después siguen con similar intensidad. El bot no se destruye, se recicla. Conforme los procesos de selección interna han transcurrido, los mismos bots ya identificados han movido sus porras al que va sobreviviendo en la contienda y han pasado de ser porros contra algún contrincante interno, a serlo de quienes contienden por otros partidos.7

Política y coreografía

Al acarreo digital las campañas han incorporado otras estrategias de sincronización de mensajes por parte de usuarios reales. En eso una parte de la izquierda fue pionera desde el año pasado, coordinando lo mismo ataques que apoyos. La práctica fue rápidamente replicada. Durante la intensa precampaña panista, tanto simpatizantes de Josefina Vázquez Mota como de Ernesto Cordero, generaron mecanismos similares para popularizar etiquetas (hashtags) mediante el envío del mismo mensaje por parte de usuarios, mediante herramientas automáticas.

Pero nadie ha perfeccionado esta ruta como el equipo de Enrique Peña Nieto, en una versión 1.0 del trabajo territorial tradicional de las campañas, el PRI ha construido redes de usuarios dispuestos a replicar exactos mensajes y hashtags; en horarios precisos y con lemas idénticos, cuentas como @ectivismo y @cibernautasPRI marcan el paso, para que cientos de tuiteros distribuyan los mismos contenidos, frases, etiquetas y fotografías.

La apuesta es replicar los efectos de redes sociales orgánicas vías redes sociales estructuradas. Y no, no funciona. La efectividad de la información de redes sociales, que mencionábamos al inicio, radica justamente en la conexión entre nodos y el contagio que resulta de relaciones de confianza y/o empatía. Lo que los equipos de campaña buscan es simular este proceso, fingir la existencia de redes sociales en espera de que resulten en contagios. Haciendo una analogía, no nos venden un producto, nos venden consumidores falsos, en espera de que nos volvamos consumidores reales. Es una lógica similar a la publicación de encuestas falsas.

Lo que los (casi)candidatos parecen ignorar, es que las redes sociales orgánicas tienen vida propia. Sistemáticamente, las etiquetas y mensajes que han intentado posicionar positivamente terminan posicionándose de manera negativa. El esfuerzo coreográfico es rebasado por un proceso genuino de contagio entre tuiteros que retoman el mensaje original y lo transforman en un ejercicio masivo de mofa y/o crítica. Y para desgracia de los “expertos en redes sociales” al servicio de las campañas, es sólo cuando ocurre este fenómeno espontáneo en torno a temas que los medios tradicionales lo retoman y lo distribuyen a su vez a un círculo más amplio de consumidores de información.

Y estamos de regreso al inicio. Del lado de la oferta, Twitter importará en el proceso electoral en tanto los candidatos logren articular, mediante la difusión de información y la deliberación con otros usuarios, una red orgánica de conexión y contagio. Por supuesto, esta construcción puede incluir el uso de campañas negativas que contengan información relevante sobre desempeño o carácter de los contendientes. Del lado de la demanda, Twitter ya importa como una herramienta reactiva a las campañas, pero su verdadero impacto ocurrirá si se vuelve un espacio para la transmisión de información relevante sobre los contendientes, su desempeño y sus acciones; el tipo de información que no veremos, gracias en parte a la reforma al Cofipe de 2007, en medios tradicionales. Ya sabe, el tipo de información que le llega usted vía sus amigos, y a ellos vía sus amigos, y a ellos…

José Merino. Politólogo. Profesor del ITAM.

1 Para entender el efecto de redes sociales en nuestro comportamiento y emociones, ver: Christakis, Nicholas y James Fowler, Connected. How your friends’ friends’ friends affect everything you feel, think, and do, NY, Back Bay Books, 2009.
2 Esta es la definición de democracia procedimental de Adam Przeworski. Para mayores referencias ver: Przeworski, Adam, Democracy and the Market. Political and Economic Reforms in Eastern Europe and Latin America, NY, Cambridge University Press, 1991 (capítulo 1).
3 Estos episodios se encuentran documentados en voz de sus impulsores en: Vega, Ana Francisca y José Merino (eds.), Ciudadanos.mx. Twitter y cambio político en México, Random House Mondadori, México, 2011.
4 Ver: AMIPCI (2011), “Estudio de redes sociales 2011”. Disponible en http://www.amipci.org.mx/prensa/historico/categoria/11
5 Ver: Dae Ryun Chang (2010), “Twitter’s Surprising Impact on the South Korean Election”. Harvard Business Review Blog http://blogs.hbr.org/cs/2010/06/twitters_new_role_in_south_kor.html.
6 Dugan, Lauren (2011), “South Korea Twitter Ban During Elections Overturned”. Disponible en: http://www.mediabistro.com/alltwitter/south-korea-twitter-ban-during-elections-overturned_b17205
7 Ver: cazabots.tumblr.com