Un viejo axioma señala que la Edad de Piedra no terminó por la ausencia de piedras. Muchos de los problemas actuales de México —como la violencia y la lucha contra el crimen organizado y el pobre desempeño económico que hemos experimentado— parecen abrumadores, sobre todo si nos guiamos exclusivamente por los titulares de los medios. Sin embargo, contrario a lo que podría parecer a primera vista, nuestros problemas no son irresolubles. El solo hecho de que la naturaleza de los mismos haya venido cambiando a lo largo del tiempo sugiere que hay vías de solución e, incluso, que muchos de ellos se deben a procesos de reforma que no han llevado al país a buen puerto pero que, con un mejor enfoque y mayor comprensión de sus causas y dinámica, podrían logarlo. La Edad de Piedra terminó cuando el cambio tecnológico permitió abandonar las piedras. Lo mismo podría ocurrir con el país en su integridad.
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