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El crítico de cine Emilio García Riera recordaba que una vez le preguntó al director Juan Orol (el mejor-peor director en la historia del cine mexicano), cómo era posible que en una de sus películas ametrallara a todos sus enemigos, que están sentados ante una mesa y de espaldas a un ventanal, y no se rompiera un solo vidrio por el impacto de las balas. Orol se le quedó mirando a García Riera y le dijo: “¿Y qué? ¿Me iba usted a pagar los vidrios rotos? Y además, ¿cree usted que el público va a ver vidrios rotos al cine?”.

Fuente: Javier García Galiano, “Perversiones cinematográficas”, El Universal, junio 3, 2011.