Desequilibrios como el crecimiento sostenido del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos y otras economías de altos ingresos, al tiempo que avanzaba el superávit de otros países como China, fueron el terreno propicio para la crisis financiera de 2008. Lamentablemente, advierte el gobernador del Banco de México, muchas de las políticas instrumentadas como respuesta a esta crisis han exacerbado el potencial nocivo de tales desequilibrios. Si no se encuentran respuestas concertadas para eliminarlos, podría estarse abonando el terreno para una nueva crisis global, potencialmente más devastadora
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