A pesar de que México es menos inseguro que varios países latinoamericanos, la percepción hace creer que se encuentra en una de las peores etapas en su historia reciente. El problema es que la violencia de México es mediáticamente atractiva

Introduzca “Mexico” en el buscador de The New York Times. Cinco de las 10 notas publicadas más recientes hablan de un país violento, de civiles asesinados, secuestros masivos y decapitaciones. Introduzca “El Salvador”. Una de las 10 notas habla de violencia. Lo increíble es que El Salvador es 3.5 veces más violento que México pero nadie se entera. Nuestra violencia hace ruido, la de El Salvador, y la del resto de Latinoamérica, es sigilosa.

La frontera mexicana ha sido quizás la región más perjudicada por las altas percepciones de inseguridad. El turismo se ha desplomado. Ya en 2006, académicos (Garza, 2008) estimaban que al menos 700 negocios habían cerrado sus puertas en Nuevo Laredo, con una pérdida aproximada de tres mil empleos. En 2010 la inversión extranjera en dicha ciudad se redujo en un 25%.

A pesar de su desprestigiada imagen, las ciudades de frontera continúan siendo relativamente competitivas internacionalmente, sobre todo para la fabricación de electrónicos y de bienes que requieren el uso de mano de obra calificada. China, si bien ha representado la principal competencia para México como país manufacturero, se ha visto afectado por los altos costos de transporte, la falta de mano de obra calificada y, sobre todo, por la falta de garantías para la protección de patentes y derechos de autor. De hecho, aunque las exportaciones mexicanas disminuyeron en 2009, México nunca había tenido un comercio más sano que ahora. Durante el primer semestre de 2010 México proveyó a Estados Unidos del 12.2% del total de mercancías de importación vendidas en dicho país, el mayor porcentaje registrado en la historia del TLCAN (The Economist, 2010).

El problema no es que México no continúe creciendo como socio comercial de Estados Unidos, sino que ni lo hace al paso que debiera ni se beneficia tanto como debiera. En número relativos México ha perdido terreno frente a China. México se ha mantenido como el tercer socio comercial mientras que este último pasó de ser el segundo en 2005, al primero en 2010. Aún más preocupante es que los retornos a la inversión son demasiado bajos. Mientras que un dólar invertido en Brasil genera 2.30 dólares para la economía local, en México dicho dólar sólo deja 1.80 (The Economist, 2010).

Muchas son las razones que se han dado para este crecimiento lánguido: los monopolios de exportación, la falta de eficiencia en el cruce fronterizo, la percepción de inseguridad, la crisis económica estadunidense, etcétera. Lo cierto es que todas estas causas son correctas menos una: es mentira que México sea más violento que antes.

No hay duda de que México se ha vuelto más violento de 2007 a la fecha. Las ejecuciones atribuidas al narcotráfico han aumentado desde 2006 y han cobrado, hasta septiembre de 2010, 21 mil 806 víctimas. De 2007 a 2008 México incrementó su tasa de homicidios de 9.6 a 11.6, y el total de homicidios dolosos cometidos en 2008 (13 mil 647 casos) fue superior a cualquier cifra registrada desde 1996 (14 mil 391 casos) (véase gráfica 1).

gráfica 1

Sin embargo, y aun a pesar de este incremento reciente, México es todavía uno de los países más seguros de Latinoamérica y es mucho más seguro ahora de lo que lo era hace siete años (ver tabla). Brasil, que como mencioné anteriormente genera mucho mejores rendimientos para la inversión, es el décimo país más inseguro de 35 países latinoamericanos con tasas de homicidio 133% más altas que México (UNODC, 2010). Somos 15 lugares más seguros que Brasil y sólo uno más inseguro que Panamá.

tabla

La pregunta es por qué México tiene una violencia tan mediáticamente ruidosa, mientras que el resto de Latinoamérica es sigilosamente violenta. La respuesta se encuentra en el tipo de violencia. México tiene un tipo de violencia que es mediáticamente atractiva, memorable. Los asesinatos en Caracas podrán ser tres veces más comunes que en México, pero se dan por robos a transeúntes y secuestros. No hay figuras como El Chapo, o Beltrán Leyva, para señalar como culpables.

Nuestra violencia es ruidosa porque a diferencia de los homicidios comunes, los del narcotráfico son más crueles y se concentran en periodos cortos, intensos y geográficamente definidos. Los cambios abruptos atraen más la atención de la prensa porque los contrastes son noticia. Aún más, la decapitación, tortura y otras formas de crueldad venden mucho y se colocan como primeras planas en los vespertinos. Los narcomensajes juegan con los medios y hacen pública una guerra entre cárteles, lo cual le da nombre y apellido a las muertes. Las ejecuciones se planean para ser noticia.

La violencia en México es ruidosa también porque tiende a afectar figuras altamente visibles y atractivas para la prensa. Políticos, policías y periodistas se encuentran constantemente en la lista de víctimas. El asesinato de periodistas es particularmente negativo para la opinión pública porque siempre viene seguido de una fuerte cobertura mediática. Colombia, que es en realidad cinco veces más violento que México, es percibido internacionalmente como un país que ha controlado su inseguridad en parte porque ha logrado disminuir considerablemente dichos asesinatos de alto impacto (véase gráfica 2). De 2004 a la fecha en Colombia se han asesinado un promedio de 1.57 periodistas al año, mientras que en México la cifra es de 5.57, con años marcadamente sangrientos como 2009, cuando ocho periodistas fueron ejecutados. La violencia contra políticos colombianos también se ha reducido considerablemente mientras que en México la violencia política está surgiendo. De 1999 a 2003 ni un solo presidente municipal fue asesinado, a comparación de 2010, cuando, hasta noviembre, 15 presidentes municipales habían sido ejecutados.

gráfica 2

Nuevo Laredo y el estado de Tamaulipas son ejemplos prototípicos de lugares que, aun no siendo los más violentos, se han visto severamente afectados por la percepción de inseguridad. El estado de Tamaulipas es temido internacionalmente y comparado con Chihuahua y Baja California. A Nuevo Laredo se le compara con Ciudad Juárez y Tijuana (véase gráfica 3).

gráfica 3

Nada podría ser menos cierto. Nuevo Laredo es mucho menos violento que el resto de las ciudades de frontera con las que se le compara. De hecho, Nuevo Laredo ha tenido menos ejecuciones que ciudades que raramente aparecen en los medios como Nogales, Zapopan, Uruapan y Ensenada. Casi nadie sabe que, por ejemplo, Celaya, percibida como segura, sólo tuvo en realidad dos asesinatos menos que Nuevo Laredo. Nuevo Laredo, aun en sus periodos de violencia más álgida (2005-2006), nunca ha contado con más de 25 asesinatos mensuales, a diferencia de Tijuana y Ciudad Juárez, que han llegado a tener meses por encima de los 120 ejecutados.

El estado de Tamaulipas sufre de la misma suerte de mala percepción. Tamaulipas es mucho menos violento que Chi-huahua y Baja California. De 2007 a 2010 en Tamaulipas han habido 775 ejecuciones; Chihuahua acumuló la misma cantidad de muertos en julio de 2008; Sinaloa, Baja California, Guerrero y el Estado de México rebasaron dicho umbral en 2009. Tamaulipas es incomparable con otros estados de frontera.

Las razones por las cuales Nuevo Laredo y Tamaulipas sufren de una alta percepción de violencia se encuentran, como mencioné anteriormente, en el tipo de violencia. La violencia en Nuevo Laredo es extremadamente concentrada, y Tamaulipas sufre de ejecuciones de alto impacto mediático.

Nuevo Laredo se percibe más violento de lo que en realidad es porque su violencia se concentra en periodos cortos e intensos (véase gráfica 4). Tuvo un aumento radical en violencia a principios de 2005 —cuando las ejecuciones se triplicaron en tan sólo seis meses— pero fuera de eso es bastante similar a otras ciudades de Tamaulipas. El incremento repentino de 2005, sin embargo, marcó la memoria colectiva de Nuevo Laredo y creó la mala fama que todavía conserva. La rapidez de la violencia y su abrupta desaparición dejó la idea de la existencia de una “tensa calma” en la que el ciudadano siente que la violencia puede volver a estallar en cualquier momento. La violencia en Nuevo Laredo es muy ruidosa porque es densa.

gráfica 4

Tamaulipas es ruidoso porque sufre de ejecuciones de muy alto impacto. Sólo ahí un candidato a gobernador ha sido asesinado. El porcentaje de autoridades asesinadas respecto al total de ejecutados es también bastante alto. A nivel nacional, el 5.51% de las ejecuciones tiene como víctimas a autoridades; en Tamaulipas el número es de 7.65%. Estados mucho mas violentos, como Chihuahua y Baja California, apenas alcanzan el 3.5% y 4.8%, respectivamente.

Nuevo Laredo y Tamaulipas son representativos de la discrepancia entre violencia real y violencia percibida que afecta a México en su conjunto. La violencia se percibe más de lo que debiera debido a que se concentra en periodos cortos, intensos y geográficamente focalizados y, además, tiene como objetivo a figuras altamente visibles y atractivas como autoridades, políticos y policías. Minimizar la violencia de alto impacto y atenuar los incrementos en homicidios debe convertirse en el principal motor de la política de seguridad mexicana. Sólo de esa manera el país podrá mejorar su imagen ante la opinión pública.

Referencias
Garza, Cecilia (2008): The New Refugees: Mexican Businesses Moving to Laredo (manuscrito de Texas A&M International University).

O’Connor Lauria, Mike O’Connor (2010): Silence or death in Mexico’s Press. An Special Report for the Committee for Journalist Protection (CJP) (http://cpj.org/reports/cpj_mexico_english.pdf)

Ríos, Viridiana (2010): Why Mexican mayors are getting killed more? The mechanics of corruption in illegal-drug markets (manuscrito) (http://www.gov.harvard.edu/files/Rios2010_CorruptionMechanicsAll_0.pdf)

Durán-García, Angélica, Gayle Hazard y Viridiana Rios (2010): 2010 Mid-year Report on Drug Related Violence. TBI (http://www.gov.harvard.edu/files/Rios%28etal%29_DrugRelatedViolence2010.pdf)

The Economist (2010): “Mexico’s Economy. Bringing NAFTA Back Home in The Americas”, oct. 30-nov. 5.

UNODC (2010): Homicide Statistics, Dataset for advanced users, by country and source (2003-2008) (http://www.unodc.org/unodc/en/data-and-analysis/homicide.html)
U.S. Census Bureau (2010): Foreign Trade Division, Data Dissemination Branch, Washington, D.C. 20233 (http://www.census.gov/foreign-trade/balance/c2010.html#questions)

Viridiana Ríos. Candidata a doctor por la Universidad de Harvard e investigadora invitada del Centro de Estudios México-Estados Unidos en la Universidad de California en San Diego.