José Antonio Lugo,
Afroditas, Evas, Lolitas,
samSara,
México, 2011, 125 pp.

Con trazos rápidos y efectivos, prescindiendo de todo elemento suntuario, Lugo ha creado a veintiocho mujeres —su entrada a escena respeta la lógica del alfabeto— en pleno ejercicio de sus facultades eróticas. Lo mismo jóvenes, aprendices, solteras, casadas y maduras que autosuficientes, libres o posesivas, no parecen obedecer a más ley que a la ley del deseo. Cada una protagoniza un breve divertimento, una aventura en sí misma que parece exigir un lugar fuera de los márgenes de la página escrita. Claudia juega a entregarse para luego levantar una barrera en un club swinger; Fabiola seduce a su profesor de literatura y Jacqueline a la pareja de su mejor amiga; Mónica alcanza el placer a condición de que reciba dinero… Veintiocho capitulares de Eko nos acompañan a lo largo del trayecto, por lo que el libro nos reserva también una experiencia plástica. (Roberto Pliego)


Ana García Bergua,
Isla de bobos,
Planeta,
México, 2007, 251 pp.

A caballo entre la historia y la ficción, esta novela recrea las vicisitudes de los colonos mexicanos que en 1914 se asentaron en la Isla de la Pasión —hoy de Clipperton—. Conocemos el desenlace: abandonados por el gobierno mexicano, enfermos y hambrientos, fueron víctimas de los deseos tiránicos del guardafaros que, presa de un desorden lujurioso, se autoproclama rey. La originalidad de García Bergua proviene de la elección del punto de vista. Sigue los pasos del capitán Soulier —jefe de la guarnición— y, sobre todo, de su esposa Luisa y el grupo de mujeres convertidas en esclavas sexuales del guardafaros. Sin cometer el pecado de la denuncia social, Isla de bobos elabora un cuadro de la condición femenina en el México de principios del siglo XX. No sin menor fortuna, pone en entredicho los conceptos de honor, autosacrificio, amor a la patria. A decir verdad, hay pocas señales de optimismo. (R.P.)


Sergio Fernández,
Los peces,
FCE,
México, 2011, 132 pp.

Novela incendiaria, “enardecida” y delirante, cuya originalidad azoró en 1968 al publicarse con ecos de noveau roman française, con el boom en ascenso y el movimiento popular-estudiantil en pleno. Una turista en Roma es asediada por un febril sacerdote católico. Ella ha fantaseado con ser poseída por un japonés y por un hombre negro y ha cumplido su deseo. Ahora sueña con un cura. “La novela fue mi striptease literario”, dijo su autor, “sus pasajes no son para leerse sino para sentirse”. Absolutamente moderna en su fragmentaria sexualidad descarnada, esta novela erótica es recuperada en esta nueva edición 45 años después. Atesoro la primera edición de 1968. (Alejandro de la Garza)

Tennessee Williams,
Mal trago (trad. Bárbara Mingo),
Errata Naturae,
España, 2010, 215 pp.

Un hombre despeña su matrimonio por el trago, pero en su caída ayuda a rehacer su vida a una viuda y su hija. Un púber se atormenta al enamorarse del novio de su hermana. Unidos por la ternura y la solidaridad, una prostituta dipsómana y un homosexual viajan juntos para llevarse a la cama a medio mundo. Dos ancianos decrépitos manosean jovencitos en la oscuridad de un cine. Por sus tramas duras, la mojigatería acusa el escándalo en la vida y obra de Williams, pero olvida su humanismo, su energía vital, la hondura de sus personajes. Él aclaró: “Todas las opiniones son falsas, en especial las opiniones públicas sobre casos individuales”. (A.G.)

Antonio Alatorre,
El heliocentrismo en el mundo de habla española,
FCE (col. Centzontle),
México, 2011, 88 pp.

A través de un recorrido histórico por distintas edades del mundo hispánico —incluyendo ese primer Siglo de Oro español que fue el de la cultura islámica en la Península—, Alatorre describe cómo hemos contemplado los astros y formulado la pregunta del lugar que ocupamos en el universo tanto en el ámbito de la ciencia como en el de la literatura. Entablando un contrapunto con autores como Octavio Paz, y cuidando la defensa al pensamiento innovador, Alatorre demuestra que su propia pasión crítica puede hallar caminos deleitosos como queda asentado en este delicioso breviario de un sabio que además es un excelente escritor (Noé Cárdenas)

Daniel Cosío Villegas,
Un protagonista de la etapa constructiva de la Revolución Mexicana,
El Colegio de México,
México, 2011, 196 pp.

El matrimonio Wilkie emprendió en los años sesenta del siglo pasado una serie de entrevistas a actores sociales mexicanos como parte de un programa de una universidad norteamericana. La de Cosío Villegas resultó una nutricia charla en la que el autor de La crisis en México empata su tarea social con algunas confesiones y opiniones de su vida privada. El entrevistado lo mismo habla del caballo que fue su primera responsabilidad en la vida que critica las tareas extraliterarias de ese “muchacho” (Carlos Fuentes): detrás del intelectual gigante que fue Cosío Villegas hay un hombre que viste y calza. (N.C.)