Lot en el estudio

No es que Gil quiera ponerse bíblico, pero la verdad es que abandonó el año 2009 como si fuera Lot, despavorido y como alma que lleva el diablo. Detrás de Gamés no quedaba Sodoma ni una lluvia de fuego, vistas así las cosas estaríamos ante un titular de su periódico La Jornada: El fuego de la justicia arrasa el neoliberalismo de Sodoma; el pueblo de Gomorra protesta en las calles. La señora Gamesa no quedó convertida en estatua de sal, pero la verdad es que el año pasado estuvo más bien de la patada.

Persuadido de que el alma de Lot lo poseía, Gil limpiaba su escritorio, tiraba papeles al cesto, creaba cordilleras con papeles arrugados. En eso estaba cuando tuvo entre sus manos algunos periódicos de mediados de diciembre y no pudo soportar la tentación de leer como si fuera la nota del día. Resulta que en esos diarios viejos se imprimieron los premios de ciencias y artes. La entrega de los galardones fue encabezada (ah, la voz pasiva) por el presidente Calderón y con la asistencia de los más altos funcionarios de la educación. Once mexicanos recibieron este reconocimiento. El presidente apapacha a los artistas, les da dinero y un diploma. Todo ha cambiado, pero nada ha cambiado. Muchas felicidades a todos ustedes. Ninguna de las notas periodísticas explica quién otorga el premio a estos científicos y artistas, en fin, para lo que importa.

Mi premio es primero

tiger

Gamés recuerda de momento los nombres de José Luis Rivas, Helen Escobedo, José Ramón Cossío, Enrique de la Garza, y resuena aún en su memoria el de Carlos Montemayor, premiado en el área de Lingüística y Literatura. Vaya, vaya, lo que tenemos aquí. El escritor Montemayor es un contribuyente destacado de su periódico La Jornada, un convencido de que en las elecciones de 2006 hubo un fraude monumental que manipuló la voluntad popular y le robó la elección a Liópez. A lo mejor es un homónimo el que recibió de las manos de Felipe Calderón el premio nacional. ¿O será el mismo Montemayor? Gil es de los que cree que hay que tener cuidado con la palabra coherencia, tiene doble filo, pero carambas, coherencia y cinismo no son sinónimos. Pues Monty se presentó en Los Pinos, venga el premio y si los vi ni me acuerdo. Con una cachaza de acero, Montemayor afirmó que durante el acto “hizo falta invitar al podio a alguien que tuviera mayor disposición oral”. Así le dijo tonto al músico Márquez Calderón quien fue el que dirigió unas breves palabras al público. Montemayor estaba listo para subir al estrado y jugar al héroe criticando a quien le acababa de entregar el premio, un gran acto de valentía que consiste en embarrarle el pastel en el saco a quien te ha invitado a su casa. Se le chispó, para la próxima Monty. No deje de escribir como un rayo tzeltal, como una centella tzotzil, un flamígero artículo contra el gobierno de Calderón. Pero córrale.

Pobre Tiger

Tiger
Woods, el más grande golfista de todos los tiempos, anunció su retiro indefinido de los campos de ese apasionante deporte que es el golf. ¿La razón? Algunas canas al aire. Resulta que se han dado a conocer sus relaciones extramaritales. Doce mujeres afirman que han sido amantes de Tiger. Al genio del golf le gustan las prostitutas y según su periódico El País en alguna ocasión pagó sesenta mil dólares por un servicio. Gamés se arrodilla ante la curiosidad, ¿qué clase de servicio pudo ser ése? Como decían los amigos de la secundaria de Gil: lo tendría engargolado de oro. Nunca se sabe. Total, que el asunto tocó fondo, las amantes salieron del clóset, las cuentas de los hoteles emergieron, su esposa montó en cólera y Woods ardió en las llamas del puritanismo. Por estos motivos decidió abandonar el máximo circuito y dedicarse a salvar su matrimonio y su fama pública. Gamés no quiere inquietar a nadie, pero más de la mitad de los mexicanos habrían tenido que abandonar sus oficios si hubieran reaccionado como Tiger. No se pongan nerviosos, no pasa nada. Gil s’en va.
Tres sin Sacar
Depuis 1997

Gil Gamés. Nació en El Oro, Estado de México, en 1955. Su columna “Tres sin sacar” se estableció en 1997. Desde entonces, no ha dejado de tirar su piedra en el charco de la vida pública. Posee un amplísimo estudio.