Presunto culpable es una película que logra algo sorprendente: en medio de una importante crisis de seguridad pública, los mexicanos nos podemos colocar, aunque sea por un momento, en los zapatos de un acusado en un juicio penal y sentir rabia, impotencia, dolor y hartazgo ante un sistema que no sabe ni quiere distinguir entre culpables e inocentes. Ello es sorprendente porque, frente a la escalada de violencia que se está viviendo en el país, el propio discurso gubernamental y una parte de la opinión pública han propiciado una visión maniquea de que los “malos” son “tan malos” que no merecen justicia. En este sentido, abogar por los derechos de los acusados se ha convertido en un desafío mayor. Presunto culpable lo hace sin que nadie se resista ni se sienta amenazado por ello: cualquiera que vea la película sentirá indignación por el juicio penal del protagonista, Antonio Zúñiga (Toño), acusado de homicidio calificado y sentenciado injustamente a 20 años de prisión.
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