Una vez desnudo, toma usted una mosca gorda, a la cual le quita las alas. Luego, una vez en la bañera, saca sobre el agua la cabeza de su pingo, le quita la capucha y le pone la mosca encima. La pobre bestezuela da de vueltas, buscando terreno firme, ante el miedo de ahogarse; como no se atreve a tirarse al agua, su continuo cosquilleo provoca la efusión del placer que la lleva a la muerte.
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