La pregunta ¿quién eres? es abismal, escribe Carl Schmitt. Nadie puede planteársela. Quien la formula con sinceridad es precipitado a ella. El jurista alemán se toma en serio la pregunta cuando Eduard Spranger le plantea un contraste entre el autor y el hombre. Spranger, a quien Schmitt había citado con admiración en El concepto de lo político, le advertía que sus lecciones eran lúcidas pero que él era opaco. Lo que enseñas es claro, interesante, filoso pero tú eres turbio, chato, apagado, le dijo. Schmitt, el teólogo que pintó la política como la opción dramática de lucha; el jurista que expulsó la ley de la Constitución se sintió perturbado: ¿Qué sentido tiene la brillantez de la teoría cuando la vida permanece apagada?
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