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En el siglo XIV, Ricardo II de Inglaterra utilizó con fines políticos la urticaria provocada por la ingestión de fresas: las comió deliberadamente en compañía de sus lores, y algunas horas más tarde convocó al Consejo de Estado para que comprobara la urticaria que le había brotado en todo el cuerpo y que daba fe de un intento de envenenamiento que se le imputó a uno de sus allegados, quien fue ejecutado de inmediato. Por su parte, el rey Mitrídates se hizo célebre por una elegante manera de escapar al veneno de sus enemigos: empezó por ingerir dosis muy inferiores de veneno, las que fue aumentando en forma progresiva hasta que su cuerpo se volvió tolerante.

Fuente: Jean Paupe, La alergia (trad. Marcos Lara), FCE, México, 1985.