La jerarquía católica ha decidido poner un “¡Hasta aquí!” a la sociedad moderna en México. No es su iniciativa, simplemente está cumpliendo con las instrucciones vaticanas que ordenan defender el “derecho a la vida” y el concepto tradicional de familia. Ha lanzado, en consecuencia, una ofensiva en la que no está sola, pues cuenta con el apoyo del gobierno federal, del PAN y “aunque a usted le sorprenda” del PRI. Esta coalición disparatada parecería estar movida por un extraño cálculo de oportunidad política, pero sobre todo por el prejuicio de que la despenalización del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo “repugnan” a la sociedad, el mismo que dictó al presidente Ávila Camacho la supresión de la escuela mixta en 1941 y, como bien sabemos, la dicha “repugnancia” no pudo resistir la ola de cambio social que trajo la posguerra.
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