EL CAZADOR ES UN CORAZON SOLITARIO (Fecha: 01/02/1982)
Si de verdad les interesa saberlo, el año pasado The Catcher in Rye cumplió treinta
años de haber sido publicada. Pocos libros han tenido tanto peso en la literatura y
la vida norteamericana como esa novela.
El cazador oculto, según la infame -pero única- traducción que editorial Fabril hizo
circular durante años entre los lectores hispanoamericanos (ahora existe una nueva
versión en Alianza Editorial bajo el título de El guardián entre el centeno), es a
los norteamericanos lo que a nosotros son Pedro Páramo y quizá también La región más
transparente: auténticos mitos literarios de la vida colectiva.
El lenguaje que Catcher descubrió a sus lectores es aquel del adolescente en las
calles citadinas (Nueva York, en este caso), con toda su carga de ironía, humor,
rebeldía e incertidumbre. Holden Caulfield, su protagonista, ha permanecido a través
de generaciones como el prototipo del drop-out y el outsider, prefigurando a otros
importantes personajes de las letras norteamericanas como el Den Moriarty de On the
Road, de Jack Kerouac, y también cinematográficos, como James Dean.
El creador de Holden, Jerome David Salinger, no es menos legendario que su personaje
Salinger cumplió el pasado primero de enero 63 años, no ha vuelto a publicar una
línea después de 1965 y se rehúsa a conceder entrevistas. (No obstante se le han
hecho tres, en las que sistemáticamente niega que planee escribir una secuela de
Catcher, a la vez que afirma que publicar es un hábito pernicioso cuyas
consecuencias son nefastas para la vida privada de un escritor.)
Holden, según admite Salinger, es un personaje más o menos autobiográfico, que
aparece intermitentemente en su obra desde 1944, en que publica el cuento Last Day
of the Last Furlough (El último día de la última licencia), un cuento de ambiente
militar, en el que uno de los personajes, un soldado en servicio llamado Vincent
Caulfield, menciona de manera casual que tiene un hermano que ha reprobado en todas
las escuelas.
En Holden Caulfield hay, como en el pequeño Martin de El tambor de hojalata de
Günter Grass, el deseo de no crecer, de permanecer en la «tierra de Nuncajamás»,
debido a la manifiesta repugnancia del mundo de los adultos, entendido éste como lo
falso, acomodaticio, tramposo y traicionero. Para Holden, el mundo adulto no ofrece
nada divertido. Precisamente, uno de los momentos más brillantes de The Catcher…
ocurre cuando, urgido por su hermana Phoebe a contestar si hay algo que le guste en
el mundo, Holden recuerda una escena escolar, en la que un amigo admirado se negó a
retractarse: «Se llamaba James Castle y se negó a retirar lo que había dicho acerca
de un fulano insoportable, un tal Phil Stabile. Un día había comentado con otros
chicos que era un engreído, y uno de los amigos de Stabile le fue corriendo con el
chisme. Phil Stabile se presentó en su cuarto con seis cabrones; cerraron la puerta
con llave y trataron de obligarle a que retirase lo dicho, pero Castle se negó. Le
dieron una paliza tremenda. No les diré lo que le hicieron porque es demasiado
repugnante, pero el caso es que Castle se negó a retractarse. Antes que desdecirse,
prefirió tirarse por la ventana.»
A treinta años de su aparición, The Catcher… se ha editado mas de 35 veces y ha
vendido más de 10 millones de ejemplares (además de otras ediciones en más de doce
idiomas). El simple hecho de que esto ocurra, y a pesar de que se haya convertido en
texto escolar en los Estados Unidos es en sí mismo un saludo al inadaptado, al
forajido adolescente que no entiende a dónde van los patos del lago de Central Park
en invierno, ni le interesa comprender la moraleja citable de su maestro, según la
cual la diferencia entre un hombre inmaduro y un hombre maduro es que «(el primero)
quiere morir noblemente por una causa, mientras que (el maduro) prefiere vivir
humildemente por una.»
En su número de diciembre de 1981, la revista Esquire dedica algunas páginas al
trigésimo cumpleaños de la novela. En ellas se incluyen las opiniones al respecto
(entre la canonización y el espacio) de John Updike, Peter De Vries y Tom Wolfe, que
a continuación reproducimos. Nexos, en su número 33 (septiembre de 1980), incluyó
tres cuentos de J.D. Salinger coleccionados solamente en ediciones piratas, y
traducidos por primera vez al español en esa ocasión.
JOHN UPDIKE
«La primera vez que oí acerca de The Catcher in the Rye fue a través de mi compañero
de cuarto de la Universidad de Harvard en 1952. Leía pasajes en voz alta con gran
animación. En realidad no había leído el libro por mi mismo sino hasta 1955, quizá
cuando ya era demasiado viejo. Me pareció admirable -divertido, agudo, vívido,
real-y sin embargo, de algún modo menos útil para mi aburguesado sentido de lo que
era escribir, que los relatos de Salinger, que si había leido en la universidad. En
Catcher se podían ver las semillas de esa abundancia que el Salinger posterior
habría de desarrollar en forma lujuriosa. Me parecía un poco perturbadora la
escrupulosidad de Holden, su esnobismo, su sentido de que el mundo era algo de lo
que uno debería refugiarse.
Para mí, Salinger tenía mucho más encanto en un cuento como Justo antes de la guerra
con los esquimales». Los Nueve Cuentos me habían enseñado una manera de escribir
sobre la vida ahora, en los cincuentas, con esos finales abiertos casi estilo Zen,
si n los enredos ni cortes abruptos de, digamos, John O’Hara o Dorothy Parker. Para
mí, esos cuentos son tan revolucionarios como los de Hemingway o los de, más
recientemente, Barthelme. Hace poco leí la edición pirata de los cuentos juveniles
de Salinger. Son interesantes, tienen una mezcla de destreza y ternura, pero acabé
de leerlos con la sensación de que hizo bien en dejarlos fuera de un libro. Respecto
a sus problemas con la fama, creo que él mismo se atrajo problemas con esa linea que
dice que seria fantástico que el autor de un libro que te gusta fuera tu amigo,
alguien a quien pudieras llamar cuando sintieras ganas. Recuerdo haber pensado cuán
distinta era mi reacción al respecto. Siempre he creído que un escritor te está
dando lo mejor de si en la página, y que debemos dejarlo en paz fuera de ella.
Me alegra que Catcher tenga un público lector adolescente permanentemente. Es un
buen destino y lo convierte en un libro raro. He oído que Salinger continúa
escribiendo y, sí, tengo curiosidad de leer cualquier cosa que esté produciendo. El
mundo literario lo hecha de menos. Es lo más cercano a un santo que tenemos, por lo
menos desde Marianne Moore.»
PETER DE VIRIES
Durante la breve estancia de Salinger en Westport trabamos rápida amistad. En esa
época yo sabía que él estaba escribiendo el libro y la idea me interesaba
enormemente, sin que jamás se me hubiera ocurrido pensar que estaba teniendo acceso
a los primeros bosquejos de un clásico. Recuerdo haberle dicho que todo sonaba
maravillosamente pero, ¿no podría encontrar un titulo más sugestivo?
Por supuesto, después leí el libro y era maravilloso. Releyéndolo recientemente he
descubierto un sentimiento de cariño hacia los personajes mucho más fuerte de lo que
recordaba, de veras. Holden es una creación genial. Aunque va de un lado a otro como
si desesperase de la raza humana, no posee la misantropía que uno asocia a la
desesperación. Holden tiene sentimientos reales hacia la gente, ésa es la riqueza de
su caracterización. Mi opinión es que perdurará por siempre. Y bueno, predecir la
inmortalidad de una cosa es algo truculento, pero sucede que The Catcher in the Rye
es una joya de libro.
TOM WOLFE
Yo tenía un amigo, un aspirante a novelista (que posteriormente tuvo mucho éxito)
llamado William Hoffman. Vivía en la calle 103 Oeste en un cuarto tapizado con
cartas que notificaban el rechazo a sus textos, y deliraba con Catcher, así que leí
el libro. Eso fue en 1954. Yo tenia 23 años.
El tono de la novela me cautivó completamente; era un tono cándido, aparentemente
coloquial; pero a la vez me decepcionaba su mensaje. Más tarde, después de haber
vivido en Nueva York, empecé a entenderlo. The Catcher in the Rye es un libro
absolutamente neoyorquino. Entendí el cinismo respecto a los padres y a la escuela
-que me eran completamente ajenos. Pero incluso esa cualidad de ajeno era
fascinante, como si alguien quitara ladrillos de una pared y revelara así un terreno
extraño y anormal. Pensándolo bien, dudo haber conocido a un verdadero cínico antes
de haber leido el libro. Pero, ajeno o no, es uno de los pocos libros que exploran
de manera totalmente artística las dudas y humillaciones que constituyen el 95 por
ciento de la vida de un adolescente.
Más tarde leí Nueve Cuentos y me fascinó también; disfrute Franny y Zooey, pero
después de eso la escritura de Salinger parece haberse vuelto más y más tediosa.
Resultó ser un pequeño y precioso talento. Creo que en todo lo que ha escrito
utiliza el mismo material una y otra vez: principalmente sus años juveniles. Es el
cuento de siempre. El escritor está convencido de que el único material válido es su
vida personal, y pronto habrá consumido hasta el último pedazo de ella, con raíces y
todo. Finalmente Salinger se mudó a Nueva Inglaterra, donde se hundió hasta las
rótulas, y donde vive actualmente, según creo. Parece ser el típico caso de la
llamarada de petate.
Nota y traducciones de Rafael Vargas