Cuando se decía que el ejército de Filipo ya estaba avanzando, todos los corintios estaban asustados y en acción, unos preparando armas, otros trayendo piedras, apuntalando muros, reforzando almenas y colaborando en cualquier cosa útil. Y Diógenes al ver esto, como no tenía otra cosa que hacer, ya que nadie le utilizaba para nada, ciñéndose su manto de filósofo, también él hacía rodar el tonel en el que vivía, arriba y abajo del Craneon (gimnasio de Corinto, donde se había establecido Diógenes, y lugar de cita entre los griegos). Y al preguntarle uno de sus amigos: ¿Por qué haces eso Diógenes? Diógenes contestó: “También yo hago rodar el tonel, para que no parezca que soy el único vago entre tantos trabajadores”.
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