Despierto. Nunca de golpe. Voy sintiendo la vida entrar, como si oyera de lejos una canción acercándose. No pienso entonces que soy mujer, menos aún me pregunto por qué, ni si algo se deriva de ahí. Pienso que vendrá el día. Y espero a que me encuentre. Quiero investigar cómo son esas mujeres que cocinan, a diario, para luego correr hasta las vías por las que pasa un tren de carga, llamado “La bestia”, en el que viajan los migrantes del sur rumbo a Estados Unidos. Desde tierra ellas avientan la comida que los viajeros recogen en el aire. ¿Cómo se inventó esta maternidad de hijos perdidos? Quiero ir a Veracruz a conocerlas. Las vi en la tele. Les dicen “las patronas”. Recuerdo las imágenes de la cocina en que trajinan conversando.
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